¿Qué es el dispositivo que usa Sinner en su brazo mientras entrena de cara a Wimbledon?

El italiano ha sido cazado utilizando un dispositivo en su brazo izquierdo, que ha despertado curiosidad e interés en la comunidad del tenis.

Jose Morón | 17 Jun 2026 | 14.09
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¿Qué es el dispositivo que usa Sinner mientras entrena de cara a Wimbledon?
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La imagen de Jannik Sinner entrenando en Montecarlo, de cara a Wimbledon, con un pequeño dispositivo adherido al brazo ha despertado el interés de más de uno, preguntándose qué es ese aparatito que usa el tenista de San Candido. No es nada raro, sino que se trata de un sensor conocido como CGM, que sirve para medir la glucosa.

Ante esa imagen de Jannik Sinner entrenando con el dispositivo, se abrió una pregunta lógica: ¿por qué un tenista de élite necesitaría medir su glucosa? La respuesta no tiene que ver necesariamente con una enfermedad, sino con una tendencia cada vez más extendida en el deporte profesional: usar datos internos del cuerpo para entender mejor el rendimiento, la recuperación y los momentos de bajón energético.

El contexto ayuda a entender por qué Sinner, asesorado por sus médicos, ha querido mirar a su glucosa para entender ciertas cosas que le podrían estar sucediendo. Tras su episodio físico en Roland Garros, donde llegó a sentirse desorientado, sin energía y con náuseas, varios medios italianos explicaron que Sinner se sometió a controles médicos en Italia para aclarar qué había detrás de aquel colapso. 

La Gazzetta dello Sport informó de pruebas en el J Medical, mientras que Rai News habló posteriormente de exámenes más profundos en el Hospital San Raffaele de Milán, antes de su regreso a Montecarlo para preparar Wimbledon. Es probable que de todos estos estudios surgiera la idea de estudiar cómo responde su glucosa a diferentes estímulos, para entender lo que le podría estar pasando en esos momentos donde su cuerpo baja a nivel físico en días de mucho calor.

Qué mide realmente ese dispositivo que usa Sinner

El aparato que se observa en el brazo de Jannik Sinner parece un sensor de monitorización continua de glucosa, conocido como CGM. No mide directamente la sangre en cada instante, sino la glucosa presente en el líquido intersticial, bajo la piel, y permite ver tendencias durante el día: subidas tras comer, caídas durante el esfuerzo, respuestas al calor, al estrés o a la falta de recuperación.

En personas con diabetes, estos sensores son una herramienta médica consolidada. En deportistas sanos, su uso es diferente: sirve para encontrar patrones. Un tenista puede comprobar si llega a un entrenamiento con suficiente energía disponible, si sufre bajones durante sesiones largas o si determinados alimentos le provocan picos y caídas bruscas.

Por qué puede interesarle a Sinner

El tenis moderno es un deporte de esfuerzos repetidos, con partidos que pueden alargarse durante horas y condiciones ambientales extremas. En París, el calor fue señalado como un factor importante, aunque el propio Sinner dejó claro que no quería reducirlo todo a la temperatura. Ahí entra la ciencia: un golpe de calor, una deshidratación parcial, una mala reposición de carbohidratos o una respuesta metabólica anómala pueden generar sensaciones parecidas como fatiga repentina, mareo, debilidad o falta de lucidez.

No era la primera vez que Sinner sufría algún problema como ese, en días similares. Ya le vimos sufrir algo similar en Australia, ante Spizzirri, o en Shanghai, ante Griekspoor, teniéndose que retirar del partido, incluso.

La evidencia científica sobre CGM en deportistas apunta a que estos sensores pueden ayudar a individualizar la nutrición y detectar episodios de hipoglucemia asociada al ejercicio, aunque también advierte que no deben interpretarse como una verdad absoluta ni como un predictor directo del rendimiento. Los estudios remarcan que las respuestas de glucosa son muy individuales y que el dato necesita contexto médico, nutricional y fisiológico. 

 

 

Un paso más en el control del rendimiento

Lo que está haciendo Sinner, por tanto, no parece una rareza, sino una forma de prevención. Después de un episodio tan extraño como el de París, su equipo busca respuestas: análisis sanguíneos, revisión cardiológica, estado de hidratación, estrés térmico, carga de entrenamiento, recuperación y metabolismo energético.

El sensor de glucosa sería una pieza más de ese rompecabezas. No gana partidos, no evita por sí solo un golpe de calor y no sustituye al criterio médico, pero puede ofrecer información valiosa para ajustar comidas, descansos y entrenamientos. En un deporte donde una mínima caída física puede cambiar un Grand Slam, conocer cómo responde el cuerpo por dentro empieza a ser tan importante como saber golpear la pelota.