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Depender de uno mismo

Alejandro Arroyo - 11 oct 2016 | 18:49

OPINIÓN | Depender de uno mismo en un deporte actualmente tan exigente como éste es posible. Y lo es porque, menos mal, hay espacio para todo

No es necesario que la opinión pública y mediática se aclare en pos del pensamiento único. Para muchos el tenis está evolucionando hacia la potencia sin estrategia, hacia el físico vertical que quema la pelota gracias a los materiales; para otros la misma evolución física ha permitido mantener bajo control a estos perfiles, restando un saque a 230km/h con las nuevas raquetas, basando en la consistencia táctica y la estandarización de las principales superficies su dominio sobre otros patrones. La respuesta no es cerrada. ¿No es posible que el tenis viva de la correlación de fuerzas? A fin de cuentas, esto es un juego de dos, y cada corriente y escuela puede y debe alimentarse de las demás.

A este respecto, un caso especialmente interesante es el de Nick Kyrgios, que con afan o sin él, parece discutir cualquier canon metodológico, táctico e incluso social sobre lo que viene siendo un profesional de superélite en los últimos 20 años. Uno puede recopilar todas sus salidas de tono, sanciones, polémicas ruedas de prensa, y cotejarlo con su rendimiento en la pista:

2012: Nº 834 del mundo

2013: 182

2014: 52

2015: 30

2016: actual 14 del mundo, con posibilidades de acabar en el top-10.

Es difícil de explicar y relacionar tanto descontrol emocional dentro y fuera de la cancha con una evolución tan lineal y equilibrada año tras año. Que no le afecte, que consuma etapas mientras su imagen cae en picado, mientras grandes leyendas desaconsejan sus modos, mientras, a fuerza de ganárselo, le llueven los palos. Kyrgios es su propio camino, y aunque trate de matizarlo en el futuro, así va a ser y así se agradecerá.

Relacionamos progresión con trabajo, orden y mentalización. Más en un deporte individual en el que estando solo en pista, alcanzar tu máximo únicamente parece ser posible estando tan acompañado como puedas fuera de ella para compensar esa soledad. Y Kyrgios... no tiene entrenador. Y estrenó hace un par de semanas, siendo top-20 mundial, preparador físico propio. Esa individualidad en pista tan exclusiva de un deporte como el tenis, permite que después de casi 150 años de evolución, en plena era de la extrema profesionalización, tenga cabida el depender de uno mismo.

Definir el juego de Kyrgios es hacerlo a través de una sucesión de prodigios técnicos, sostenidos por el don del talento, para los que siempre habrá oportunidad de ganar por bueno que sea su oponente. Siempre hay detrás miles de repeticiones, pero en su caso, todas fruto de la naturalidad. Tanto o más que necesario, que existan jugadores que entiendan el tenis como motivo de independencia, técnica e inspiración es una suerte. Vendrán sus opuestos a reclamar su parte, a derrotarlo desde otro concepto, a conquistar aficionados que Kyrgios nunca podrá. El tenis no camina hacia ninguna deriva mientras la globalidad del juego esté bien representada. Kyrgios es un fenómeno y representa algo muy específico que tiene espacio propio porque su deporte, conceptualmente, es pura tolerancia.