Una doble falta le dejaba en bandeja a Jack Sock el acceso a las semifinales de las Nitto ATP Finals y todo el mundo se miró extrañado en el público. ¿Cómo había llegado ese hombre hasta aquí? Jugando, creciendo y soñando alto. No hay secretos. El estadounidense derrotó a Alexander Zverev en un partido de máxima intensidad (6-4, 1-6, 6-4) y estará junto a Roger Federer en las semifinales de la Copa de Maestros. El próximo sábado luchará ante Grigor Dimitrov por avanzar hasta la última gran final de la temporada.
Obligado a ganar. Porque claro, ¿cómo iba a perder la mayor promesa del tenis mundial, actual número 3 del circuito, ante el hombre que se clasificó sobre la bocina para el último torneo del año? No entraba en los planes de nadie y quizá por eso había que prestarle más atención. Era una posibilidad entre un millón, pero era. Poco o nada tenía que preocuparle al estadounidense su papel a estas alturas: con una derrota (Federer) y una victoria (Cilic), lo que sucediera hoy ante Zverev sería un regalo a su grandísima temporada. Hacer las maletas o seguir soñando. Puesto a elegir, merecía la pena apostar la segunda.
Tan nervioso estaba Alexander, tantas ganas tenía de acabar aquel duelo, que prefirió dejar la iniciativa en mitad de la pista, entregándole el testigo a su rival, que fuera Sock quien decidiera los acontecimientos. Así fue cómo ambos se fueron castigando con puntos de break pero sin llegar a materializar ninguno. Hasta que el de Lincoln vio la puerta tan abierta que se cansó de esperar, cruzó la sala y le mandó un aviso al de Hamburgo. “Si tú no quieres arriesgar, yo aquí he venido a por todas”. Fue tan justo como palpable que el norteamericano se llevara esa primera manga por méritos propios, por actitud y por tenis. Inconcebible fue verle luego desinflarse en la segunda manga como si de un globo se tratase, agobiado por tener que conservar algo valioso, algo que perder. Entonces Zverev se creció, cogió confianza y barrió a su enemigo en apenas unos minutos con un parcial sencillo y sin debate.

Apenas 68 minutos de encuentro y nos íbamos al tercer y definitivo set con dos hombres en igualdad de condiciones pero todavía algo asustados. En la meta esperaba el primer billete para unas semifinales de la Copa de Maestros y eso no era fácil de gestionar. Saque para Sock, break de Zverev. Pelotazo del americano a la grada y grito salvaje del germano. Servicio para Sasha, rompe Jack. Aullido todavía más sonoro del número 9 mundial que devolvía el acto intimidatorio y, de paso, la igualdad al marcador. .
Se le heló el corazón a Zverev, se descompuso y vio cómo la tercera manga se le marchaba, 4-1 y una reacción que no llegaba. Pero llegó, como siempre la firman los grandes campeones. Empató a cuatro juegos y parecía que, de nuevo, la vitola de favorito estaban en su cajón. Pero no, los dos últimos juegos del encuentro volvería a llevar el nombre del americano, mucho más firme y confiado en su sistema. Sorpresa mayúscula pero totalmente justificada. Jack Sock, el hombre que hace un par de semanas estaba a 1000 puntos de distancia de clasificarse para Londres, hoy está en semifinales.

