Cuando alguien llega a lo más alto del ranking representa, quizá, la máxima expresión de triunfo que pueda firmarse en el tenis profesional. El movimiento definitivo que te hace pasar a la historia, ser recordado, ser casi inmortal. A Jelena Jankovic hace mucho que le tocó convivir con esta sensación (2008) pero todavía guarda todo el amor por este deporte que tanto le ha dado. La serbia expresa en esta mini-entrevista su cansancio tras tanto tiempo en la élite, aunque también reitera sus ganas de seguir peleando por cosas importantes.
La estricta actualidad nos manda a Wuhan, donde la de Belgrado se despidió en tercera ronda ante Barbora Strycova en un duelo que parecía en sus manos. “Tuve muchas oportunidades, empecé muy bien. Lo tenía todo bajo control y de alguna manera, un par de juegos malos en el segundo set, me hicieron perder el impulso y el ritmo para devolver a mi oponente de nuevo al partido. Después he tenido opciones para reengancharme en el tercer set, pero en los momentos importantes no he sido lo suficientemente valiente, me ha faltado fe”, revela la veterana en su charla con Carole Bouchard.

“No he buscado mis golpes ni he creído en mi juego. Estaba esperando a que ella fallara y eso no iba a suceder. Me ha costado mucho controlar mis emociones. Si hubiera sido más valiente, si hubiera jugado de la forma en la que puedo jugar, entonces habría cerrado el partido hace mucho tiempo. Pero por desgracia no he disputado demasiados partidos este año y creo que eso se nota. Estoy un poco oxidada, superada a veces, me cuesta tomar las decisiones correctas en el momento adecuado”, confiesa la campeona de 15 títulos WTA.
Con 31 años ya en el carné y como profesional desde el 2000, Jankovic destapa la dureza de la presente temporada. “Ha sido un año difícil porque he tenido dos rupturas en mi hombro y no fue fácil volver y sentirme cómoda en la pista. He perdido mi fuerza y también músculos. Sin ese músculo especialmente, no puedo hacer nada, lo utilizaba para todo. Todavía estoy lejos de mi mejor forma, pero en este momento estoy feliz de estar en la cancha y competir. Me perdí un montón de torneos y, en los que he jugado, he notado que he vuelto demasiado pronto, pero lo único que quería era estar ahí fuera y jugar”, subraya la actual número 39 del mundo.
“Yo no quería perderme Roland Garros, así que acudí aunque fuera con el 20% de mis capacidades y sin grandes expectativas. Eché de menos los Juegos Olímpicos, toda la gira en pista dura y llegué a la US Open estando todavía muy frágil, con bastantes dudas por estar allí. Tenía miedo de lesionarme de nuevo. Ahora no estoy jugando con libertad”, enumera una de las pocas números uno de la historia sin Grand Slams en su maleta.

Pero llegó la gira asiática, su favorita, allí donde la semana pasada pisaba final en Guangzhou. “Es agradable estar ahí, ser parte del evento y estar compitiendo, luchando. Hay un montón de cosas que debería haber hecho mejor, pero es también una cuestión de confianza. Al competir semana tras semana una está siempre en esa predisposición para ganar los partidos, entonces juegas un poco más relajada. Pero cuando no lo has hecho en mucho tiempo... ocurre lo que me pasa a mí, la dura realidad”.
¿Y entonces por qué sigue? ¿Por qué seguir peleando a los 31 años ante jugadoras de diez años más jóvenes? “Ahora es todo un poco diferente. Cuando era más joven disfrutaba de cada pedacito, estaba muy feliz de estar en la pista y simplemente divertirme jugando. Realmente yo no tomo esto como un trabajo, era más como un juego. Me encantaba correr y devolver esas pelotas. Ahora después de jugar durante tanto tiempo es diferente: todavía me encanta el juego, me encanta competir, pero este año ha sido muy duro. No me gusta estar en un consultorio del médico haciendo rehabilitación y múltiples terapias. Esa fue la parte difícil. Y claro, luego volver de cero, perdiendo todo. Fue difícil aceptar el hecho de que muchas de las cosas que yo solía hacer con facilidad ya no podría hacerlas más, que se necesitaría una gran cantidad de tiempo para recuperar el nivel en el que estaba”, solventa Jelena.

“Nunca estoy satisfecha, siempre pienso que puedo hacerlo mejor. Esto es lo que me empuja a jugar. Pero para ello tengo que estar sana, jugar con una sonrisa en mi cara. Incluso si pierdo pero estoy sana, soy feliz. Jugar con dolores es algo muy frustrante. Hoy he perdido, pero estoy feliz de estar en una sola pieza”, concluye.

