Tan solo unas horas antes de su debut en Wimbledon, Madison Keys ha confesado a WTA Insider que volvió a pasar por el quirófano cinco días después de caer derrotada en la segunda ronda de Wimbledon. La estadounidense tuvo que someterse a una pequeña operación en su muñeca izquierda, zona ya intervenida al concluir la pasada temporada.
“Por desgracia, la última inyección de cortisona el año pasado en Wuhan destrozó mucha de la grasa que protegía el nervio de mi muñeca. Cada vez que giraba la muñeca de forma incorrecta, sentía un dolor terrible”, admite Keys.
Madison vivió en 2016 la mejor temporada de su carrea, finalizando entre las 10 mejores raquetas del planeta y clasificándose para las WTA Finals de Singapur. No obstante, el sacrificio físico fue máximo. “La temporada anterior fue increíble, pero tuve muchísimo dolor. Llegué a llorar tras acabar un partido en Pekín”.
[getty:618569882]
La exigencia del circuito, especialmente en la zona noble, obliga a muchas tenistas a jugar con dolor. Algo a lo que Keys parece estar acostumbrada. “Llevo jugando con dolor desde el US Open 2015. En ese momento pensé que no podría jugar más”, apunta la número 18 mundial. “El doctor no entendía cómo podía seguir jugando”, añade.
Ilusión y realismo se mezclan en las expectativas de Madison de cara a Wimbledon. “Estoy feliz por poder jugar allí. Ya no hay dolor. Creo que he mejorado mucho mentalmente. Ha sido un año y medio bastante loco. Ahora creo que la lesión queda ya atrás”.
“Cuando salte a la pista, esperaré un tenis perfecto por mi parte. Ese es mi mayor reto, equilibrar mi deseo de jugar a mi mejor nivel y entender todo lo que ha pasado. Mi principal objetivo es ser muy feliz, recordándome a mí misma todo lo que he sufrido para llegar aquí”, concluye.

