Rafa Nadal brilla de nuevo para meterse en la final

El manacorí estará en la final de Abu Dhabi tras superar con brillantez y también con sufrimiento a Milos Raonic por 6-1, 3-6 y 6-3. Se las verá con David Goffin.

Rubén Pérez Serrano | 30 Dec 2016 | 18.00
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Rafa Nadal ha vuelto a cargarse al gigantón canadiense Milos Raonic en su camino hacia una nueva final del torneo de Abu Dhabi en Emiratos Árabes Unidos. El mallorquín se ha impuesto por 6-1, 3-6 y 6-3, desplegando un magnífico tenis en la primera manga, viéndose superado por un gran Raonic en la segunda y recuperando la confianza y la agresividad en el tercero para sellar su pase a la final donde tendrá al belga David Goffin como rival.

Se reeditaba la final del año pasado en Abu Dhabi. Rafa Nadal volvía a verse las caras con Milos Raonic, un rival que tradicionalmente se le ha dado bastante bien al manacorí. Con esa inercia tan positiva adquirida en el día anterior ante Berdych, el español salía a la pista de nuevo como un cohete. Más rodado lógicamente en el torneo que el canadiense, Nadal quebraba de entrada el gran baluarte del norteamericano, el servicio. Rapidísimo de piernas, muy intenso, complicando mucho las apariciones en la media pista de Raonic, forzaba sus errores con la volea para apuntarse el primer juego.

Eso sirvió como trampolín para Nadal que no hizo sino seguir mejorando y ganando prestaciones. El mallorquín traspasaba la pelota a cada golpe, pegándole con una fiereza inusitada, desarbolando por completo al gigante de Podogorica. El saque de Raonic se mostraba estéril, yermo, fútil para armar la recuperación. Nadal restaba a su antojo y zarandeaba al canadiense a placer para encontrar una nueva ruptura. La misma historia que ante Berdych, pero ante un rival de mayor entidad al servicio. Nadal, desencadenado. El aroma a rosco era perceptible ya en la central de Abu Dhabi. Raonic necesitó sacar a relucir su orgullo de gran sacador para estrenar su casillero al borde del 6-0. Más agresivo, sin nada que perder y agarrándose a la pista, Milos maquillaba el resultado y amenazana con quebrar a Nadal, pero no llegó a tanto la cosa. El zurdo balear, defensor del título, ponía el broche a la primera manga por 6-1. Otro recital de Rafa para abrir el partido. Inconmensurable.

Demasiado idílico había sido el set inicial. Todo demasiado perfecto. Era lógico esperar que Nadal levantara el pie del acelerador y que Raonic, furioso por el 6-1 encajado, metiera la quinta marcha para intentar la remontada y demostrar de qué pasta está hecho el finalista de Wimbledon 2016. Así fue. El canadiense ya había avisado en las postrimerías del primer set y en el segundo no hizo sino confirmar que ya estaba plenamente en el partido. Los saques eran más definitivos y los golpes de fondo más lacerantes para Nadal. El mallorquín perdía progresivamente el bastón de mando desde la línea de fondo. Se jugaba más a lo que quería Raonic. La balanza se iba decantando para el canadiense hasta que pudo conseguir el quiebre con el que se lanzó a por el set, que cerraría por 6-3. Un Raonic muy mejorado, entonadísimo y con ganas de remontar el partido. Rafa, ligeramente relajado y menos agresivo.

En la tercera manga Raonic salía más brioso que Rafa, con la firme intención de abrir brecha pronto. Nadal en cambio tenía otros planes. Apagó la rebelión canadiense y metió presión al resto para forzar los fallos de Raonic, que con una doble falta daba al español dos opciones de quiebre. Nadal aprovecharía la segunda con una fantástica bola a los pies de Raonic y haciendo estéril su subida. El manacorí se lanzaba y con 4-1 dejaba el partido muy encarrilado. No soltaría ya esa ventaja tan jugosa. Raonic daba colectazos de pez fuera del agua pero en vano, Nadal se mostraba firme. Con un tenis más propio del primer set, el español sellaba por 6-3 la tercera manga y su pase a la final del evento, donde chocará con el belga David Goffin. Nadal fue brillante pero también supo sufrir.