¿Qué hay después del "Big Four"?

Serbia, Suiza, España y Reino Unido atisban un abismo de jugadores de primer nivel que den relevo a cuatro de los mejores de la historia.

De la gloria al ostracismo hay una delgada línea de separación, y cuatro de las naciones que han vivido una apoteosis tenística en el último decenio, parecen aproximarse irremediameblemente al abismo. Estrellas como Novak Djokovic, Roger Federer, Rafael Nadal o Andy Murray se erigen en casos aislados, genios únicos y prácticamente irrepetibles que dejan una huella imborrable y una sombra demasiado alargada.

Una potencia tenística no es la que cuenta con la fortuna de tener un ciudadano con unas habilidades excepcionales, sino aquella que tiene con una infraestructura sólida que permite desarrollar el talento. España ha sido un ejemplo de ello desde los 90, con jugadores de primera talla, y es por ello por lo que se vive con escepticismo la falta de relevo generacional. El caso es aún más palpable en Serbia y Suiza, mientras que en Reino Unido parece haber brotes verdes con algún joven talento.

Federer y Wawrinka en Copa Davis

¿Qué ocurrirá en los países que se han vanagloriado de contar con cuatro de los mejores tenistas de la historia? ¿Se ha llevado a cabo una planificación a largo plazo que aprovechara el tirón de estos jugadores para involucrar a los más jóvenes y mejorar las bases del tenis? Existen particularidades entre los casos de Serbia, Suiza, España y Reino Unido pero hay un denominador común: las ganas de prolongar lo indecible la gloria de sus héroes y las dudas e incluso el miedo que da el panorama futurible.

Serbia

El tenista mejor clasificado serbio que tiene menos de 20 años es Miomir Kecmanovic, que cuenta con 17 primaveras y está situado en el puesto 792 del ránking mundial. Se hablan maravillas de un chico que forma parte de la prestigiosa IMG Academy de Florida y ya se dejó ver en el US Open junior 2016, donde alcanzó la final y cayó ante Felix-Auger Aliassime. Miomir quiere alejarse de los focos de atención e ir trabajando poco a poco fortaleciendo unas habilidades que los que le conocen bien, alertan que son extraordinarias.

Miomir Kecmanovic en 2016

Con una velocidad y habilidad de manos espectacular, y más en un tiempo en el que impera la potencia, Kecmanovic busca ir quemando etapas en su formación. Será difícil que no se le mire con lupa cuando comience a asomar por los mejores torneos del mundo. Y es que el tenis serbio no tiene muchas más referencias jóvenes, siendo Milan Drinic un jugador de menos potencial aparentemente mientras que Laslo Djere, actual 187 del ránking ATP a sus 21 años, parece difícil que pueda tener objetivos más ambiciosos que los de ser top-100.

Serbia vive acostumbrada, no solo a Djokovic, sino a jugadores de buen nivel como Tipsarevic y Troicki, y no parece sencillo que prolongue esa densidad de tenistas con opciones de competir contra los mejores.

Suiza

Que un país de apenas 8 millones de habitantes y unas condiciones orográficas y climáticas poco acordes con la práctica del tenis cuente con dos jugadores históricos, parece un milagro. Roger Federer y Stan Wawrinka se erigen en un sueño para el país helvético, afortunado por disfrutar de dos tenistas que han dado grandes alegrías a su país, no ya por sus triunfos en Grand Slam, sino también con medallas olímpicas y la Copa Davis de 2014.

Henri Laaksonen en 2016

Cuando Roger ha bajado algo el pistón, Wawrinka mejoró sus prestaciones y se convirtió en un tenista ganador. Pero ¿qué hay después? Todo parece recaer en los hombros de Henri Laaksonen, que a sus 24 años aspira a entrar en el top-100, estando ahora situado como 136. Se antojaba ilusionante el caso de Antoine Bellier, pero ya con 20 años parece estar lejos de alcanzar metas ambiciosas. En definitiva, un desierto para el país alpino.

España

Hasta el mejor paseo por la playa llega a las rocas. En algún momento tenía que llegar el final de una etapa dorada que parecía infinita en la que España ha llegado a tener hasta catorce jugadores entre los 100 mejores del mundo. Décadas de dominio sobre tierra batida y generaciones que han ido mejorando continuamente y han generado un ejército de jugadores capaces de ganar la Copa Davis en cinco ocasiones, todas ellas en el siglo XXI, y a tener representación en las últimas rondas de los grandes torneos.

Pablo Carreño en 2016

Rafael Nadal es la punta del iceberg y la representación de una pasión desmesurada por el tenis del país ibérico. Nombres como David Ferrer, Fernando Verdasco, Feliciano López o Nicolás Almagro pronto pasarán a la historia y dejarán un notable desasosiego en todos los aficionados españoles. Para atenuarlo, estarán Roberto Bautista, en plena madurez a sus 28 años, y Pablo Carreño-Busta, gran experiencia del tenis español ya que Jaume Munar, Pedro Portero o Carlos Taberner parecen lejos de poder ser jugadores de referencia en el futuro.

Gran Bretaña

Aún tienen cuerda para rato los Aljaz Bedene (nacionalizado hace apenas dos años) y Daniel Evans, inquilinos habituales del top-100, pero el tenis británico tiende a monopolizarse en el futuro tanto como lo está actualmente. Kyle Edmund parece el único jugador joven con un nivel suficiente para estar entre los mejores 50 tenistas del mundo.

Sería un error tratar de comparar a un joven rebosante de talento y potencial con una leyenda viviente como Andy Murray, pero hay esperanzas puestas en que Edmund siga creciendo y sea una referencia. Cameron Morrie y Liam Broady van sobrados de entusiasmo pero algo faltos de las capacidades necesarias para estar entre los mejores en unos años.

Kyle Edmund en 2016

En todo caso, no se puede esperar que salgan jugadores de esta talla, sino contar con un nutrido grupo de tenistas capaces de competir con los mejores. No son pocos los casos de naciones que han vivido épocas de vagas gordas y que, posteriormente, vivieron episodios de un inmenso vacío. Suecia se antoja el más flagrante, viendo cómo los Borg, Edberg, Johansson, Enqvist o Norman pasaron a la historia, y actualmente su mejor jugador es Elias Ymer, que ocupa el puesto 160 del ránking.

Incluso dos de las mayores potencias mundiales del deporte de la raqueta, como Australia y Estados Unidos, han tenido que afrontar recientemente un vacío generacional realmente destacable. Entre la hornada de Patrick Rafter, Mark Philippousis y un joven Lleyton Hewitt y la de Tomic, Kyrgios y Kokkinakis, ha habido numerosos años en los que el de Adelaida se ha erigido en un reducto de glorias para el tenis aussie.

Por su parte, Estados Unidos recuerda con añoranza los tiempos en los que McEnroe, Connors, Courier, Andre Agassi y Pete Sampras e incluso Roddick y Blake, situaban las posiciones altas del ránking, siendo John Isner el único yankee capaz de pelear con títulos. Ahora ven la luz al albur de una generación con nombres prometedores como Jared Donaldson, Frances Tiafoe, Stefan Kozlov, Michael Mmoh y, ya curtido y con actuaciones destacadas, Jack Sock.

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