Entre Federistas y Nadalistas

OPINIÓN | Con el paso del tiempo, la distancia entre los fanáticos del suizo y del español se va estrechando, conscientes de que uno y otro cambiaron el tenis.

El 2016 ha sido el primer año que nosotros, los aficionados al tenis, no hemos disfrutado de ningún partido entre Federer y Nadal desde el 2004. Durante doce temporadas consecutivas fuimos partícipes y espectadores de, en mi opinión, el mayor duelo que nos deparó el deporte mundial en las últimas décadas. Puede ser analizado desde aspectos económicos, de marketing, publicitarios, deportivos y con infinidad de miradas, todas de ellas válidas, pero hoy hablo como un apasionado de este deporte. Porque con ellos vibré, salté, me emocioné, lloré, festejé y hasta los puteé, lo reconozco.

El hecho de no ver a Roger o a Rafa juntos en una misma pista de tenis, peleándose (deportivamente) a muerte el uno con el otro, es sinónimo de que la llama se está apagando. Cuesta creerlo, todavía más aceptarlo, pero es así.

Lo he repetido en numerosas ocasiones: el tenis no será igual una vez que Federer y Nadal se retiren. Sobre esta afirmación personal, hay opiniones para todos los gustos y colores, como en la mayoría de temas que propone el ser humano. Pero yo lo tengo claro: habrá un antes y un después cuando estos dos animales del tenis digan adiós.

Soy consciente y sé que el tenis como deporte en sí está por encima de cualquier jugador y que el circuito ATP continuará su marcha como así lo viene haciendo desde hace años. Roland Garros tendrá nuevos campeones, Wimbledon permanecerá con el mismo lujo de siempre, llegarán nuevos números uno del mundo, el US Open seguirá vibrando con su jornada nocturna, torneos como el Godó o Halle continuarán su marcha como lo han hecho a lo largo de su larga historia, pero todos tendrán que transitar un duelo interno difícil de aceptar.

El tenis se va a quedar cojo cuando Federer y Nadal no aparezcan en el ránking de cada lunes. Totalmente herido durante varios años. Pasará una época complicada, viviendo el traumatismo Pos-Roger, Pos-Rafa. Y no intento hacer uno de esos textos modernos que intentan tocar la fibra divagando y enalteciendo figuras con puro humo. Lo digo de todo corazón. Necesitaremos de años de oscuridad para volver a ver la luz.

Hemos sido testigos primordiales de la época más grande y gloriosa del tenis mundial. Y no quiero que termine. Estoy esperando que el año que viene el tenis me devuelva la alegría de ver un Federer v. Nadal. Un Nadal v. Federer. Da igual dónde lo jueguen. La superficie me es indiferente. Así como el horario o el país. Quiero verlos juntos y es uno de mis deseos.

Lo peor de todo este trago amargo es aceptar que el adiós de estas dos leyendas puede estar a la vuelta de la esquina. Son años y años de carga física, lesiones de rodillas, operaciones, dolores de muñeca, problemas en la espalda y una presión que pocas personas experimentan a lo largo de una vida.

“El tenis es mejor cuando están Federer y Nadal”, comentó Andy Murray unos días atrás. Un hombre que sufrió parte de las derrotas más duras de su carrera precisamente frente a estos dos tenistas. Si lo dice Andy, que de tenis entiende un rato, será que algo de razón hay en esta frase que compartimos todos los fanáticos de este deporte.

Las diferentes épocas en el tenis son incomparables. Cada una con su estilo, su técnica, su condición física, su material deportivo y su tecnología, pero lo que sí se puede analizar es la grandeza de los deportistas. Lo que generan tipos como el suizo o el mallorquín, el arrastre de aficionados que se atrincheran como soldados para verlos entrenar en una pista auxiliar, la gente que llena los estadios cuando compite uno u otro, los millones que mueven y lo que generan fuera de las canchas es inigualable. Algo que ningún otro tenista puede ni siquiera llegar a alcanzar de cerca.

Pongan a Federer a jugar un partido en Mozambique, va a llenar el estadio. Métanlo a Nadal a hacer una exhibición en el desierto del Sultanato de Omán y también va a poner las tribunas a reventar. Van a generar un espectáculo nunca antes visto haya donde vayan. Son dos mitos vivientes del deporte y probablemente no haya jugadores que reúnan tantas cualidades y valores del tenis como estos dos juntos.

Y si hay algo que me pone los pelos de punta es ver que la distancia entre Nadalistas y Federistas, si se les puede llamar así a los aficionados de uno y otro, se van estrechando con el paso de los años. Cuando antes había cierto recelo hacia el otro, ahora hay admiración. Si unos años atrás se contaban los éxitos de cada uno por separado, ahora se los suma para ver el global de lo que reunieron entre los dos y así revientan los récords por los aires. Explotan los números y las cifras hasta dejar en ridículos a aquellos gladiadores que tienen 2, 4, 6 y hasta 8 Grand Slams.

Federer y Nadal son y fueron rivales pero jamás enemigos. Cosa que todavía revaloriza más la figura de ambos. La perspectiva permite el juicio, la reflexión y poner los pies en la tierra. Con la distancia se valora más al otro y nos damos cuenta de que todo lo que disfrutamos, vivimos, aprendimos y sufrimos es una huella irrepetible que pega directamente en el corazón de cada uno de nosotros.

Los éxitos y las desgracias de los hombres que suman 31 Grand Slams pueden haber sido vividas desde un lado u otro. Con un toque suizo o un gusto español. Desde la elegancia de uno hasta la garra del otro. Lo que queda claro es que Roger Federer y Rafael Nadal, dos máquinas tan diferentes como perfectas, son dos monstruos que cambiaron la historia del tenis para siempre.

Comentarios recientes