Del Potro, Sabatini, Markus, Mancini, Davin, Azar, Camporese, Squillari, Zabaleta, Nalbandian, Coria, Gaudio, El Aynaoui, Mónaco, Baghdatis o Berrettini. La lista de talentos que acabamos de enumerar, la cual no está completa, es tan gloriosa como dispar. Sin embargo, hay un factor común sobre el que todos confluyen: Eduardo Infantino (Buenos Aires, 1964). El mítico entrenador argentino llegó a guiar, en algún momento de su trayectoria, a cada uno de los jugadores mencionados hace unas líneas. Pero no le bastó con su labor en los banquillos, en 2009 apostó por un cambio de registro y se puso al frente del área técnica de la Federación Italiana de Tenis. Diez años después, basta con echarle un ojo al top100 actual para descubrir la conclusión de su trabajo allí.
¿Y ahora qué? Podría decirse que Infantino ya superó todas las pruebas, que ya no tendría la necesidad de seguir creando campeones, pero el cuerpo le ha pedido un último baile. Ese último proyecto le ha traído hasta nuestro país, concretamente a Torrevieja, donde dirige los pasos de Nicola Kuhn desde julio del año pasado. Es cierto que el coronavirus ha congelado brevemente el progreso, pero sus discurso descubren un largo camino por recorrer donde su experiencia será clave para sacar lo mejor del español. Hoy en Punto de Break entrevistamos a uno de los técnicos más prestigiosos del circuito masculino en estos últimos veinte años.
¿Dónde empieza tu relación con el éxito?
Me encanta construir buenos equipos, tengo mis contactos y mis relaciones por todo el mundo. Además compartí muchísimas experiencias con los mejores entrenadores, con los australianos, los americanos, los europeos y los sudamericanos, lógicamente. Uno está aprendiendo continuamente. También soy un estudioso de los movimientos de las Federaciones, tanto de los éxitos que cosechan como de los fracasos. Me encanta analizar todas las partes y tuve la suerte de estar viajando y viviendo experiencias todos estos años.
Has viajado con jugadores, has liderado equipos de competición y has estado al frente de una Federación. ¿Qué se disfruta más?
No me importa. He tenido mucha suerte de tener siempre proyectos interesantes. Lo que cuenta es qué hacer con ese proyecto para sacarlo adelante, ya sea una Federación, un club o un jugador. El año pasado, por ejemplo, me dediqué en Italia a mejorar los sistemas de metodología de los clubes, cómo hacer para que fueran más productivos.
¿Por qué la legión argentina ya no es tan productiva como hace veinte años?
Hay una generación de jugadores nuevos con orígenes rusos, una genética nueva en el circuito. Entre los serbios y los rusos tenemos una prototipo físico de jugador contemporáneo, son muy fuertes, aunque también más distraídos por el tema de Internet. Kyrgios, Shapovalov, Rublev, Zverev, Tsitsipas, Khachanov, todos tienen esa parte genética que les hacen ser altos, fuertes, potentes, elásticos, etc. Es normal que otros países como Chile o Argentina sufran físicamente y sufran para llegar al top10,. El biotipo italiano es uno, el español es otro, el argentino era otro, uno tiene que ir modificando los sistemas de entrenamiento para cada nueva etapa.

¿Tendría lugar en este circuito perfiles como Coria o Nalbandian?
Yo creo que sí, jugarían mejor todavía. Acelerarían más, entrarían más rápido a la cancha, le pegarían más fuerte a la bola, cambiarían cosas tal y como hizo Nadal. La cuestión es que al ser sudamericanos, el desgaste mental es mucho mayor. Si Nadal, Federer y Djokovic son europeos es por algo. En Sudamérica no solo tuvimos la generación argentina, también hubo dos fenómenos como Kuerten o Ríos, dos cracks que, sin embargo, no aguantaron la presión de estar ahí arriba quince años. Esa gente desde los 16 años pasó hambre para viajar, no se puede comparar cómo vivieron la parte emocional unos y otros. Kuerten y Ríos, cuando llegaron a los 28, tenían un estrés tan grande encima por estar lejos de la familia que terminaron explotando.
De todos los jugadores que has entrenado, ¿cuál te acabó sorprendiendo más?
Ninguno, de verdad. Ninguno me sorprendió. Quizá te diría Berrettini, no me imaginé que fuera a ser tan bueno, tan rápido. O Mussetti, Sinner… realmente me sorprende que hayan hecho resultados tan buenos siendo tan jóvenes.
¿Y de los argentinos?
A Gaudio jamás lo imaginé ganando Roland Garros, sobre todo aquel Roland Garros tan especial con Nalbandian, Coria y Henman en semifinales. David llegó lesionado y Guille muy mermado físicamente, así que por eso ganó Gastón, se lo encontró. Esperaba que fuera un buen jugador, eso sí, pero si le quitas aquel título de Grand Slam, pasaría a ser un jugador normal, un Cañas, por ejemplo. Para mí Nalbandian o Coria son de otra categoría.
¿Cómo es posible que Nalbandian no ganara nunca un Grand Slam?
David fue una persona muy exigente, tiene una personalidad muy complicada, se lesionaba rápido hasta que encontramos un buen fisio que le tuviera sano, pero cuando lo encontramos aparecían problemas con otra persona del equipo. Así es difícil conformar un equipo estable. Ganó el Masters, hizo una final de Grand Slam, dos semifinales, fue una carrera genial. Le faltó un poquito de continuidad en la recta final, pero quizá fue su límite y hay que aceptarlo. Él arrastró un problema en la cadera desde los 22 años, eso tampoco se lo puso fácil, había que manejarlo con mucho cuidado y mucha calma. Pero sí, tenía que haber ganado un par de Grand Slams, indudablemente.
Quizá le faltó reinventarse en la última parte de su carrera.
Todo es mejorable, ya lo hemos visto con Federer o Nadal, técnicamente y tácticamente dieron otro paso. Ellos dos mejoraron más de lo que mejoró Novak, pero Novak es tan rápido con sus piernas que compensa todo lo demás. Yo pienso que con los tres jugando a su máximo nivel, Djokovic es el mejor. Es el más rápido en todo y el que mejor resta. Es interesante ver cómo siguen evolucionando y, si no evolucionan más, es porque no les da la capacidad.

Vuelvo a Nalbandian. ¿Tan especial era su carácter?
Mucho. Por ejemplo, siempre entrenaba yo solo con él, nunca con otro jugador. Entrenábamos solo jugadas, además de apoyarlo con un gran trabajo físico detrás, era un sistema muy particular. Lo normal era practicar jugadas durante dos horas y luego, alguna vez, jugar un set con alguien, pero muy poco, casi nunca. Esa era una característica muy personal suya, el entrenador sí o sí tenía que jugar con él. Si no, no lo quería.
Dijo hace poco en una entrevista que de haber ganado aquella semifinal del Open de Australia 2006 ante Baghdatis, su carrera habría sido otra.
Yo creo que no. Para mí el partido que le pudo haber cambiado la carrera fue la semifinal que perdió con Roddick en el US Open 2003. Por aquel entonces, si él pasaba a la final, a Ferrero le ganaba, no perdía contra él. Eso ya hubiera significado ganar un Grand Slam y, por lo tanto, llegar con otra mentalidad para los próximos años. Y ese partido lo tuvo ganado, no fue como con Baghdatis en Australia, donde nunca lo llegó a tener dominado. Contra Baghdatis, en los momentos donde Marcos jugó bien, David nunca lo tuvo cerrado. Con Roddick, sí, ese fue el partido que hubiera cambiado su carrera.
Estuviste dos años con Del Potro, lo cogiste 150º y lo dejaste 40º. ¿Qué tal aquella experiencia?
Juan Martín era un jugador con muchos miedos y muchas dudas. Mi trabajo fue tratar de consolidarlo físicamente, darle orden y establecer un equipo. Siempre supimos que era un fenómeno, pero ese paso fue fundamental en aquel momento. Si ese paso no lo das en el momento justo, después llegas siempre tarde. Si quieres ser protagonista en la próxima etapa, se tiene que llegar a la edad justa y con la cantidad de partidos justos. Con Juan Martín lo conseguimos, también le ayudamos mucho emocionalmente fuera de la cancha, esto con un sudamericano siempre es clave. A partir de ahí le fuimos desarrollando el juego para que terminara siendo competitivo en los Grand Slams. El último partido que jugó conmigo fue en París-Bercy 2007, contra Davydenko. En ese partido Juan Martín subió entre 25-28 veces a la red.
¿Ganó?
Perdió, pero produjo un tipo tenis diferente. Luego se le olvidó, se acostumbró a plantarse en el fondo de la cancha y dar palos, destruir a base de potencia. Solo llegaba a la red cuando tenía el punto terminado. Este tipo de juego, para un tipo de dos metros de altura, te produce muchos problemas y lesiones a largo plazo. ¿Por qué ganó solo un Grand Slam si tenía que haber ganado nueve?
Supongo que por las lesiones.
Pero cada uno tiene que saber jugar sus fichas. Si quieres ser protagonista arriba debes saber jugar con táctica, quizá plantear un estilo de juego con el que destruir, un estilo que no te haga pensar, está claro que aguantando la pelota no le vas a ganar a alguien que es más rápido que tú, por piernas. Los torneos importantes se ganan jugando mejor que los demás, no esperando que el rival juegue peor. Salvo que seas un tipo muy sólido como Djokovic, que ganó el último Open de Australia simplemente aguantando contra Thiem. Dominic jugó mejor, pero perdió. Esa es otra faceta que desarrollan los grandes campeones.

Es decir, que las lesiones no solamente llegan por mala suerte.
Tú no puedes pegar al 80% de tu fuerza cada tiro, al final te acabas lastimando. Tienes que pegarle al 60%, construir el punto y luego pegarle al 80% cuando tengas los pies dentro de la cancha. Si tú estás dos metros por detrás de la línea y le pegas al 80% es normal que a la larga sufran las muñecas, las rodillas, sufra todo. Pero bueno, tampoco es momento para criticar nada.
¿Crees que volverá?
Yo creo que sí, este parón le ayudó mucho. Habrá que ver también cómo está trabajando durante estos días. Volverá seguro, es un tipo que aunque juegue con una pierna estará dentro del top20. Tiene demasiado talento Juan Martín, nunca hay que subestimarle.
A quien no hay que subestimar es a los italianos. Trabajaste con ellos ocho años y ahora son de las mayores potencias del top100. ¿Dónde estuvo el origen?
Con Quinzi ganamos Wimbledon Junior en 2013, era el gran proyecto de la Federación. Luego el problema fue que hubo demasiado manoseo y la Federación me dio otro roll, ahí se produjeron situaciones internas de poder en las cuales yo perdí la responsabilidad sobre el jugador. Con el paso del tiempo se fue desordenando, entrando un poco en el caos, pero sirvió de espejo para los demás. Quinzi fue el primero de esta generación que volvió a acelerar los procesos de competencia, jugó Futures y Challengers muy temprano en una etapa donde la precocidad parecía que se había extinguido, como si ya no pudiéramos ver a los jóvenes ganar. Hasta que apareció Zverev.
¿Sobre qué hombros cuelga el futuro del tenis italiano?
Tienen a Sonego, que estuvo 50º y ahora falta por ver si explota o no. Después está Mussetti, que tiene 17 años y va camino de hacer el mismo camino de Sinner. Evidentemente, con Sinner encontramos de nuevo alguien muy especial, un tipo que puede ganar Grand Slams. Tiene un gran equipo, un gran entrenador, un gran preparador físico, es una realidad dentro del tenis italiano. Berrettini ya estuvo en el top10, no hace falta añadir nada más. Con todo esto que te dije ya tienes tenis ahí para los próximo veinte años.
Veinte años tiene Nicola Kuhn, tú actual proyecto. ¿Cómo llegas hasta él?
Después de casi diez años en Italia, necesitaba un cambio de escenario. Estuve analizando mi situación y vi que todavía me quedan algunos cartuchos, tampoco muchos porque son ya 56 años, pero aún siento las ganas y la ilusión de construir un último proyecto top10, o al menos ser parte de él. Con Nico nos habíamos encontrado un par de veces en el circuito y me pareció muy buen chico. En su momento, su entrenador (Pedro Caprotta) me dijo que me llamaría si necesitaban ayuda. La cuestión es que a final del año pasado, tras no renovar con la Federación Italiana, me acordé de Nico y comenzamos a hablar.

¿Fuiste fácil de convencer?
Encontramos un punto de conversación muy bueno. Su manager me invitó a formar parte del equipo como colaborador, se dieron las condiciones. Después de analizarlo me di cuenta que era un jugador que puede llegar a ser protagonista si le ayudamos y le ordenamos, tiene grandes cualidades.
¿A qué distancia está del jugador que puede llegar a ser?
Nico me sorprende cada día por su capacidad de trabajo y su capacidad de mejorar técnicamente. Es un gran profesional, tiene muchas ganas, aunque esta pandemia nos ha frenado mucho. Pese a ello, él ha puesto mucha voluntad para encontrar la manera de trabajar y seguir evolucionando, por eso no me volví a Argentina, decidí quedarme aquí con él para seguir afirmando conceptos y consolidando puntos de vista. Ahora falta pulirlo en todos los terrenos, ya sea en la parcela física, táctica o técnica.
¿En qué parcela es más urgente la mejora?
A mí me encanta trabajar técnicamente en todos los golpes. Lógicamente, todavía tiene que sacar mejor o pegar mejor con su derecha, pero para eso hay que prestar atención a otros aspectos como el swing de cada golpe, la soltura, a cómo mueve las piernas, las empuñaduras, todo. Y si no tienes velocidad de pelota, ¿cómo generas los espacios para hacer daño al rival? Si tienes fuerza natural lo haces de una forma, si no te toca hacerlo de otra manera. Si tienes fuerza puedes defenderte contragolpeando, si no la tienes no puedes utilizar tanto esta jugada, o tienes que defender de otra forma. El objetivo ahora es ir armando el proyecto acorde a lo que uno tiene y lo que podemos llegar a imaginar.
¿Le ves compartiendo biotipo con los Medvedev, Tsitsipas o Aliassime?
Si no lo viera, no estaría aquí. Como entrenador siempre creo mucho en mi trabajo, elijo a un jugador porque creo que es bueno. Cuando vas a comprar un vino, en ningún momento te imaginas que ese vino pueda estar malo, pues cuando empiezas un proyecto es igual.
¿Cómo llevas el cambio de estructura alrededor de un jugador? Algunos dicen que demasiadas voces puedes crear confusión.
Pero al final los entrenadores fuertes son los que sostienen los proyectos. Te respondo con otra pregunta: ¿cuáles son los jugadores que fueron más estables en los últimos quince años? Djokovic, Nadal y Federer. Podemos poner también a Murray, hasta que se lesionó. En todos estos proyectos hubo una fuerte conducción emocional y técnica por parte de una persona. Novak la tuvo desde chico en Marian Vajda; en el momento que Vajda se fue, Novak se perdió. Federer la tiene en su mujer y en Severin Luthi, ese es su equipo, el núcleo que lo contiene. Con Rafa es evidente, su tío Toni, estoy seguro de que todavía sigue dentro dando instrucciones. Un proyecto así no lo sueltas nunca. Y en Murray, la madre. Siempre hay pilares que sostienen estas estructuras, el problema es cuando no hay pilares, o cuando se pierden. Entonces ahí todo se tambalea.
Esperemos que tú seas el pilar de Nico.
Lo importante es que Nico encuentre su camino, yo espero colaborar para que lo consiga. Sería muy feliz de formar parte de ese viaje.

