Pocos imaginarían que las dos semifinales del Masters 1000 de París-Bercy iban a terminar a la vez, pero así se dio. John Isner amarró el primer billete a la final del torneo francés tras batir en dos mangas a Marin Cilic (6-4, 6-3) en un duelo donde volvimos a recordar uno de los servicios más letales del circuito. De poco le sirvió al croata la celebración de anoche ante Novak Djokovic, hoy se vio un paso por atrás del gigante estadounidense. Y nada más cantar la bola de partido, saltó la bomba en la sala de prensa: Milos Raonic se retiraba por lesión. Por lo tanto, el americano ya conocía su rival de mañana, Andy Murray. El nuevo número uno del mundo.
Pero contemos algo del partido, el único disputado este sábado en París. Bienvenidos al tenis del futuro. Dos tenistas corpulentos, de buena talla, con un servicio demoledor y un drive para dictar sentencia. Por supuesto, Marin Cilic mucho mejor preparado para este tipo de citas y con un arsenal algo más extenso, pero encantado igualmente de jugar al saque y derecha. Pero jugar con un rival tan similar tan parecido a ti conlleva unos riesgos: quien primero se salga del guión, corre el peligro de perder.
Fue justo en el noveno juego cuando Isner decidió saltarse el guión prescrito y Cilic se quedó en blanco. Un break inesperado que el de Greensboro capturaba para segundos después cerrar la primera manga desde la línea de saque. Pan comido. Con tres aces firmaba John un 6-4 categórico para despertar a todos los allí presentes. Sí, era Marin el que venía de tumbar al número 1 del mundo y también era Marin quien estaría en una semana disputando la Copa de Maestros en Londres, pero bajo la cubierta de Bercy no estaba solo en la pista. Enfrente se hallaba el hombre con más servicios directos anotados en el presente curso, suficiente como para no dar nada por hecho.
Todos pensaron que era un mal comienzo, que habría reacción. No la hubo, ni siquiera un amago. Sí es cierto que Marin gozó de ciertas bolas de break a su favor al comiendo del segundo set, pero iba a ser el estadounidense quien de nuevo se llevara el gato al agua. Con 3-3 rompió la baraja, conservó su servicio y volvió a romper por segunda vez. Pletórico Isner, directo a su tercera final de Masters 1000, una corona que nunca pudo colocarse. Enfrente no lo tendrá fácil, Andy Murray llega en plena conquista del número 1 del mundo y con un día más de descanso. Aunque quizá tanto jolgorio y tanta felicidad puedan distraer al escocés de su antepenúltimo del curso. El penúltimo es Londres y el último ya lo tiene en su mano.

