Ferrer seguirá siendo el primero de los mortales

El español colgará la raqueta con 208 partidos disputados en Grand Slam. Para muchos, el más grande de siempre sin un major en su vitrina.

Fernando Murciego | 29 Aug 2018 | 10.00
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Cuando el reloj marcaba 83 minutos de partido, David Ferrer dijo basta. El de Jávea acumulaba 207 partidos de Grand Slam y en ninguno de ellos se vio obligado a tirar la toalla antes de tiempo, pero justo el último, el que hacía 208, su cuerpo no pasó el examen. Con Rafa Nadal al otro lado de la red y en mitad del segundo set, el cual dominaba con break arriba, el alicantino se fue a meditar a su banco. Miró a su equipo y rápidamente tomó una decisión. El abrazo con su compatriota bajo la atenta mirada del juez de silla representaba un final agridulce. Aquella era su última batalla en el US Open y no podía tener peor final, aunque el beneficiado era como un hermano para él. Mientras David recorría ese pasillo de la Artur Ashe, cientos de recuerdos se almacenaban en nuestra cabeza. La leyenda de un guerrero incansable que, pese a su lucha, nunca logró coronar una de las cuatro grandes plazas.

Su historia con los Grand Slams empezó a escribirse en 2003, primera temporada donde David disputó un cuadro final en torneos de esta categoría. Luego no dejaría de hacerlo hasta Wimbledon 2015. Su bautizo se dio en el Open de Australia, donde pese a ganar el primer set ante Hyung-Taik Lee, el asiático firmaría su primera gran derrota (5-7, 6-2, 6-2, 6-3). Este lugar le traería más adelante bonitos recuerdos al de Jávea, como las semifinales en 2011 (después de ganar a Nadal en cuartos) o las semifinales de 2013. Primero Murray y luego Djokovic le impedirían colarse en la fiesta final.

Menos mal que Roland Garros sí que guardaría un lugar para Ferrer en una de sus finales. Allí donde ya avisó en 2005 metiéndose en los cuartos de final (superó a Gaudio en cinco mangas en la ronda anterior), dando un paso en las semifinales de 2012 y rematando en 2013 llegando a la gran final. En las tres ocasiones sería bloqueado su paso por Rafael Nadal, ese hombre que decidió hacer de la Philippe Chatrier un fortín durante casi una década. El Grand Slam donde más éxito tuvo y el único donde pudo llegar a luchar por el título. Está claro que sin Nadal en el tablero muchas cosas hubieran cambiado, aunque quizá su presencia también empujó a David a pelear por ser un mejor jugador. Un ex número 3 del mundo con 27 títulos a la espalda.

Wimbledon siempre le costó, aunque podrá contarle a su hijo Leo que ganó títulos de todos los colores y sabores. También en hierba. Dos cuartos de final consecutivos en 2012 y 2013 (sus mejores años) fueron los mejores registros del valenciano en Londres. En el primero se cargó a Roddick y Del Potro (palabras mayores) para ceder luego ante Murray. La temporada siguiente no tuvo un camino tan duro pero sería el argentino el hombre encargado de tomarse la revancha doce meses después y despedirle cuando se encontraba a dos pasos de la final. Wimbledon sería también el lugar donde se vería cortada su racha de 50 participaciones consecutivas en Grand Slam, debido a la lesión que sufrió en el verano de 2015.

Por último, cerramos con Nueva York, donde también se quedo en dos ocasiones a las puertas de subirse al podio. La primera le llegó muy joven, en 2007, edición en la que fulminó a Rafa en octavos de final y en la que se toparía con un gran Djocovic en semis. Luego sería Federer quien terminaría llevándose el gran premio. Cinco años después, en 2012, otra gran carrera hasta semifinales y otra vez el serbio en su camino. Si en París era Nadal el hombre que siempre le cortaba el paso, en el US Open era el de Belgrado quien siempre firmaba su carta de despedida. Un BigFour que se encargó durante años de mantener a Ferrer un escaloncito por detrás, aunque el alicantino nunca cesó en su empeño de ponerse a su altura.

“Guardo muy bonitos recuerdos de este lugar, grandes victorias en el US Open. Como ya sabéis, este es el último Grand Slam de mi carrera. Lo siento mucho por no haber podido terminar el partido… lo siento de verdad. Muchas gracias a todos, os echaré de menos”. Fueron sus últimas palabras en territorio Grand Slam, un David emocionado que no quiso ser protagonista al micrófono de Brad Gilbert. Su recuerdo se marchó por las bambalinas de Flushing Meadows con la cabeza puesta en su mujer, en su hijo y en el tiempo de descanso necesario para diseñar su último calendario en 2019. Por siempre quedarán sus 208 partidos en Grand Slam, territorio donde jamás pudo reinar. Menos mal que el gran público no hacen falta títulos a la hora de valorar y juzgar las leyendas. La de David será eterna, con o sin Grand Slam, siempre representará al primero de los mortales.