Muchas otras se habrían rendido pero ella ha perseverado. La de Simona Halep es la historia de una luchadora, una mujer que se ha labrado su éxito saliendo una y otra vez de su zona de confort, haciendo ajustes permanentemente y no resignándose a su suerte. Una de las cosas más difíciles en el mundo del deporte es reinventarse constantemente y asumir que si no se logra un objetivo, es preciso hacer algo distinto para aprovechar la siguiente oportunidad.
Ya desde niña parecía llamada a escribir su nombre con letras de oro en el circuito WTA. Campeona de Roland Garros Junior con 17 años, tomó la difícil decisión de someterse a una reducción de pechos. Ríos de tinta han corrido sobre el asunto pero ella supo abstraerse y con apenas 23 años ya pisó una final de Grand Slam. Fue en su amado París, ciudad de las mayores alegrías pero también de una decepción que podría haber cambiado su carrera para siempre de no haber sido por una mentalidad privilegiada.
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Y es que la final perdida por la rumana el pasado año ante Jelena Ostapenko podría haber hecho caer como un castillo de naipes la proyección de Simona. Le costó ser número 1 del mundo pero lo terminó logrando el pasado año, lo cual no hizo más que incrementar la presión mediática sobre ella. ¿Número 1 del mundo sin un título de Grand Slam? Los juicios de valor sobre la de Constanza se viralizaban pero ella ha puesto fin a cualquier actitud menospreciativa y lo ha hecho por la puerta grande.
Capítulo aparte merece el papel de Darren Cahill en este logro. El austrialiano se consolida como el entrenador más laureado de la historia (sin contar aquellos que han estado siempre con el mismo tenista) y su inteligencia emocional se ha erigido clave en el resurgir mental de una tenista que se ha visto dañada en su confianza en muchas ocasiones. Convencer a una tenista especializada en el contraataque de la necesidad de ser agresiva, incitarla a cambiar de raqueta en busca de más potencia y asumir derrotas dolorsas en el tramo inicial y hacer de Halep una jugadora total capaz de rendir a su máximo nivel en cualquier superficie y contexto.
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El miedo al fracaso atenazó a Simona en las anteriores ocasiones pero ha sido esa misma mentalidad frágil la que hoy se hizo fuerte y le permitió emerger de las tinieblas que poblaban su mente. Reaccionó con la furia de la que se ve al borde del abismo después de haberse despeñado por él y haber podido retornar a la cima. Esta vez sí, Halep puso lo que algunos pueden considerar como una guinda pero que no es más que el inicio de una saga si todo fluye como debería.
A sus 26 años y habiéndose quitado una pesada losa de encima, Simona Halep encontrará la motivación para legitimarse en la élite y seguir degustando el dulce sabor de la gloria tenística. Tiene juego de sobra, experiencia en malos y buenos momentos, y una capacidad innata para salir reforzada de las situaciones complicadas. Roland Garros 2018 quedará en la historia del tenis como el torneo en que una número 1 del mundo venció a sus miedos y abriera una cuenta que promete ser amplia. Y aunque no lo fuera, lo que ha hecho la rumana ya merece un hueco en el olimpo del tenis femenino.

