Rafa Nadal va a más. Poco a poco, el balear va dando pasos firmes en la senda que comenzó tras su caída en Wimbledon. A falta de testar aún la prueba definitiva que supondrá el nivel de los top-10, el número 9 del mundo dio muestras positivas en un exigente partido ante el ruso Mikhael Youzhny (6-3 6-3). Lo mejor: su revés, y por encima de todo, su extraordinaria movilidad de piernas. Rafa se movio con una energía inusual en este 2015. Entró en combustión y marcó la diferencia ante la falta de fuelle de su veterano oponente.
El balear tomó de cara un encuentro que a priori le concedía mayor iniciativa sobre una superficie en la que el mejor Youzhny ya le sometió, pues su drive de zurdo encaja sobre el revés portado a una mano del 'Coronel'. Francis Roig dejó caer el consejo y Nadal va tomándole la palabra, buscando más agresividad, cambios de dirección más acentuados y una respuesta física acorde al ritmo de pelota que un contragolpe y ataque rival puede ofrecer ante todos esos cambios de paralelos y cruzados.
El primer set fue un campo de pruebas. El español buscó ser protagonista, tirando la mano antes de entrar en diálogo ni cargar excesivamente el revés del ruso. Mezclando ambas ideas, Rafa se fue a los 11 ganadores por 14 no forzados, indagando las esquinas y compensando los errores con buenos datos al servicio: 70% de primeros, 78% ganados con él. En esa búsqueda de su mejor nivel, los fallos se asumen. Nadal entró en calor con el primer break y embragó hacia el mejor nivel de la noche en las armas antes mencionadas.
Su revés es la constante antes que su variable. Mientras sigue encontrando la estabilidad y máxima potencia con su golpe de derecha, sus reveses cruzado, paralelo y cortado alzaron la voz por toda la pista. Se gustó el mallorquín en su giro de hombros, adelantó el pie izquierdo dentro de pista para encarar la pelota con valentía y tiró por momentos auténtica metralla cruzada. Con Youzhny llevando a cabo su juego variado de décadas pasadas, desdibujado por la falta de potencia pero estilizado por su levedad física, el partido brilló en los primeros seis juegos del segundo parcial.
Tras un sexto juego de más de 8 minutos y mucha energía física y mental acumulada, Nadal sacó las piernas a pasear. Trabajó la pista con pasos vivos, golpes invertidos y defensas de total garantía para terminar con las reservas de Mikhail, que cedió su servicio como última bocanada. Así, Rafa deberá prepararse para unos últimos pasos en la Coupe Rogers que exigirán un nivel parejo en todos los parámetros. Olvidar la ansiedad y equilibrar el drive a su revés y a sus zapatillas, la clave del éxito.

