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Paula Badosa, un secreto confesable
Temporada sobresaliente de la española, cargada de éxitos y desafíos personales. Hoy repasamos en Youtube el recorrido que la llevó al top10.
Aunque no le dieran el premio a la jugadora que mayor evolución tuvo en 2021 –lo ganó merecidamente Barbora Krejcikova–, no podíamos terminar el curso sin aplaudir una vez más la explosión de Paula Badosa dentro del circuito WTA. La española de la que tanto se habló en su etapa junior, la misma que sufrió años después con la presión y la ansiedad, es la mujer que hoy descansa dentro de las diez mejores del ranking profesional. Y es que la prensa, por mucho que nos guste hablar y anticipar, siempre lo hacemos bajo unos fundamentos que luego pueden darse o no darse, pero sabemos que están ahí. En el caso de Paula su talento era innegociable, tenía genes de gran campeona, el único error fue hacer público aquel secreto a una edad tan temprana. Hoy, por suerte, ya se puede confesar.
Número 70 del mundo, desde ese escalón inició Badosa el calendario que arrancará su última página dentro de tres semanas. No fueron fáciles las primeras curvas, pese a que ya en Abu Dhabi dio muestras de una mentalidad trabajada y ambiciosa. Rápidamente llegaría el Open de Australia y, con él, los contagios por COVID y sus respectivas cuarentenas. Fueron muchos días encerrada sin poder ni siquiera entrenar, algo que pagó ante Samsonova cuando por fin le dieron la libertad para disputar la primera ronda. Una decepción que le costó su tiempo gestionar, hasta que apareció la gira de arcilla para devolverle la sonrisa.
Aquí daremos con una de las claves del ascenso de Paula en el ranking, su habilidad para rendir en todas las superficies del circuito, aunque sabemos que cuando llega el polvo de ladrillo sus virtudes se multiplican. Allí le vimos tumbar en Charleston a la Nº1 del mundo, Ashleigh Barty. Precisamente la australiana sería quien frenaría su recorrido en Madrid, donde ya había dejado en el camino a Krejcikova, Sevastova o Bencic. En Belgrado nadie pudo toserle, pisando por primera vez una final WTA y estrenando allí su palmarés individual. Ya solo faltaba Roland Garros, donde buscaba encadenar su cuarta semifinal consecutiva en la gira de arcilla, pero una intrépida Tamara Zidansek la dejó en cuartos de final. Pese a la decepción de la derrota, aquellos tres meses confirmaban lo que estaba por venir más adelante.
Lo dicho, el cambio de superficie no significó ningún trauma para la tenista de Begur, que se animó a firmar octavos de final en Wimbledon, cuartos de final en los Juegos Olímpicos –a un paso de las medallas de no ser por el golpe de calor que sufrió y que provocó que la organización cambiase los horarios– y cuartos de final en el WTA 1000 de Cincinnati, donde Badosa superó incluso un cambio de entrenador en mitad de la temporada más importante y exitosa de su vida. De Javier Martí a Jorge García, no importaba, el triunfo la perseguía, aunque en el US Open las cosas no salieron bien. Por delante quedaba todavía una última parada, Indian Wells, aunque con un poco de suerte quizá podría ser la penúltima.
LO MEJOR PARA EL FINAL
El fin de fiesta de Badosa en 2021 te lo hubiera firmado cualquier jugadora en activo. Campeona en Indian Wells y billete por primera vez a las WTA Finals, pero vayamos por partes. En California tumbó en una semana a Yastremska, Gauff, Krejcikova, Kerber, Jabeur y Azarenka como si de un cadena de dominó se tratara, era pura inercia lo que la empujaba. En su segunda final, su segundo título WTA, el salto necesario para montarse a un avión con destino a Guadalajara. Solo el premio de ser maestra ya valía la pena, pero Paula quería dar carpetazo al curso a lo grande, así que se regaló unas semifinales en México ante Garbiñe Muguruza. No fue aquel su mejor día, pero hubiera sido injusto quedarse con el sabor de boca más reciente.
Una temporada sobresaliente para alguien que empezó en el top70 y terminó en el top10. Para alguien que empezó el año sin haber disputado nunca una final profesional y lo terminó con dos títulos en su vitrina. Si además contamos todas sus victorias ante jugadoras del top10, su regularidad durante la temporada, su adaptación en cada superficie y la guinda de haber sido maestra, estaremos de acuerdo en que el curso ha sido pletórico. Y eso que en el camino pasó el COVID, sufrió cuarentenas, tuvo golpes de calor, cambios de entrenador y derrotas dolorosas, pero Badosa salió más fuerte de cada escena de riesgo. En las buenas, ganó, y en las malas, aprendió. El sueño de conquistar un Grand Slam, aquello que tantos predijeron cuando apenas tenía 17 años, volverá a estar sobre la mesa en 2022. Esta vez, con más motivos que nunca.