Ana Konjuh y el final de la tortura

Después de cuatro operaciones de codo y tres años de múltiples parones, la croata empieza a ver luz al final del túnel. Ayer superó su debut en Miami.

Ana Konjuh. Fuente: Getty
Ana Konjuh. Fuente: Getty

La historia de Ana Konjuh es de las más duras que el circuito femenino ha presenciado en esta última década. Una tenista cargada de talento, con una gran carrera junior y unos números ilusionares desde su primera etapa profesional. Pero claro, llegaron las lesiones y ante ese revés no hay golpe que pueda frenarlo. Todo empezó en 2014 con su primera operación de codo, luego vino la segunda en 2017 y así hasta cuatro intervenciones, las cuales le han tenido en cuarentena intermitente en estos tres últimos calendarios. Pero ni el mayor de los males es para siempre y en 2021, después de mucho sufrimiento, parece que por fin el destino le tiene reservado planes mejores. Eso sí, para llegar hasta aquí hubo un factor que sí dependió de ella, la fe.

“No tengo un Plan B, la verdad. Mucha gente me lo preguntó después de la cuarentena, pero no lo tengo”, confiesa Konjuh en la página web de la WTA, demostrando que siempre tuvo claro el camino a seguir. “No quiero preocuparme por lo que haré después, cuando llegue el momento estoy segura de que encontraré algo, soy buena en eso. Hasta entonces, quiero centrarme al 100% en el tenis, eso es todo lo que me hace feliz en este momento”.

Sobre sus constantes pasos por el quirófano, la de Dubrovnik prefiere pasar página y pensar solamente en su última visita, la cuarta, la definitiva. “La última intervención fue una cirugía realmente complicada, una reconstrucción del ligamento cubital, solamente el 80% de los deportistas acaban recuperándose. Para un jugador de tenis o de béisbol es el doble de laboriosa, pero el médico me dijo que era mi última opción, así que lo decidió en cinco minutos. Le dije que adelante con ella y al día siguiente ya teníamos fecha, fueron dos horas y media de operación. Sé que mi codo nunca volverá a ser normal, esto es algo que he tenido que aceptar, pero es súper importante aceptar la realidad”, se auto convence la que fuera Nº20 mundial en 2017, momento donde empezó su pesadilla tras el US Open.

Desde entonces, sus números marcan una ausencia permanente en el tour, firmando un balance de 2-4 en 2018, 0-3 en 2019 y 13-5 en 2020. Lo que no hemos sabido hasta esta entrevista es el origen de su lesión, unas molestias que ya venían desde su etapa junior. “Estuve cuatro temporadas jugando con dolor en mi etapa junior, pero es que nadie me dijo que realmente había una razón para operarme. En aquellos tiempos podía manejar el dolor, podía jugar con él. Probablemente me habría operado de haber sabido todo lo mal que lo iba a pasar años después. Han sido tiempos muy difíciles, de estar decepcionada continuamente, de intentarlo una y otra vez, de creer que lo estás haciendo todo bien, todo lo necesario para estar sano, pero al final tu cuerpo te vuelve a recordar que no”, asume con amargura la mujer que salió campeona del Open de Australia y el US Open Junior con tan solo 15 años.

Más tarde vendría su debut en el circuito WTA con 16 años y su primer título profesional con 17, en Nottingham, pero ese recorrido no tendría más capítulos. Mientras tanto, otras compañeras de su misma generación (Bencic, Osaka, Ostapenko, Kasatkina) sí que han ido creciendo y haciéndose estrellas. “No puedo decir que esté celosa de ellas, lo que estoy es muy orgullosa de pertenecer a esta generación y de ver todo lo que han logrado”, valora la actual #338 del mundo. “En los momentos donde te estas recuperando se vuelve muy duro ver tenis, es difícil. Aunque me puse muy contenta por todas ellas, al mismo tiempo deseaba tener también esa oportunidad de competir. Podemos ser oponentes en la cancha y amigas fuera de ella, esto es fundamental. Al final y cabo, hemos crecido juntas desde que éramos niñas, nos motivábamos mutuamente para ser mejores, pero siempre nos mantuvimos unidas”, sostiene la croata.

Andy Murray, su inspiración

Con el dolor ya superado y cada vez menos dudas en su cabeza, Konjuh superaba ayer la primera ronda del Miami Open, aprovechando así la WC que le ofreció el torneo. De Miami, curiosamente, se tuvo que retirar a última hora Andy Murray, un hombre que todavía sigue luchando con sus fantasmas, aunque todo su dolor ya quedó plasmado en un documental que se quedó grabado para siempre en la mente de Ana.

“Me hizo llorar cuando lo vi, había muchos momentos que me recordaban a mí”, apunta Konjuh sobre la serie del británico, algo que le hizo ahondar en su interior y reafirmar que, por muy duro que sea el viaje, al final merece la pena. “Es difícil de explicar, mi sueño era dedicarme a esto el mayor tiempo que pudiera, me siento jugadora de tenis de principio a fin, entregué toda mi vida para esto. Ahora todo lo que necesito es ser capaz de terminar mi carrera a mi manera, cuando yo lo decida. Lo que no quería era dejarlo, porque con el paso del tiempo seguro que habría pensado: ‘¿Y si lo hubiera intentado?”. Ahora intentará superar a Madison Keys para alcanzar la tercera ronda en Florida.

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