En 2016 no hemos tenido la ocasión de ver a ningún tenista en el circuito masculino estrenar su cuenta de Grand Slams. Nadie ha tocado la gloria más absoluta del tenis por primera vez. Y no será porque falten candidatos: Milos Raonic y su primera final en Wimbledon, Kei Nishikori que ya se metió hasta la cocina en el US Open en 2014 o Dominic Thiem, que pegó un puñetazo sobre la mesa en Roland Garros plantándose en semifinales. ¿La temporada 2017 será la suya? ¿O los dos ‘números uno’ del circuito como son Murray y Djokovic no les dejarán? ¿Serán dos ilustres veteranos como Federer o Nadal quienes les agüen la fiesta?
Kei Nishikori. No es el primero en la lista por ránking pero desde mi punto de vista es el que más papeletas tiene en 2017. ¿Por qué digo esto? El japonés es ahora mismo el que posee un tipo de tenis más parecido al que triunfa en el circuito, un tenis sólido, compacto, muy rocoso desde el fondo de pista, que funciona a las mil maravillas tanto por la derecha como por el revés. No se puede decir que carezca de experiencia además. Quizás esa final perdida en el US Open de 2014 ante Marin Cilic le haya pesado demasiado, pero los sinsabores de la derrota ya los conoce y debería salir más determinado a la victoria en su siguiente tentativa. Los Grand Slams sobre cemento son sus mejores bazas aunque el nipón despliegue un tenis muy solvente en todo tipo de pistas. Por supuesto, sabe lo que es tumbar a las dos grandes raquetas del circuito en la actualidad como son Novak Djokovic y Andy Murray. Especialmente ante el británico, Nishikori muchas opciones. Un puntito más de confianza y determinación por su parte pueden darle la llave de la gloria próximamente. Desde que cediera en esa final del US Open hace dos años, Nishikori solo ha perdido en una ocasión con alguien del Big Four en Grand Slam (Djokovic en Australia 2016). Un par de derrotas ante Wawrinka y además tropiezos inesperados ante Tsonga o Gasquet en Roland Garros y retiradas en Wimbledon. El factor mental en partidos calientes con público en contra suya y el factor físico, tareas pendientes del japonés en 2017 si quiere levantar su primer ‘grande’.
Milos Raonic. El canadiense, el último en estrenarse en una final de Grand Slam tiene mucho hambre y pólvora en su raqueta para llegar a lo más alto. Lo demostró en ese Wimbledon 2016 y también en la reciente Copa de Maestros de Londres. Siempre bien asesorado con un enorme equipo detrás, el montenegrino de nacimiento es una firme apuesta para los Grand Slams en 2017. ¿Qué le falta? Algo parecido a lo que le falta a Nishikori: Fe en sí mismo en los grandes momentos y además que el físico le acompañe con mayor regularidad. En Roland Garros no estuvo a su mejor nivel cayendo con Albert Ramos y desde luego tampoco en Nueva York donde lo echó en segunda ronda Ryan Harrison. La victoria ante Federer en Wimbledon es un hecho al que aferrarse para creer en el canadiense en 2017. Las dudas ante Murray en Londres arrojan sombras aún sobre su rendimiento en los momentos más importantes del año. Exceptuando la tierra batida donde tiene una mayor desventaja, Raonic tiene armas de sobra para disponerse al asalto de un Grand Slam el próximo año.

Dominic Thiem. El joven austríaco es para mí la mayor perla de la nueva generación de tenistas. Un potencial brutal es el que alberga su raqueta. Tiros explosivos tanto de derecha como de revés, enorme adaptación a pistas rápidas donde no era tan bueno antaño y un hambre por comerse el mundo desaforado. El problema de tanto hambre es que se tornar en demasiada ansiedad en los momentos clave. Si bien no es justo culparle por ello debido a que es aún joven. Sería muy importante que fuera poco a poco transformando esa ansiedad en determinación. De conseguirlo, su futuro es esplendoroso. Roland Garros 2016 fue buena prueba de ello. La participación en su primera Copa de Maestros debería suponer un chute de moral y confianza decisivo para la temporada 2017. Me sorprendería que en los próximos tres años no consiguiera ganar un Grand Slam.
David Goffin. El pequeño jugador belga arroja bastantes más dudas sobre su desempeño futuro en los Grand Slams. Sobre todo en cuanto su capacidad para poder ganar uno. Ha demostrado en 2016 una regularidad fantástica llegando a la segunda semana de tres de los cuatro ‘grandes’. Si bien su tenis y su cabeza carecen aún de la personalidad suficiente para atreverse a dar un golpe realmente serio. Su tímido carácter y frío temperamento son fortalezas en muchos casos pero ante los grandes jugadores se tornan en desventajas. No es tan joven como para recurrir a una falta de madurez.
Lucas Pouille. En cambio, mejores sensaciones transmite este francés de 22 años. Su periplo por el US Open 2016 con esa magnífica victoria sobre Rafa Nadal demuestra hasta qué punto llega el atrevimiento del tenista galo. Muy variado en su tenis, creativo, aguerrido, con un despliegue físico portentoso y sin miedo ante los grandes jugadores. Sus octavos en Wimbledon son también dignos de mención donde echó del camino a Juan Martín Del Potro. Toda una revelación en este 2016 que apunta a seguir creciendo en 2017. ¿Para ganar un Grand Slam? Quizá resulte exagerada la idea pero tampoco descabellada.
¿Qué otros tenistas meteríais en esta lista? ¿Grigor Dimitrov? ¿El sempiterno Tomas Berdych? ¿Roberto Bautista? ¿Gaël Monfils? ¿O Nick Kyrgios?

