Saltaban a la pista central de Wimbledon dos de las tenistas más respetadas y laureadas en el All England Lawn Tennis and Croquet Club. Serena y Venus Williams, que suman un total de 10 títulos en la catedral del tenis entre las dos (cinco cada una), fueron las grandes dominadoras del césped británico desde comienzo del nuevo milenio y volvían a verse las caras por sexta vez en sus carreras en Wimbledon.
Las hermanas Williams abrieron la jornada en la pista central ante un público que sabía que estaba presenciando probablemente uno de los últimos duelos que se vean entre las dos campeonas sobre el césped del AELTC. Se palpitaba en el ambiente algo de tensión y una mezcla de emociones que envolvían a las dos tenistas. Venus comenzó más tensa y Serena salió como un tiro. La número uno del mundo rompió de entrada el saque de su hermana dejando claro que iba a ser ella la que iba a imponer el ritmo y a mandar. No dudó en pegarle con potencia a la pelota, en restar siempre dentro de la línea de fondo y en encontrar direcciones para desestabilizar a su hermana.

Venus presentó batalla pero no estaba al mismo ritmo que su hermana menor. Serena estaba más regular, menos imprecisa y encontraba mejor los tiros ganadores. Estuvo impecable con el servicio ya que conectó 10 saques directos, ninguna doble falta y apenas concedió dos oportunidades de break en las que Venus simplemente materializó una.
El partido no quedará en la historia como un gran recuerdo de tenis, ni mucho menos. Serena fue ampliamente superior, conectó 36 tiros ganadores, apenas 13 errores no forzados y demostró una vez más que si ella quiere, puede ganar lo que se proponga.

