El renacimiento de Paula Arias

La española recupera la sonrisa después de superar dos graves lesiones y una pandemia. “Estuve tres años sin que el tenis me diera una alegría”.

Paula Arias está de vuelta. Fuente: PDB
Paula Arias está de vuelta. Fuente: PDB

Convertirse en tenista profesional es uno de los desafíos más bonitos y complicados del mundo del deporte, aunque no todos los caminos son igual de duros. El de Paula Arias (Ávila, 2000) se empezó a torcer en noviembre de 2018, cuando una fractura de peroné la empujó fuera de las pistas. Desde entonces han sido tres años cargados de dudas, frustración y nuevas lesiones que han mantenido a la española dentro de una burbuja existencial. Finalmente, su pasión por este deporte y su instinto de superación le hicieron dejar atrás cada obstáculo, hasta volver al lugar de origen.

Ese lugar no es otro que la pista de tenis, la que volvió a pisar hace unas semanas en el WTA 250 de Tenerife, acompañada por Sara Sorribes en el cuadro de dobles gracias a una wildcard. Esta semana, en el 80K de Les Franqueses del Vallés, la abulense volvió a competir en categoría individual 19 meses después. Lo hizo con victoria, aunque eso no era lo más importante. Punto de Break habló con ella para entender exactamente cómo han sido sus horas más bajas hasta volver a sentirse tenista.

¿Qué se siente después de tanto tiempo?

La verdad, un poco cargada del hombro y la muñeca. Hace dos meses me empezó a doler la muñeca, veníamos haciendo todos los pasos con paciencia, sin prisa y mucha prevención, pero el impacto después de nueve meses parada es muy alto, es raro que no salga cualquier cosa. Aparte de estas molestias controladas, en general me encuentro genial.

Tu pesadilla con las lesiones empezó hace justo tres años, en noviembre de 2018, con una fractura de peroné que pocas veces vemos en el tenis.

Es la típica lesión de fútbol que sale en todos los telediarios, la que nadie quiere ver. Estaba jugando contra Savoretti en el Campeonato de Cataluña Absoluto por Equipos, acabábamos de empezar, me parece que era 3-2 del primer set. Defendiéndome de uno de sus tiros, busqué hacer la diagonal para atrás, pero se me quedó el pie derecho clavado y tropecé. En vez de caer, intenté evitarlo, así que acabé cayendo de lado sobre el pie.

Me duele de escucharlo.

A mí me dolía todo (risas). Cuando miré el tobillo vi que estaba para otro lado, hasta que vino Albert (Portas) y otras personas a cuidarme y a evitar que lo mirase mucho más. Cuando me quitaron la zapatilla se veía que la tibia estaba fuera de sitio, sin llegar a atravesar la piel, pero estaba descolocada. Es muy desagradable solamente recordarlo. Casi tres años después, los dos partidos de esta semana en Les Franqueses del Vallés fueron los primeros que he jugado sin tobillera, así que estoy súper contenta.

¿Tiene secuelas una lesión tan grave?

Me ha afectado a la pisada, también a la cadera, digamos que ha cambiado la mecánica del tobillo. Ahora tengo que hacer trabajo de prevención diario porque el tobillo, aunque esté bien, no me ha quedado igual que antes. En su momento tuve mis días de bajón, pero luego lo recibí bien, lo más duro fue volver a pista meses después y ver que había perdido la forma y la musculatura. Me fue más complicado aceptar las consecuencias de la lesión que la propia lesión.

De noviembre de 2018 hasta julio de 2019, cuando por fin vuelves a competir.

Regresé en verano pero sabiendo que en noviembre me tenían que volver a operar para sacarme la placa y los tornillos. Jugué seis meses, me operaron en Navidades y en marzo de 2020 estaba ya recuperada…

… pero llegó la pandemia.

En el primer torneo que jugué, un $15.000 en Turquía, gané dos partidos y en cuartos de final lo cancelaron por COVID. Guardé cuarentena hasta mayo, momento donde vuelvo a entrenar en el CT Barcino, subiendo poco a poco la intensidad, pero a mediados de junio empiezo a sentir un dolor muy fuerte en el hombro.

¿Tan fuerte como para parar?

Es que me dolía para todo, en cada gesto, hasta para peinarme. Notaba también que se me enganchaba mucho el cuello, así que pensé que podía ser la almohada. La cambié, convencida que era un tema de postura, peor no surgió efecto. Entraba a pista y me seguía doliendo, sobre todo a la hora de sacar. Me fui de vacaciones diez días pensando que el reposo sería la solución, pero tampoco. A la vuelta me hice una prueba del nervio de la escápula, hasta que en agosto me diagnosticaron reposo absoluto.

¿Hasta cuándo?

El primer día que volví a meterme en pista fue en mayo de 202, nueves meses después. El problema era que no se podía operar, era reposo hasta que se curara solo. Ni siquiera podía hacer ejercicios, ni correr, cualquier esfuerzo fatigaba al hombro. Ni saltos, ni sombras, el poco físico que hacía tenía que ser sin mover los brazos.

¿Cómo supiste que estabas lista?

Eso fue lo peor, la incertidumbre constante, es una lesión que no tiene plazos. Si tú te rompes el peroné sabes que en seis meses estás jugando, o cuando te quitan la escayola sabes que en dos meses con muletas se acabó. Aquí no hay tiempos, podían pasar seis meses y seguir igual. Para mí, fue mucho peor esta lesión de hombro que la del peroné.

¿Y si no se recupera nunca?

Mi gran miedo era ese, que el hombro se recuperara para hacer vida normal, pero no para competir y seguir jugando durante muchos años. ¿Y si este hombro no vale para el tenis? De hecho, esto todavía no lo sé, veremos dónde estoy de aquí a tres meses o un año jugando a tope. Esa seguridad todavía no la siento, pero confío en que todo sea cuestión de tiempo, como todo el proceso que he pasado. Prefiero ser positiva.

¿Pensaste en tirar la toalla?

La verdad es que pensé de todo. He tenido charlas con mis padres, mis entrenadores, mi psicólogo, con todos. Hubo un momento donde a nivel personal veía que no me compensaba, como persona no me encontraba bien, por mucho que te guste algo la salud es lo primero y, en mi caso, la situación me estaba empezado a afectar más de la cuenta. En tres años, el tenis no me dio nada bueno, no veía alegría por ninguna parte. Me lo planteé todo, pero aguanté y ahora siento que ha merecido la pena. Al final lo acabé viendo como un reto, el reto de superar la lesión y volver a meterme en pista. Para mí esto es una victoria, una victoria de vida, ahora tengo esa sensación: lo conseguí.

Lo echabas de menos.

Ahora que he vuelto a las pistas me he dado cuenta de lo mucho que me gusta el tenis, es que me encanta, siento que por primera vez estoy jugando por mí. Antes sufría mucho, aunque me lo decían no me daba cuenta, pero ahora por fin estoy disfrutando en los entrenamientos, ojalá que pueda pasarlo poco a poco a la competición.

Los que te hayan seguido por redes durante estos tres años habrán visto que quieta no has estado. ¿Cómo van los estudios?

Me encantan. Cuando acabé el Bachillerato pensé en estudiar una carrera, siempre me ha gustado mucho la medicina y me hubiera encantado estudiarla, pero con el tenis era algo imposible. Encontré Dietética y Nutrición, que también pertenece a la rama de Ciencias de la Salud, y me pareció una opción perfecta, además en la Universidad Católica de Ávila. La voy sacando poco a poco, a medio curso por año. Para mí ha sido clave tener otra cosa a la que agarrarme en todo este tiempo, tener otra cosa en la cabeza además del tenis.

Cuando te confirmaron la WC para jugar el dobles en Tenerife, ¿qué pensaste?

Fue como cruzar la línea de meta y ver que lo había conseguido. Al estar con Sara (Sorribes) y ser un torneo WTA creo que me vino un poco grande para ese momento, pero la sensación por dentro fue muy placentera. Esta semana en Les Franqueses del Vallés fue distinto, me vi súper contenta, animándome todo el rato, intentaba estar intensa y disfrutar de la competición. Todavía me faltan muchas cosas, tanto de tenis como de físico, pero me gustó lo que vi sobre la pista. Ahora hay que seguir sumando.

Ahora juego por mí”. Me he quedado con esta frase de antes, ¿qué significa?

No sabría muy bien cómo explicarlo, es algo muy interno […] Digamos que antes había mucha gente que quería verme dedicándome a esto, quizá jugaba más por ellos que porque yo realmente quisiera. Ahora, después de todas estas lesiones, me he dado cuenta que de verdad quiero dedicarme a esto.

Solo por curiosidad, ¿has visto tenis durante estos tres años?

He tenido rachas. Hubo meses donde llegaba al club para hacer físico y no quería ni mirar las pistas, casi ni saludaba a la gente (risas). Luego tuve otros momentos de quedarme a ver a las chicas entrenando un rato, o llegar a casa, poner la tele y ver quién jugaba. Incluso buscar cuáles eran los partidos más interesantes del día.

¿De quién te acuerdas en estos momentos?

Obviamente, mi familia y mis amigas han estado siempre ahí, aparte de mis entrenadores. De jugadoras, Guiomar Maristany pasó también por una lesión grave en esta etapa y nos apoyamos muchísimo entre nosotras, mantuvimos mucho el contacto. Me apoyé mucho también en Pilar Astigarraga, una compañera que tuvo la misma lesión y que todavía sigue trabajando para superarla. Por suerte, siempre estuve muy arropada, de eso no me puedo quejar.

Han pasado cinco años desde que ganaste el doble de Roland Garros Junior, ¿sigues soñando tan alto como con 16 años?

Mis objetivos no han cambiado, quiero llegar a ser la mejor jugadora posible, eso lo he tenido en mente desde que empecé a jugar. Lo que sí ha cambiado es el hecho de valorar más las cosas, como puede ser jugar sin dolor o superar todo lo que he pasado. Antes yo me metía a entrenar y no pensaba en nada más, en evolucionar y ser la mejor jugadora posible; ahora sigo pensando en eso y además valoro mi situación.

Se te nota en otro nivel de madurez.

Sin duda, esto me ha ayudado a darme cuenta de muchas cosas. He aprendido a valorar muchos aspectos que, de no haber pasado por esto, no lo valoraría de la misma forma. Las experiencias, buenas o malas, siempre te ayudan a crecer y madurar.

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