En un nuevo enfrentamiento entre la vieja escuela y la sabia nueva, fue la parte más tierna la que salió peor parada. Jo-Wilfried Tsonga remontó un partido ante David Goffin que parecía muy en su contra (4-6, 6-4, 6-1) para terminar cerrándolo con una amplia superioridad. El galo levanta en Rotterdam el 13º trofeo de su carrera, primero de la temporada, el cual le lleva a quedarse a las puertas del top10, posición que, casualmente, sí ocupará mañana el rival que venció hace unos minutos.
Dentro de las diferencias obvias que existían entre ambos finalistas, se esperaba una batalla equilibrada y sin favorito. De un lado la euforia de un talento de 26 años que en menos de 24 horas probará las mieles del top10, aunque no era suficiente premio. Del otro, la furia y experiencia de un veterano con ganas de hacerse un último regalo en sus últimos años en la élite. Estilo, altura, color, técnica, cabello… allá donde miraras, Goffin y Tsonga eran como el día y la noche, pero ambos se complementaban dentro de la cancha. En sus cinco enfrentamientos previos, 3-2 para el francés, aunque 1-0 para el de Rocourt en su único duelo sobre cemento.
Goffin llegaba tras borrar del mapa a un iluminado Dimitrov y cerrar con maestría el trámite ante Herbert, paseo peligroso antes de una gran final. Se notó que el motor estaba engrasado y por ello se colocó rápidamente 4-1 arriba en el set inicial. Engañoso, sobre todo por el pobre juego que hasta el momento proponía su rival. Los primeros compases dicen mucho de un jugador y su momento, de su hambre, pero no siempre acaban siendo determinantes. El de Le Mans fue rodándose y recuperó un break al instante, pero ya era demasiada cuesta, el asalto inicial se escapaba hasta tierras belgas por 6-4.
Quitando esos cinco primeros juegos de la primera manga, el resto del envite estuvo marcado por la igualdad de fuerzas. De momento. La reanudación marcaba el paso para ambos jugadores, si David era capaz de aguantar la presión de ir por delante o si ‘Goliat’ reaccionaba después de llevarse el primer golpe. Se dejaron ir hasta el noveno juego, donde el galo hizo los deberes con su saque y luego hizo travesuras desde el resto. Aunque tampoco mentiremos si decimos que a Goffin le temblaron un poquito las piernas. Hasta cinco pelotas necesitó Jo-Wilfried para empatar, pero lo logró, con idéntico marcador: 4-6.
El primer parcial se decidió por juventud, le faltaron piernas y ambición a Tsonga. El segundo, lo decantó la experiencia, le faltaron tablas y calma a Goffin. El partido estaba bonito y eso que esta vez no estaba Martin Klizan para iluminarnos con sus salidas de guión. Pocos imaginaban que justo el final de la segunda manga iba a significar el ‘final del partido’. Es decir, la desconexión del número 11 del mundo. El belga se quedó tieso, frágil, colgando de la cubierta de Rotterdam a merced de su enemigo. Y aquello lo vio Tsonga tan amable que se fue de lleno a por el título.

Pudo ser un rosco pero el de campeón no quiso hacer sangre (6-1). Su primer título del curso le lleva hasta la posición número 11 del ranking, volviendo a vestirse como el mejor francés de la clasificación (superando a Monfils). No es el más regular de los de arriba, eso seguro, pero siempre hay una semana por temporada donde Tsonga juega como los ángeles, donde se muestra imparable, donde es capaz de batir en línea a Muller, Cilic, Berdych y Goffin. Este año tocó en Rotterdam, su primera alegría en los últimos 17 meses.

