Andy Murray sufrió mucho por jugar sin dolor. Por poder disfrutar lo que tanto ama. Visitó varios médicos, intentó todo plan posible para rehabilitarse, pero su cadera seguía afectándolo y, en consecuencia, se le hacía imposible pasar tiempo en una cancha de manera competitiva. Es por eso que debió pasar un par de veces por el quirófano para poder curarse por completo. Intentó volver a principio de año, peleó durante cinco sets ante Roberto Bautista Agut y se despidió ovacionado del Abierto de Australia. No obstante, en ese momento dijo entre lágrimas que probablemente ese había sido su último partido como profesional.
A pesar de eso la peleó y volvió a jugar. Es cierto, dobles. Pero lo importante es que nuevamente se sintió feliz dentro de una cancha. Ganó Queen’s junto a Feliciano López, estuvo en Wimbledon con Herbert y hoy se dio el gusto de jugar en dupla con su hermano Jamie en el ATP 500 de Washington, donde debutaron con un triunfo ante Mahut / Roger-Vasselin en tres sets. “El año pasado no sabía cuánto me quedaba por jugar, volver sin dolor aquí es algo increíble”, comentó Murray no bien terminó el encuentro. Y agregó: “Por suerte, el dolor no me limita en ninguno de los golpes. Aún estoy un poco lento, aunque espero poder corregirlo con el tiempo”.
A su vez, su hermano Jamie señaló que “fue un placer jugar con mi hermano acá, en la cancha central, dando un show para el dobles. Realmente fue divertido”. Acerca del partido, Andy aseveró: “Hubo lindos puntos, el público vio reacciones rápidas. Espero que lo hayan disfrutado”.
El triunfo de los hermanos Murray fue el primero en conjunto desde las semifinales de la Copa Davis 2016 ante Argentina en Glasgow, cuando habían vencido a Juan Martín Del Potro y a Leonardo Mayer.

