Rafael Nadal derrota a Mikael Torpegaard: 6-4, 6-3 y 6-2. España se adelanta en Dinamarca (0-1) en la eliminatoria que puede asegurar su permanencia en el Grupo I de la Copa Davis.
En Odense, la ciudad que vio nacer a Caroline Wozniacki, España dio el primer paso del largo camino que deberá recorrer para regresar al Grupo Mundial de la Copa Davis. Dos años después de su último partido con la camiseta española, Rafael Nadal logró una victoria balsámica a nivel colectivo, pero inquietante a nivel individual.

Mikael Torpegaard, un joven de 21 años que alterna el tenis universitario estadounidense con los torneos Futures, tuteó a Nadal durante los dos primeros sets del duelo. El danés, no.909 del mundo, mostraba un primer servicio eficaz y un talante agresivo, aunque acusaba cierto descontrol en el momento de tomar la iniciativa.
Tras su ausencia voluntaria en Rusia, Nadal encarnó el purgatorio en el que vive España. El juego del manacorense no tuvo la agresividad ni la jerarquía que tanto ansían Nadal y su equipo. El tenista español abusaba de los efectos liftados, mientras sus golpes aterrizaban frecuentemente en la zona media de la pista rival. Nadal invitaba a Torpegaard a luchar por una oportunidad en el partido de su vida.
De hecho, con empate a cuatro juegos en el primer set, el danés gozaba de tres puntos de break con los que acariciaba un triunfo parcial. Nadal solventó esta situación embarazosa a base de entrega, experiencia y un primer saque efectivo.
Sin embargo, el sufrimiento de Rafa continuaba en el segundo set, en el que Torpegaard tuteaba a Nadal en los intercambios. La defensa del balear ante las subidas a la red del danés se traducía en una rotura de servicio, que Nadal concedía a continuación con una derecha irregular. Pero con el paso de los minutos, Torpegaard acusaba su inexperiencia en la alta competición y cometía errores que tranquilizaban al jugador español.

El mejor Nadal apareció en la recta final. Sin presión en el marcador, dominaba con su primer saque y mostraba mayor consistencia en los intercambios largos ante un rival que decaía. El equipo español progresa en Odense, pero el triunfo deja pocas conclusiones positivas para Nadal al margen del resultado.

