De Milos Raonic en los últimos años se decía que sería el siguiente número 1 ATP después de que el Big Four se echara a un lado. Él y Nishikori cargaron con la presión de tener que apartar del camino a cuatro tenistas que han dominado el tenis mundial durante los últimos 14 años y además, ser los primeros tenistas en la historia de sus países en soñar con hacer algo grande en un Grand Slam. Hoy, 10 de julio de 2016, el canadiense pisará por primera vez en su carrera la final de un major y lo hará habiéndose labrado él mismo su camino.
Por sus armas, un saque increíblemente potente y una derecha mortífera, siempre se pensó que sería Wimbledon el torneo que mejor se ajustaría a sus prestaciones y allí donde podría dar "el pelotazo", tal y como él mismo lo definió en varias entrevistas. "Mi intención es dar un pelotazo en un torneo de Grand Slam. Llevo años preparándome y ahora me veo capaz de hacerlo", comentaba el canadiense el año pasado en el torneo de Madrid. Ahora tiene la mejor oportunidad de su vida para hacerlo.

Y es que el cuadro de Milos en este Wimbledon no ha sido nada sencillo. Ha tenido rivales realmente complicados como Pablo Carreño, Andreas Seppi, Jack Sock, David Goffin, Sam Querrey y Roger Federer. Nadie le ha regalado nada. Si está en la final, es por mérito propio. El canadiense es el tercer mejor tenista del año, demostrando su gran regularidad y es que en este 2016 ha dado un pequeño paso adelante en su confianza, haciéndole mucho más peligroso. Lo único que necesitaba es encontrar la estabilidad física ya que ha tenido varios contratiempos como esa semifinal ante Murray en Australia donde iba ganando por dos sets a uno cuando se lesionó, o a esa final de Indian Wells ante Djokovic a la que llegó muy justo y en la que apenas pudo hacer dos juegos.
A pesar de estar haciendo historia para Canadá, ya que es el primer tenista de la historia del país que pisa una final de Grand Slam, Raonic no explota emocionalmente ni cuando derrota a Roger Federer en la Catedral del tenis tras una magnífica remontada. Sigue siendo un chico muy calmado que apenas muestra sus emociones en pista y que durante los intercambios le gusta cerrar los ojos y hacer como que toca el piano con sus dedos como ejercicio para mejorar su concentración. No es nada fácil sacarle fuera de un partido y siempre esperará su momento, con su cañón en el brazo, dispuesto a derribar cualquier muro que se le ponga por delante.
En el pasado torneo en Queen's, Milos ya comprobó de primera mano cómo sería una final en hierba ante Murray. En aquella ocasión, un par de detalles decidieron el encuentro y es que con su tipo de juego, apenas deja lugar a que los rivales puedan hacer su tenis. Él intenta imponer siempre el suyo, cortando el ritmo en todo momento. Cada vez se mueve mejor por la pista a pesar de su tremenda altura. Cada vez es un mejor tenista y en este Wimbledon lo hemos comprobado.
¿Logrará Raonic dar la sorpresa y derrotar a Andy frente a su público? Seguro que opciones tendrá muchas. Pase lo que pase, es su momento. Le toca disfrutarlo. Se lo ha ganado.

