El Principado maldito de Federer

El Masters monegasco es uno de los torneos más importantes que el suizo no ha conquistado. Repasamos sus principales oportunidades

Federer con el Principado de fondo. Fuente: Getty
Federer con el Principado de fondo. Fuente: Getty

Lo cierto es que resuena un poco hablar de Roger Federer y hacerlo de aquello que no ha ganado. Cuando mencionas al, según muchos, mejor de la Historia, el GOAT indiscutible, resulta un ejercicio complejo empezar un debate sobre lo que falta en su palmarés. Especialmente cuando sus logros eclipsan de una forma tan insultante a sus hándicaps. Pero estamos en la semana de Monte Carlo, uno de los torneos más pintorescos del circuito y uno de los dos eventos de categoría Masters que el suizo no ha conquistado. Y eso que, desde luego, ha tenido múltiples oportunidades para hacerlo.

Puede que nunca se viese tan cerca, a un solo punto de la victoria, como hizo en Roma (el otro Masters 1000 que falta en sus vitrinas). Eso no quita que el torneo del Principado sea un espinita clavada para Roger, en especial si tenemos en cuenta la cantidad de veces que llegó a la instancia definitiva. En tres ocasiones le cortó el paso su gran némesis sobre tierra batida, el hombre que ha evitado que su cuenta de grandes títulos sea aún más abrumadora: Rafael Nadal, quién si no. Y si bien parecía que conforme pasaban los años las opciones del suizo quedaban más y más mermadas, Federer se dio un último baile en 2014, año en el que Rafa se vio sorprendido por David Ferrer en cuartos de final y en el que el suizo había vencido y convencido ante el otro gran escollo, Djokovic. Allí enfrentaba a Wawrinka... pero tampoco se pudo.

Desde que perdió en su primer duelo contra Vincent Spadea (jugó el torneo en calidad de invitado) en el año 1999, Federer fue derrotado por Jiri Novak, Grosjean, Nalbandián y Gasquet hasta poder gozar de su primera final en el torneo bañado por el Mediterráneo. Fue en la comúnmente aceptada como temporada más prolífica del suizo, en un momento de su carrera simplemente marciano y que solo vería eclipsado por la presencia de Rafa Nadal en los torneos de tierra. Ni tan siquiera los 64 winners del suizo fueron suficientes en la única y última final que disputaría a cinco sets: 6-2, 6-7(2), 6-3 y 7-6(5) fue el marcador para un Nadal que ya había cimentado su estatus como mejor terrícola el año anterior. Fue uno de los primeros duelos entre ambos en los que Rafa estiró el chicle e hizo del partido una verdadera batalla física, un escenario en el que crecerse.

Ahí, el sino de los intercambios más allá de los 4 golpes favorecía al manacorí. 52% de puntos ganados en los intercambios entre 4 y 6 golpes, 55% en los rallies entre 7 y 9 golpes, y un revelador 63% en los puntos que se fueron más allá de los 10 golpes. Si tenemos en cuenta que un 62% de los rallies de aquel encuentro se fueron más allá de los 4 golpes, vemos cómo aquel Rafa, aún bisoño, encontraba en Monte Carlo su jardín ideal para exprimir al máximo cada punto, privando a Federer de su temido saque y continuación con el drive que en tierra se veía completamente inutilizado.

Una tónica similar siguieron las dos finales que vinieron después. Roger no dejó de atacar la inexpugnable fortaleza de Rafa, que cimentó su reinado en el Principado en 2007 y 2008. En esas dos finales, el mallorquín ni tan siquiera cedió un set ante el de Basilea, doblegándole por dobles 6-4 y 7-5, respectivamente. Por mucho que Federer no dejase de intentarlo, eran los mejores años de Nadal en tierra, aquellos en los que su explosividad, su velocidad en el desplazamiento y su capacidad de devolver bolas imposibles estaban al máximo. La altitud, al nivel del mar, no ayudaba a que la bola de Federer corriese, y al final el suizo siempre acababa estampándose contra el mismo muro.

Estas dos finales marcaron un antes y un después en su relación con el torneo del Principado. Una sorpresiva derrota contra Wawrinka en 2009 provocó que Roger solo acudiese a una edición de las cuatro siguientes, tratando de preservar su físico y tenis y dosificando más el contador de kilómetros. Cuando volvió, tras dejar atrás el peor año de su carrera, 2014 le vio jugar un tenis renovado y más agresivo, habiendo pasado por el periodo de cambio de raqueta. Roger esquivó una bala en cuartos de final ante Jo-Wilfried Tsonga, en lo que fue la victoria número 950 de toda su carrera. Tras un partido ajustadísimo y la convincente victoria ante Djokovic en semifinales, y como dijimos antes, sin Rafa de su lado, ahora sí, todo parecía en bandeja para que Federer conquistase el ansiado título.

Eso era lo que dictaba el guion, ¿no? Para más inri, el sino de la final parecía establecido. Stan Wawrinka, el campeón de Australia pero aún en proceso de demostrar si aquello habían sido dos grandes semanas y nada más, salía a la pista ciertamente nervioso, cometiendo muchos errores no forzados en un día gris sobre el Principado. Cuando el suizo estaba a un solo tie-break de conseguir el título, titubeó. Una de esas ocasiones en las que, bajo presión, Federer juega con menos margen de lo que debería. Stan le dio la vuelta al partido contra un Roger desmoralizado en el tercer set y acabó alzándose con su primer título de Masters 1000.

Fue posiblemente la mejor oportunidad que Roger tuvo de triunfar en Mónaco. Hasta los mejores tenistas de la historia tienen torneos donde el destino impide verte campeón. Y Monte Carlo siempre será el Principado maldito de Federer.

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