Hay jugadores que pasarán a la historia del tenis independientemente de los títulos cosechados. Tenistas que quizá no ostenten el potencial para imprimir su nombre en el palmarés de grandes torneos, pero sí tienen valores intangibles tan importantes como el carisma, el orgullo patrio y un espíritu competitivo difícilmente comparable. Steve Darcis es uno de ellos. A sus 33 años, este talentoso jugador se ha convertido en un feroz animal de Copa Davis, dispuesto a devorar a sus presas sean cuales sean, creciéndose en esos momentos en que los nervios pueden atenazar a cualquiera.
El indiscutible número 2 del equipo belga en la competición por naciones sigue embozado en el traje de superhéroe. Su compromiso para con su país no tiene atisbo de duda y solo hay que remontarse a las cifras: desde 2008 ha acudido todos los años a alguna eliminatoria, y no se le han caído los anillos por tener que jugar en el Grupo I, como ocurrió en 2009 y 2012. Steve no es el tenista más alto, más veloz ni más potente pero cuando se enfunda la zamarra de su equipo nacional, se transforma.
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Ha disputado 31 partidos individuales en la Copa Davis con un balance de 22 victorias y 9 derrotas. Cifras estas que le sitúan al nivel de los mejores del mundo, aunque su ránking ATP más notable haya sido 38 del mundo (en mayo de 2017) y ostente dos títulos ATP que quedan ya muy lejanos en el tiempo (Amersfoort 2007 y Memphis 2008). Quizá muchos le recuerden por eliminar a Rafael Nadal en primera ronda de Wimbledon 2013, pero sus hazañas en Copa Davis no pasan inadvertidas al mundo del tenis.
Y es que el actual 77 del mundo, ha ganado a jugadores del nivel de Jurgen Melzer (en 2011, cuando mejor estaba el austriaco) o Alexander Zverev, este mismo año. Sin embargo, sus triunfos destacan más por el contexto en que se producen. Para encontrar el punto de inflexión en la relación íntima que guarda Darcis con esta competición, es preciso remontarse a 2013, en una eliminatoria contra Suiza. El equipo belga terminó ganando pero Steve cayó ante Henri Laaksonen en un partido agónico a cinco sets que le dejó muy tocado moralmente. Pareció prometerse a sí mismo que nunca más podría experimentar y así ha sido.
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Desde aquel momento, ocho victorias y tan solo dos derrotas (contra Leo Mayer y Nick Kyrgios) en partidos individuales. Su victoria ante Federico Delbonis en el quinto partido de la semifinal de Copa Davis 2015 supuso un antes y un después en su carrera. El seleccionador no confió en él para jugar contra Andy Murray en la final, reservándole para el dobles y acogiéndose a la esperanza de que hubiera quinto partido; muy probablemente hubiera entrado ahí en juego este aguerrido jugador, que no pudo ayudar a su país tanto como quisiera en esa gran final.
Dos años después tendrá otra oportunidad. Ha sido clave en el camino hacia la última ronda, con triunfos ante Thomaz Bellucci, Alexander Zverev, Philipp Kohlschreiber, Paolo Lorenzi y, finalmente, el cosechado este fin de semana contra Jordan Thompson. "Por este tipo de partidos juego al tenis. Son momentos mágicos éstos y he sabido mantener la calma al conocer la situación", comentaba el belga al término de su encuentro en declaraciones recogidas por Tennisworldusa.
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"Es la final soñada por todos, la verdad es que sería muy duro volver a perder. Creo que tenemos un equipo excelente para poder ganar a Francia", aseveró el de Lieja, visiblemente emocionado ante las muestras de admiración por parte de todo su público. Así es Steve Darcis, un hombre feliz que tiene entre ceja y ceja la consecución de la Copa Davis y lleva toda su carrera haciendo méritos para ello. A buen seguro tendrá un papel preponderante en el duelo ante los galos por la Ensaladera.

