Ayer no fue un día común para Andy Roddick. El de Nebraska, a punto de cumplir su quinto año como retirado, tuvo este sábado el honor de ingresar junto a Kim Clijsters en el Tennis Hall of Fame de Newport. Con su clásica sonrisa socarrona y un sombrero dominguero que le hizo ser el centro de atención durante toda la jornada, el estadounidense tuvo unas bonitas palabras hacia sus compañeros de generación y, en la parte más íntima, hacia su padre.
“No puedo creer el nivel de tenis que llegué a ver en mi carrera. Los golpes, los récords que se batieron, y los que faltan por romper. Gracias a Federer, Djokovic, Murray y Rafa por jugar a un alto nivel que jamás ha sido jugado”, celebró el ex número 1 del mundo, tendiendo la mano a los cuatro hombres que fueron culpables de que su carrera no fuera todavía más exitosa de lo que ya fue.
“Alcancé a estar detrás de Jordan, pelee hasta el final con Ali, me acerqué a Babe Ruth. Siento que sé lo que era ver a Picasso. Lo vi todo. Los ‘Cuatro Fantásticos’ realmente me han molestado y frustrado la mayor parte del tiempo, pero estoy absolutamente orgulloso de tener mi vida y mi carrera asociada a tremendos individuos”, valoró el norteamericano sobre el dominio del Big4.
La charla tuvo momentos de todo tipo, espacios donde pudimos ver la parte más cómica de un Andy que bromeó incluso con su pobre rendimiento en torneos de tierra batida. “Ahí fue cuando supe que iba a ganar Roland Garros”, dijo al público que se reía a carcajadas. “En realidad escribí, ‘Pausa para reír’”, acompañó rápidamente el ganador de 32 títulos profesionales, tan solo cinco de ellos sobre tierra batida. “He tenido muchos entrenadores, eso es lo que sucede cuando no eres muy talentoso”, añadió un Andy que estaba disfrutando del momento. Pero sin duda alguna, el momento más emotivo fue cuando le tocó acordarse de su padre, Jerry, fallecido en el año 2014.
“Para mí habría significado el mundo entero si él hubiera aprobado el camino que tomó mi vida. Me hubiera encantado escucharlo. No sucederá, pero me siento aquí sabiendo que él habría estado orgulloso y satisfecho. No era un hombre fácil de satisfacer”, remarcó el tenista de Nebraska, incapaz de contener unas lágrimas que desataron una ovación del público presente.
“No soy el mejor de todos los tiempos. No voy a ganar Wimbledon. No soy el mejor de mi generación. No soy el más educado. No soy el más preparado. Y jamás tomaré este honor por hecho. No voy a olvidar jamás a quienes pavimentaron el camino para nosotros. No voy a olvidar jamás la parte inocente de este juego que todos amamos. No podré ser muchas cosas pero desde este día en adelante, no seré nada menos que un miembro del Hall of Fame y eso lo agradezco desde lo más profundo de mi corazón”, finalizó entre aplausos.

