No nos gustan las retiradas, para qué negarlo. Mucho menos cuando involucran a jugadores tan queridos, carismáticos y populares como Jo-Wilfried Tsonga. Tranquilos, el francés todavía sigue en activo y, por ahora, no piensa en colgar la raqueta, pero hay finales que se ven venir, que se intuyen, aunque ninguno en la sala quiera levantar la mano para confirmarlo. El de Le Mans compitió por última vez en el Open de Australia de 2020, donde tuvo que retirarse en primera ronda por una lesión. Dos meses después, los problemas físicas se han multiplicado y el galo todavía espera ver la luz verde para vestirse de corto. Todo esto, teniendo en cuenta que cumplirá 36 años en abril, nos empuja hacia una desenlace inminente.
Puesto arriba, puesto abajo, Jo siempre fue un perfil a tener en cuenta en las alturas. En 2012 superó las 50 victorias en la temporada natural por última vez, rebajando poco a poco sus prestaciones hacia una realidad menos exigente. Seguía acariciando los 40 triunfos por calendario, pero verle entre los diez mejores dejó de ser una viñeta fija. En 2018 surgieron las lesiones, provocando un balance de tan solo cinco victorias en doce partidos, confirmando que la edad ya era un factor sobre el que podrían regirse sus últimos años. Sin embargo, en 2019 remontó a lo grande, firmando de nuevo 44 triunfos, capturando tres títulos y aparcando en el top30 a final de curso. Era una resurrección en todo regla, o quizá el último gran esfuerzo.
Con las energías renovadas llegó 2020 y con él las malas noticias. Derrota en primera ronda de Doha (ante Miomir Kecmanovic) y derrota en primera ronda del Open de Australia (ante Alexei Popyrin). En esta segunda batalla, obligado a tirar la toalla por lesión. Una vez superas la treintena, el parón en pretemporada puede convertirse en un alivio para el cuerpo y, al mismo tiempo, una trampa cuando toca volver. Esto le pasó a Jo-Wilfired, quien ha tenido que tratar con la pubalgia a lo largo de todo este tiempo, intentando quemar etapas en una rehabilitación que todavía no se ha completado.
“A pesar de todo el proceso que vengo desarrollando en los últimos meses, todavía no me siento capacitado para regresar a la competición en el próximo Open de Australia. Después de hablarlo con mi equipo médico, esta fecha llega un poco pronto para los plazos que tengo marcados. Mi objetivo es volver a las pistas en el menor tiempo posible, pero también sé que debo de ser paciente, incluso sabiendo que no jugar este torneo me supone un verdadero dolor”, compartió el francés en redes sociales cuando le tocó comunicar hace unos días su ausencia en el primer Grand Slam del curso.
Futuro incierto y sin fecha de vuelta
Sumar toda esta información nos lleva a un pasaje donde la retirada comienza a verse como un posible final a medio plazo. En primer lugar porque sabemos lo dura que se hace una pubalgia en edades tan avanzadas. Por suerte, Tsonga ya quemó todos sus cartuchos como profesional, ya ganó a todos los buenos, ya levantó grandes títulos y ya compartió una década con los mejores en la élite del tenis mundial. Como decimos, ya no le queda nada por demostrar y, posiblemente, ningún objetivo por el que arriesgar su estado físico. Felizmente casado y padre de un niño de casi cuatro años, la familia ha pasado a ser lo más importante en su día a día, aunque eso no le arrancará el deseo de volver a sentirse tenista y disfrutar de sus últimos torneos. Habrá que estar atento en 2021 a torneos como Roland Garros o París-Bercy, posibles plazas donde marcarse ese último baile.

