Es inevitable. Construir castillos en el aire y lanzar las campanas al vuelo forma parte de la vertiente más apasionada de los amantes del tenis, y eso lo pueden generar jóvenes promesas en tendencia ascendente. Hace apenas una semana, Stefanos Tsitsipas hacía su estreno en el circuito ATP dejando muy buenas sensaciones, y en esta ocasión el protagonista es Casper Ruud, un joven noruego que aspira a revolucionar el tenis en su país.
A sus 18 años y con el aval de haber sido el mejor jugador del mundo en categoría junior, Casper busca irse fogueando en el tenis de élite. Desde 2015 combina los torneos ITF Futures con Challengers, y en 2016 ya dio señales de su potencial. Se alzó con la Copa Sevilla, uno de los eventos más destacados del ATP Challenger Tour en Europa y ganó dos Futures. Ruud parece un chico calmado y que aparenta más edad de la que tiene tanto por su cuerpo como por su carácter introvertido y centrado en la pista, condiciones imprescindibles para poder triunfar.

Hijo del mejor (y casi único), jugador de tenis noruego de la historia, Christian Ruud que llegó a ser 39 del mundo, Casper desarrolla su carrera con la pretensión de ir poco a poco y a sabiendas de que la mejor manera de avanzar es trabajando duro y quemando etapas. Su vínculo con España no se ciñe a levantar títulos, sino también al entrenador que quiere pulirle y sacarle todo su brillo: Pedro Rico.
El ilicitano pone rumbo a Noruega, haciendo un viaje en sentido inverso al que suelen hacer los muchos turistas que copan la Costa Blanca, y lo hace con el objetivo de llegar a la élite con un jugador que no destaca por nada en especial pero que no parece tener agujeros en su juego. Ruud está muy formado físicamente para su edad, brazos fuertes, constitución física potente y piernas ágiles y veloces, que le permiten ser un tenista muy a tener en cuenta sobre tierra batida.

Es sobre esta superficie donde han llegado sus mayores logros, al que se suma desde hace unas horas su primera victoria en un torneo ATP. Fue ante Rogerio Dutra-Silva, en un ambiente hostil y ante un jugador experimentado y especialista en polvo de ladrillo. Analizando el juego de Ruud, salta a la vista que aún es un jugador en formación, con mucho margen de mejora en cuanto a potencia de sus golpes pero que ostenta una capacidad de defensa innata.
Con insultante facilidad para modificar alturas y velocidades de la bola, el noruego ha de trabajar mucho la agresividad de sus golpes para no convertirse en un jugador pasivo."Su mayor virtud es la tranquilidad en la pista, sabe manejar las emociones en momentos difíciles", señala su entrenador en una entrevista para Tennistopic. Con sus 183 centímetros de altura, Ruud tiene en la polivalencia su mayor argumento, y así lo demuestran quiénes son sus referentes. "Intento mirarme en jugadores como Novak Djokovic y Kei Nishikori que tienen un nivel increíble", dijo el noruego a la organización del torneo Challenger de Sevilla.

Discreto y trabajador, Casper Ruud tiene la ilusión de hacer que el tenis sea un deporte mucho más popular en su país, algo que a buen seguro logrará si continúa progresando y mostrando ilusión en la pista. "Me gustaría que el tenis fuera mucho más seguido en Noruega y que la afición crezca". En Río de Janeiro ha dado un primer paso firme hacia su meta. Su techo no se puede pronosticar como tampoco si cumplirá con las expectativas, pero merece la pena ver jugar a este hombre silencioso. Tenis jugado por nórdicos, un ejercicio de calma.

