Pues habrá que esperar para ver a Garbiñe Muguruza disputar la séptima final de su carrera profesional. Tras dejar escapar este año las semifinales de Brisbane y Roma (ambas por retirada en el quinto juego), hoy fue Birmingham el lugar donde la hispano-venezolana no pudo dar ese último paso que le falta para regresar a una gran final. Por suerte no hubo lesiones que la frenaran, pero sí una gran rival como Ashleigh Barty que demostró que la hierba le sienta fenomenal y que ofreció una buena lección mental al remontar una primera manga para lograr el triunfo en tres sets (3-6, 6-4, 6-3).
La derrota duele como cualquier otra, pero quizá duela más por haber visto un primer parcial donde Garbiñe resultó muy superior y donde pareció tener la situación muy controlada. Rompiendo en el séptimo juego para luego confirmarlo con otros dos juegos consecutivos y poner pie y medio en la final. Pero aquel movimiento fue un espejismo, el partido ni estaba controlado, ni estaba terminado. Fueron las dudas de Muguruza las que fueron tomando forma y se adueñaron del contexto en el segundo asalto. Por supuesto, acompañadas de una nueva versión de la joven de 21 años, poseedora de una de las derechas más letales del vestuario.
Tampoco es que fuera un set tremendamente desigual, incluso las dos lograron romperse el saque, pero fueron un saquito de detalles los que equilibraron la balanza y dándole unas alas a Barty que ya llegaba esta temporada de ganar en febrero el primer título de su carrera en Kuala Lumpur. De esto hacía ya mucho tiempo pero esos niveles de optimismo y confianza los ha seguido mostrando en cada plaza que ha pisado. En su lista de tareas, todavía le faltaba a la australiana sumar una victoria ante una jugadora del to20, desafío que se le quedó a un suspiro tras arrancar mucho mejor que Garbiñe el parcial definitivo.
El último set fue una pesadilla para Garbiñe pese a que el primer juego del mismo empezaba llevando su nombre. Uno para ella y cinco para Barty. Con un balance así, mal augurio podíamos tener de cara al desenlace del pulso. De más a menos, Muguruza había pagado un día más el peaje del favoritismo, un papel que su rival aprovechó para irle comiendo metro a metro el terreno sobre la pista. Pero la WTA siempre te da una nueva oportunidad y la caraqueña todavía tuvo tiempo para maquillar el resultado. Para ganar, ya era demasiado tarde. Un revés de Barty cruzado se escapaba de las garras de la ex campeona de Roland Garros y con ella la opciones de pisar una nueva final en el circuito. Wimbledon la espera con los brazos abiertos. A Barty, todavía le queda por vivir lo más bonito de la semana.

