El otro día me encontraba en el cumpleaños de uno de mis amigos y lo celebramos alquilando una casa con piscina y montando una fiesta con un mogollón de gente. Hablando con un grupito de ellos a los que no conocía, a la hora de decirles a lo que me dedicaba, uno de ellos me preguntó cuál era mi jugador favorito. "Roger Federer, sin duda", respondí. Se hizo el silencio. Alguno me miraba sin decir nada, con los ojos bien abiertos como si esperara otra respuesta. "¿Y tú por qué coño animas a Federer si eres español?", volvió a preguntarme.
Y esta es una pregunta que ya me han hecho varias veces en mi vida y que seguro habréis oído si sois fans del suizo. "¿Y por qué no puedo ser fan de Federer?", pregunté yo. Porque digo yo que podré animar a quien a mí me dé la gana. Se llame Federer, Brown o Paquito el de los Palotes. "Porque eres español y un español anima a jugadores españoles", me respondió él. Ese es un pensamiento generalizado y equivocado, a mi parecer.

Son los mismos que me reprochan ser aficionado del FC Barcelona diciéndome cosas como "no eres catalán", "no es un equipo español", "apoyan la independencia", y cosas del estilo. ¿Y a mí qué cojones me importa todo eso? Ser aficionado de algo o alguien te nace del corazón. Los que sois de un equipo o de un deportista en concreto, ¿os acordáis cómo os nació ese sentimiento? Quizás alguno sí, pero la gran mayoría no. Simplemente, un día te plantas delante de la tele, observas algo que te gusta y sin quererlo, lo acabas apoyando a muerte.
Que yo sea español no me obliga a tener que animar a todos los jugadores que haya en España. Como tampoco me obliga a querer a Fernando Alonso, a Alberto Contador o cualquier deportista español. Es más, me puede incluso llegar a caer mal alguno de ellos. Y eso es algo que está dentro de mi libertad de elección, como persona con sentido del gusto. Porque al igual que a ti no te cae bien todo el mundo que conoces, a mí tampoco. Y si tú animas a un tenista, a mí me parece muy bien, pero no me obligues a animar al mismo que tú simplemente por compartir nacionalidad.

Esto no significa que no me guste Nadal o Djokovic. Al contrario. Son dos de los tenistas a los que más admiro y sería absurdo por mi parte no reconocer la calidad que tienen los dos y la suerte que tenemos todos de que los tres hayan coincidido en el tiempo. Pero eso no quita que me encante ver a Roger jugando sobre una pista de tenis. De hecho, hay un tenista español al que idolatro por los huevos que le echa cada vez que sale a pista y lo mucho que trabaja, David Ferrer. Y reconozco que cuando se han enfrentado he tenido un poco el corazón partido, como en la final de Cincinati el año pasado, ya que creía que los dos se merecían ganar. Pero como digo, que se tenga la costumbre que la prensa española sólo hable de los españoles y animen sólo a los de aquí es una cosa pero que cada hijo de vecino tenga sus propios gustos y aficiones y apoye lo que sienta, es otra.

"A mí nadie me ha hecho firmar un papel al nacer en este país que me diga que tengo que apoyar a todos los deportistas españoles", le contesté a esta persona. Seguimos discutiendo un poco más hasta que me cansé viendo que no íbamos a llegar a ninguna parte, viendo lo cerrado de mente que era. Son personas que no tienen espíritu de tolerancia y que no aceptan que otra persona tenga unos gustos diferentes a los suyos. Y con ellos, es preferible no entrar en una discusión absurda. Lo bonito del deporte es eso, la variedad que existe y la cantidad tan inmensa de deportistas a los que apoyar. Sería muy aburrido si sólo pudiéramos animar a los que visten nuestra bandera. Para eso otro existen las competiciones por selección. Olimpiadas, Mundiales...
Y si tú que me lees apoyas a un jugador que no es de tu misma nacionalidad y hablas alguna vez con alguien y te reprocha eso mismo, te aconsejo responderle con una frase de Bob Marley que dice: "Cada hombre tiene el derecho de decidir su propio destino". El mío lo elijo yo. Elige tú el tuyo.

