He leído mucho y variado sobre Nick Kyrgios últimamente; si bien respeto todas las opiniones, les dejaré también mi humilde visión. Todo el mundo tenis ha visto el bochornoso desplante de Nick en Shanghái. Quiero intentar ser lo más analítico posible, y evitar el facilismo de caer encima suyo con todos los argumentos que, por seguro, dependiendo de por dónde se mire, contaran con algo de razón. Quiero escarbar profundo, e intentar dilucidar este tremendo acertijo que es el australiano. ¿Cuántos calificativos he leído y escuchado sobre él en estos días? No podría enumerarlos, son demasiados, de todas las tonalidades.
Como estoy convencido de que todos somos varias personas en una y somos capaces de saltarnos entre nuestros distintos yo dependiendo las circunstancias, primero voy a dar mi visión como fan de Tenis, como consumidor televisivo y mediático; los sucesivos caprichos, berrinches, malos tratos, actitudes de gánster, faltas de respeto a rivales, aficionados y árbitros de Kyrgios, NO me gustan en absoluto. No le hacen bien al tenis, deben ser sancionadas, deben detenerse. Ahora bien, como el ying tiene un yang, todo tiene un pero; si, también esta cuestión del tenista irreverente, impetuoso y excéntrico, carente de límites. Y con esto me refiero a que nadie, ni tú ni yo ni nadie, puede estar en la piel y en los zapatos del australiano. Nadie, excepto él.
Es tremendamente sencillo, convengamos, decir toda clase de barbaridades de Nick Kyrgios. Sus propias actitudes coadyuvan a esto, dando la sensación de que cada nueva escena que monta, es aprovechada para que los periodistas y aficionados continúen echando leña al fuego y que la expectativa y el morbo crezcan cuando él sale al court; ¿Qué locura hará hoy? Es impredecible.

Ahora bien, me pondré mi traje de psicólogo para continuar escribiendo sobre Kyrgios y el asunto cambiará radicalmente. Ciertos puntos parecerán obviedades, pero algo que considero un error fatal es dar por sentadas las cosas. Prefiero hablar de lo evidente, de lo visible y de lo no tanto, con el mismo nivel de agudeza.
Primero lo primero; muchas veces se nos escapa algo esencial, que de verdad es importante: ¿Qué es? Que Nick Kyrgios es un ser humano. Y como tal, es atravesado por múltiples emociones, pensamientos o comportamientos que evidentemente no sabe cómo dominar. ¿Acaso tú, que estás leyendo, jamás has insultado a alguien, o tenido un ataque de ira de cualquier tipo? ¿En serio? Hazte ver, es probable que tu ADN no sea humano. Me dirás que Kyrgios es una figura pública, inserto en un deporte de elite, una promesa que ya es más realidad que otra cosa. Sí, tienes razón. Pero yo también la tengo.
Kyrgios es una estrella en franco ascenso, hablando de su tenis. Tiene un talento extraordinario que ha sido reconocido por las voces más autorizadas de nuestro amado deporte blanco. Las luces lo siguen a donde quiera que va; pero más por paparazis que por periodistas de tenis, téngalo por seguro. Éste es mi segundo punto; la gente tiene tal morbo por las tonterías que hace Kyrgios, que se ha convertido en una especie de freak en el zoológico bizarro en que puede convertirte la prensa amarillista. Es un animal más, danzando al ritmo de los flashes de las cámaras. Quiero recordar una vez más, que lo que Nick Kyrgios hace no está bien, atentando severamente contra los intachables valores del tenis. Pero vaya, yo me pregunto por qué lo hace, de verdad me interesa.
Es sabido que todos los seres humanos somos diferentes; a medida que crecemos, hay diversos factores que van condicionando y moldeando nuestra personalidad, como la educación que recibimos, el ambiente familiar, los valores y las normas o nuestra interrelación con el mundo exterior. Hay cientos de puntos aquí que actúan a la par para conseguir forjar nuestra personalidad adulta, en la cual TODOS tenemos huecos. Con huecos, me refiero a que siempre hay algo nuestro que no nos gusta, que desearíamos cambiar, que nos cuesta terriblemente dominar. Vamos, sé autocritico y mira hacia adentro; ¡No eres perfecto! Nadie lo es, ni tú, ni yo. Nick Kyrgios, tampoco.

Entonces, voy al grano directamente; pienso que sería más precavido saber qué le sucede a Nick, antes de juzgarlo tan salvajemente. Así de simple.
¿Tiene que cambiar sus actitudes si quiere triunfar en el tenis? Sí.
¿Necesita tratarse con un profesional para poder mejorar su carácter? Innegablemente.
¿Debe aprender cualidades básicas como el autocontrol, el respeto y modales? Claramente.
Pero además...
¿Necesita algo de paz? Estoy seguro que sí.
¿Necesita que le dejen tranquilo, y no lo persigan o provoquen malintencionadamente para provocar esas reacciones que el morbo televisivo tanto desea? Claro que sí.

En su interior, Nick debe estar debatiéndose entre la estrella emergente y el cuasi adolescente irreverente y rebelde. Créanme, que cuando logre (si lo logra, si es lo suficientemente honesto con sí mismo y acepta que necesita ayuda), estaremos ante un tenista que marcará época, no tengo dudas. Por supuesto, es una opinión personal.
No me gustaría estar en sus zapatos en este momento. Ustedes, estimados lectores, dirán: "¡De qué habla este tipo! ¡Ya me gustaría a mí que me paguen 36.000 dólares por hacer berrinches!". Sí, a mí también. Pero les aseguro, y cualquiera que haya tenido algún desorden severo de carácter podrá sentir dentro suyo que mis palabras cuentan con raciocinio, que no hay dinero que alcance si estamos mal anímicamente, si estamos enojados, tristes, furiosos, impotentes o si tenemos problemas personales que todos desconocen. Ese dolor del alma no tiene precio, y yo no asevero rotundamente que Kyrgios tenga algo así, pero, ¿alguien se lo ha preguntado antes de caerle encima? Nick, ¿cómo te sientes hoy? ¿Amas jugar al tenis? ¿Cuál es el dolor que atraviesa tu alma? Tus actitudes, ¿no son un pedido desesperado de ayuda? ¿Contra qué no puedes, Nick?
Piénsenlo.

