El primero de muchos

Nick Kyrgios derrota cómodamente a Marin Cilic en la final de Marsella (6-2, 7-6) y captura su primer título como profesional. 

Sabíamos que este día amenazaba con llegar, pero no sabíamos que lo haría tan pronto. Nick Kyrgios cerró una semana inolvidable con su primer título ATP bajo el brazo y con la sensación de que solamente estamos ante la primera conquista de una larga lista por delante. El australiano derrotó a Marin Cilic (6-2, 7-6) en la final en sets corridos y ya puede autodenominarse a sí mismo como campeón. Ahora sí, aunque sea dentro de los límites que cercan el Open 13 de Marsella. Con la subida de mañana (del 41 al 31) volverá a acercarse al top30 mundial, aunque con tanto talento su objetivo no se puede centrar en metas tan mediocres. En su raqueta tiene talento pero llegar donde él quiera.

El camino de Kyrgios a lo largo del cuadro francés había sido, como poco, sobresaliente. Cuatro triunfos sin ceder un solo set con los destacados dos últimos triunfos ante Richard Gasquet y Tomas Berdych, es decir, dos actuales miembros del top10 de la ATP. Nunca había logrado tal proeza en un torneo, de hecho, desde Juan Martín Del Potro en el Us Open 2009 no se había dado con esta situación con un jugador tan joven como protagonista. Pero Nick es diferente, en todos los aspectos. El de Canberra no se conformaba con lo acontecido, quería dar ese paso de más para alcanzar la copa con la que estrenar su palmarés.

No debía ser fácil con Marin Cilic en la final, alguien que ya cuenta con 14 títulos profesionales, siete de ellos en calidad indoor. Un especialista de los que ya no quedan sobre cubierto que también buscaba aquí su primer título, pero del año. En 2011 ya lo intentó sin suerte al caer en la final ante Robin Soderling, así que la vida le había puesto en bandeja una segunda oportunidad. Bandeja, sin embargo, envenenada por un chico de 20 años que cada vez que golpea una pelota al otro lado de la red está enviando una carta de presentación sobre su estilo: potencia, agresividad, clase y descaro. Todo esto construido desde los cimientos, desde la línea de saque y un monstruoso 95% de puntos ganados con primer servicio.

Kyrgios decidió hacerlo fácil en el primer set y calentarse en el segundo. Avanzando con su característico desorden organizado y dejando siempre alguna nota extradeportiva de cara a la galería. Él es así y, si cambiara, ya no sería el mismo. Lo que no pudo ser en Estoril no se podía resistir en Marsella, por lo que tuvo que ser en el tiebreak donde terminara de sentenciar al croata. Allí volvió a mostrar sus mejores armas, su saque y su derecha, para convertirse en el tenista más joven del mundo en ponerse una corona de campeón. Con 20 años, el futuro más próximo está en las manos del australiano. Lo dicho, hoy solo fue el primero. Llegará hasta donde él quiera.

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