Es sin duda una de las historias de la temporada. Una jugadora que apenas contaba con un título profesional, que nunca había estado dentro del top30, que afronta sus primeros Juegos Olímpicos y que, sin embargo, se acaba colgando el Oro por pura convicción. Monica Puig se ha convertido en referente mundial debido a la fe en sí misma pero también por su increíble tenis. Con 22 años y toda la carrera por delante, esta joven ha mostrado cuáles son realmente sus armas en Río 2016. Ahora es momento de repetir el ejercicio durante las próximas semanas.
"Es increíble. Estoy muy contenta. Esta medalla vale oro. Voy a representar a mi país hasta que me muera. ¡Viva Latinoamérica!", expresó la de Puerto Rico en rueda de prensa tras imponerse a Angelique Kerber en la gran final. “Tengo muchísima fe en mí. Sabía que iba a ganar un torneo pronto, que sólo tenía que ser paciente, pero no imaginé que fuera a llegar tan pronto", añadió la campeona de Estrasburgo 2014, hasta el día de ayer, su única corona WTA como profesional.
"Esta mañana traté de no pensar en el partido, mantenerme relajada, pero estaba viendo vídeos de ella, de Angelique, para ver cómo enfrentarme a ella, preparándome. Por la mañana he tomado confianza de lo que podía hacer y lograr. Espero que esto suponga un salto hacia los primeros puestos del ránking pero quiero disfrutar de esto", reconoció la mujer que sorprendía a todos el pasado mes de noviembre al confesar que su objetivo esta temporada era la medalla olímpica en Río. Y no una cualquiera, sino la de Oro. Sueño cumplido.

"Aún no sé ni cómo lo voy a celebrar. Soy una jugadora bastante agresiva y apasionada. Tengo una actitud 'cojonuda', llevo el fuego boricua dentro de mí", asevera Puig, la primera deportista de la historia en darle una medalla de Oro a Puerto Rico, el país que la vio nacer y al que desea volver cuanto antes. "Espero ir pronto. Cada vez que escuchaba 'Sí se puede' me decía a mí misma 'tú puedes'. Todo lo que te propongas en la vida se puede conseguir con esfuerzo. Ésta es la prueba", concluyó Mónica. Seguramente, la mujer más feliz del mundo en estos momentos.

