Muguruza se diluye en Indian Wells

La hispano-venezolana, que llegó a dominar el encuentro por 6-2 y 3-0, cae en su debut ante Sachia Vickery, la número 100 del mundo. Tropiezo muy doloroso.

Fernando Murciego | 10 Mar 2018 | 06.33
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Debía ser el clásico partido cómodo de debut de una gran jugadora en un gran torneo. Pese a que Indian Wells viera este sábado cómo caían cocos del nivel de Radwanska, Konta, Kuznetsova o Barty, otras como Garbiñe Muguruza no querían sumarse a esta lista de sorpresas y por ello empezó arrasando en su partido ante Sachia Vickery por 6-2 y 3-0. Hasta que sucedió lo inesperado. La caraqueña bajó el nivel y la estadounidense empezó a pegarle sin miedo, así se obró un milagro que manda a la nuestra de vuelta al hotel y deja a la número 100 del mundo disfrutando de su día más feliz como profesional (2-6, 7-5, 6-1). Sorpresón mayúsculo para cerrar la jornada.

En una primera instancia se vislumbró en seguida que estas dos jugadoras pertenecían a escalones diferentes dentro del vestuario. Y no solamente por el ranking (la número 3 del mundo se enfrentaba a la número 100), sino por golpes, movimientos y confianza. Dicen que nunca es fácil abrir fuego en este tipo de torneos pero la española ya no es una niña y sabía bien qué ingredientes colocar en la cazuela para salir airosa de estas citas. Con un 70% de puntos ganados con primer servicio y un 60% con el segundo, la caraqueña mostraba su lado más ofensivo en California pese a que también tuvo que salvar tres pelotas de quiebre ante la estadounidense. Las mismas que tuvo a su favor, solo que ella sí supo amarrar un par de ellas.

Con el primer set en el bolsillo el partido cambiaba, o mejor dicho, parecía quedar todavía mucho más sentenciado. Más airosa, crecida y con ese colchón que te da el marcador, la jugadora instruida por Sam Sumyk y Conchita Martínez volaba literalmente sobre el cemento, acompañando a ese 6-2 inicial un 3-0 que provocaba ya los primeros llantos de desesperación en su rival. Pero Vickery no tiraba la toalla, no en una situación y un escenario tan importantes como éste, quizá por eso se olvidó de todo lo que le rodeaba y se enfocó simplemente en competir. Quizá por eso, aunque resulte casi imposible de creer, terminaría llevándose el parcial a su favor por 7-5.

¿Cómo es posible? Pues pasito a pasito, como diría el Cholo. Primero recuperando un break (4-2), luego poniendo presión en cada juego al servicio de su rival, después recuperando el segundo break (5-5) y finalmente, y tras desperdiciar varias bolas de set, hincando el diente en el juego que hubiera forzado el tiebreak entre ambas. Pero no hizo falta, la de 22 años ajustó tanto su táctica que por fin empezaba a recordar la jugadora que era. Ahora ya no era la número 100 del mundo, sino la joven estadounidense capaz de firmar semifinales en Auckland al inicio de temporada o de plantarse en segunda ronda de Indian Wells sin ceder un solo set desde la fase previa. De repente, una película que parecíamos conocer al dedillo se quedaba sin guión establecido.

Si la situación estaba fea todavía iba a ponerse peor. Además rápido, sin esperar demasiados juegos, en un visto y no visto Vickery había pasado de estar a dos juegos del aeropuerto a dominar por 4-1 en el set definitivo. Tuvo que bajar Sam Sumyk a templar las aguas pero en la cabeza de Garbiñe solo aparecía esa marcador de 6-2 y 3-0 de hace unos minutos. Sin embargo, aquel cuento de hadas jamás volvería. El público, ya totalmente volcado con su jugadora, provocaría que la española no sumara un juego más en el encuentro y celebrara el pase a tercera ronda de una Sachia que lloraba de emoción ante tanta expectación. Un día más, el tenis profesional demostró que de poco sirve ser número 3 del mundo o ser número 100. Como siempre, lo único que vale es quien gane el último punto.