Una nueva final en el calendario ATP y un protagonista que no se cansa de levantar trofeos. En la mayoría de veces, el de campeón. Novak Djokovic ha vuelto a arrasar esta semana a cualquiera que osó con plantarle cara y por eso parte como el gran favorito en este último duelo del Masters 1000 de Shanghai. Por eso y por todo lo que lleva haciendo durante la temporada. En muchas ocasiones, pasearse. Jo-Wilfried Tsonga será el hombre con la misión más complicada del mundo, ganarle una final al serbio. Esta año ya lo hicieron tres personas, algunos incluso repitieron, con lo que estamos ante un reto utópico pero no imposible.
El número uno del mundo llega a la final, al igual que hiciera hace una semana en Beijing, sin ceder un solo set por el camino. Esta vez su media ha sido perder 18 juegos en cuatro partidos, una barbaridad teniendo en cuenta que por su camino han aparecido hombres como Feliciano López, Bernard Tomic o Andy Murray. Más ha tenido que sudar Tsonga, con un encuentro más en sus piernas, que se ha visto obligado a tumbar a las raquetas de Kevin Anderson o Rafa Nadal, dos jugadores que se encontraban en su mejor momento de la temporada.

Entre ellos se conocen bien y no solamente por los casi 20 enfrentamientos que han tenido en su carrera y donde domina el serbio por 13-6. Juntos se hicieron “mayores” alcanzando aquella final de Australia 2008 siendo unos retoños en la cual Tsonga empezó mordiendo pero acabó siendo Djokovic quien conquistara su primer Grand Slam, un cetro que todavía se le ha resistido al francés. Llevaba el Novak nueve citas ganadas de manera consecutiva, hasta que llegó Canadá 2014, donde el de Le Mans cortó la racha y no solo eso, sino que se deshizo de hasta cuatro top-10, uno detrás de otro, para sumar su segunda corona en Masters 1000. Ahora el galo busca la tercera en su cuarta final en esta disciplina. Por su parte, el de Belgrado ha disputado siete torneos de esta categoría este año y en todas alcanzó la final. Es una osadía promover la comparación.
El juego de Djokovic no tiene ahora mismo ninguna fisura en ningún aspecto, ahí la gran dificultad que tendrá Tsonga mañana: poner en apuros a una máquina casi perfecta. Su saque y su derecha son sus principales armas, pero ante Nadal ha mostrado también un gran revés con peso capaz de bloquear al mismísimo rey del intercambio. Incluso en la red ha estado acertado. No debería de ser una final sencilla para el balcánico, aunque si saca todas sus armas y sobre todo, su nivel superlativo de competitividad, el francés puede acabar volviéndose loco con los cambios de dirección y ritmo del número uno.

Habíamos estado esperando a Tsonga durante todo el 2015 y por fin en el último tramo se ha dignado a aparecer. Primero conquistando Metz y ahora llegando a la final de Shanghai por primera vez en su trayectoria. Además, pase lo que pase, de aquí saldrá como top-10 y con serias posibilidades de copar un puesto para Londres. Recompensas muy diferentes las de Djokovic que lucha por sumar su noveno galardón del calendario y el número 25º en Masters 1000, tercero en el certamen asiático. Sin perder un solo encuentro desde la final de Cincinnati, el pupilo de Boris Becker intentará hipnotizar una tarde más al aficionado del tenis y mantener el soliloquio al que nos tiene acostumbrados.

