Carlos Moyà y su familia fueron ayer los protagonistas del programa 'Mi casa es la tuya', donde Bertín Osborne nos acercó un poco más sobre la vida del ex-tenista y ahora entrenador. Además de enseñarnos su impresionante casa, Carlos contó varias historias de su época de tenista muy interesantes.
Cuenta que empezó a jugar a los 3 años, junto a sus hermanos, dando con la pelotita al frontón. "Mi sueño desde pequeño era ser jugador de tenis. En Mallorca, en los años 80, donde no había nada, era como decirle a tus padres que quería ser astronauta", relata Moyà. "Con 14 años me quisieron llevar a Barcelona pero mis padres decidieron que debía seguir estudiando todavía", añade. Su madre cuenta que no quería que se fuera de casa siendo tan pequeño. "El entrenador nos dijo que tuviéramos en cuenta que estábamos jugando con el porvenir de nuestro hijo pero yo dije que me daba igual, que si tenía que ser profesional, ya estaría a tiempo", explica Pilar, madre de Carlos.
"Fue la mejor decisión que se pudo tomar", asegura Carlos. "Con 17 años sí que se me ofrece la posibilidad de entrar en el CAR, con los mejores juniors. Los inicios no fueron muy buenos, me costó mucho irme, te sacan de tu zona de confort. Yo era el mejor de aquí y en Barcelona era uno más. No había internet, tenía que ir a la cabina a llamar por teléfono. Los primeros 7 meses fueron duros, llorando... mis padres diciéndome que volviera. Y al verano siguiente, me voy al campeonato de Europa junior y lo ganó. Ese fue el punto de inflexión que me hizo ver que podía ser tenista", reconoce.

Carlos recuerda su Open de Australia en el año 97, cuando con sólo 20 años disputó la final ante Sampras. "En Australia me cambia la vida. Es como si me hubiese ido a otro planeta. Es como si se hubiese dado la vuelta al mundo. Gané a Becker en primera ronda y llegué a la final. Hacía 30 años que un español no hacía final allí. Mis padres me iban contando que se estaba montando una buena pero cuando llego a España... seguridad, un montón de gente en el aeropuerto... como cuando vienen los futbolistas. Todo eso, cuando dos semanas antes no me conocía nadie. Fue un cambio brutal y costó adaptarse a eso", declara.
Sigue siendo recordado aquél saludo que dijo durante su speech. Su '¡Hasta luego, Lucas!'. "Eso fue increíble. Yo no pensaba que iba a tener esa repercusión. Yo creía que no iban ni a retransmitir la entrega de trofeos. Yo hice una apuesta de que si llegaba a la final, decía eso. Cuando lo dije, nadie entendía nada. Hay gente que todavía recuerda eso. No me recuerdan por ser número 1 ni nada, me recuerdan por el 'Hasta luego, Lucas'", confiesa entre risas.
Moyà era conocido por su carácter bromista en el circuito. Recordó algunas anécdotas de sus trastadas con los miembros de su equipo como cuando le metió en la mochila de su fisio durante un viaje un kilo de azúcar en una bolsa transparente. Habló con un amigo suyo policía para al aterrizar, le mirara dentro y dijera que era cocaína. Pere Salas, su fisio, recuerda aquél momento entre risas. "Las piernas me temblaban, tenía la boca seca. Fueron unos segundos, pero que a mí se me hicieron interminables", explica el fisio.
Pere revela una de las gamberradas recurrentes que solía hacer Moyà, como la de tirarse pedos en sitios públicos y echarle luego las culpas a él. "Claro, la gente nunca se imaginaba que Carlos pudiera hacer una cosa así. Y él te señalaba como diciendo: '¿Qué haces?'", comenta entre risas su fisio.
Moyà fue una figura importante en los inicios de Rafa Nadal. "Yo le intenté ayudar. Le llevo 10 años y es normal que él quisiera seguir mis pasos siendo además de la misma isla. Luego no sólo no los siguió, si no que dejó los míos a la altura de los tobillos". El mallorquín cuenta que Rafa se sintió mal la primera vez que le ganó oficialmente. "Me fue a dar la mano como diciendo: 'Tío, lo siento, que te he ganado'. Y yo le decía que era normal, sería la primera de muchas. Me contó luego que su abuela le llamó diciéndole que cómo se le ocurría ganarme a mí", explica.
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