Ocurrió una única vez
Roger Federer busca lo que un solo jugador consiguió antes: levantar un grande siendo el 17º cabeza de serie. Y no fue cualquiera.
"Sigo jugando para ganar los grandes títulos". Lo dice Roger Federer en los días previos al comienzo de su 18º Open de Australia, torneo que ha ganado en cuatro ocasiones y en el que ha jugado hasta 12 semifinales. En su afán por llevar a cabo lo que cada vez parece más complicado -levantar su 18º Grand Slam tras casi cinco años sin lograrlo y tras un parón de seis meses-, Federer sigue teniendo en mente darse otra oportunidad. Nunca antes llegó al maindraw de un grande como cabeza de serie tan bajo desde Roland Garros 2001. Ahora es el número 17, un lugar desde el que intentará emular el único precedente que existe de ganador de un major partiendo desde la misma casilla.
Wimbledon 2001 supuso un cambio. Aquella edición fue la primera que experimentó el paso de 16 cabezas de serie a 32. Antes de dicha alteración el 17º jugador del ranking no tenía ningún privilegio. Y tras esta modificación únicamente en cuatro casos salió campeón un tenista ubicado más allá de los 16 primeros preclasificados: Goran Ivanisevic en Wimbledon 2001, procedente de la fase previa, Albert Costa en Roland Garros 2002, cabeza de serie número 20, Gastón Gaudio en Roland Garros 2004, no preclasificado, y el caso que relaciona el momento actual de Roger Federer, por partir como cabeza de serie número 17 y por las circunstancias análogas que puedan extraerse.
2001 ya había sido un año ciertamente complicado para Pete Sampras, aunque hubiese finalizado la temporada anterior como número 1 del mundo por sexta vez. En aquella temporada, la nueva generación se planta de golpe frente a él y lo tumba. Primero es el propio Federer en los octavos de Wimbledon y después es Hewitt en la final del US Open, rozando una paliza (76 61 61) con tintes de traspaso de poderes y de nuevo milenio. A Sampras le hacen ver que el tiempo se agota, por la derrota y por la forma. Una culebra de menos de 1'80 gobierna la pista sin fallar una pelota; es el nuevo ritmo que trae junto a Roger, Marat y Roddick, quien con los mismos argumentos tenísticos que Pistol Pete también se suma para incidir en su decadencia.
En 2002 los resultados son aún peores y nuevamente significativos, cayendo en Australia ante Safin, con Roddick en Houston, con Hewitt en Indian Wells, ante Fernando González en Miami, con Tommy Haas en Toronto, con Nicolas Kiefer en Halle o con George Bastl en 2ª ronda de Wimbledon. Resumiendo: record de 20-17 al llegar a Nueva York, caída hasta el 17º escalón y las dos generaciones que vienen por detrás situándole frente al espejo. Sampras, un ganador que no parpadeaba, desalmado en la victoria, transmitía impotencia en cada derrota. Su tiempo había llegado. Su espalda lo adelantó.
El que fuera el logo de la ATP consumó su trayectoria con el mejor episodio final posible, coloreando su brutal carrera con uno de sus triunfos más valorados, sin duda uno de los que más le acercó al público tras las circunstancias conocidas en esos últimos meses. Frágil y sin inercia y fuerzas aparentes, Sampras superó por el camino a Haas, Roddick y Agassi, para coronar su 14º título de Grand Slam y anunciar su retirada en todo lo alto, dejando el camino despejado para que las New Balls tomaran el testigo.
"Pienso mucho acerca de lo que pasé en los dos meses anteriores. Fue uno de los puntos más bajos que he tenido en mi carrera. Me sentía perdido, sin confianza. La situación con mi entrenador era un desastre. Me sentía muy triste con mi tenis". Sampras contrataba así a su tercer entrenador del año, volviendo a confiar en Paul Annacone, quien invirtió todos sus esfuerzos en el aspecto mental. "Se trataba de creer en mí mismo y en mi juego, y Paul me recordó quién era yo y qué había hecho en mi carrera. Todavía podía jugar a un nivel alto. No había razón para no hacerlo. No gané 13 torneos grandes metiendo faroles". Nadie se despidió como él. Llegó vacío y se marchó ganando.
Hoy, las circunstancias de Roger Federer son diferentes. Si bien su salud reciente no es la idónea, ocupa el mismo lugar en el ranking que aquel Pete y las generaciones posteriores no andan muy lejos de encaramarse hacia lo más alto, el suizo no está tan apagado como para marcharse tras una histórica victoria. Pero el dato queda en el aire para dar forma a dicha posibilidad y enlaza a dos jugadores que comparten, cada uno en su momento, una cosa: pocos los tuvieron, tienen, en cuenta para ganar su último grande.