Marin Cilic se corona en Nueva York tras una nueva demostración de un tenis inquebrantable, equilibrado y brutal en todos los aspectos, ante el que muy poco pudo hacer un Nishikori más desdibujado y opaco de lo esperado. Al igual que ocurrió con Federer, Cilic dejó el partido tiritando desde el primer compás. Un jugador, por momentos, de otro planeta.
"Goran me ha inculcado la alegría de jugar al tenis". Entre otras muchas cosas, Cilic se confiesa de tal modo tras caer de espaldas, mirando al cielo de Nueva York. 27 juegos y tres parciales después, a Cilic se le observa con una seguridad altiva, casi metálica, sin emociones. Durante todo el encuentro. Coge aire y no lo suelta durante casi dos horas. No hay partido.
Es una copia del partido ante Roger. "Vengo del futuro a ganar el US Open, a dejar a Japón entre lágrimas". Un prototipo sin fisuras que se alza con el primer Grand Slam y que avisa de lo que puede ser su binomio con Goran, en un camino que acaba de comenzar, que tiene tantos motivos para seguir ganando como el infinito.
Desde el arranque, a pesar de no alcanzar un gran % de primeros servicios, Cilic juega con una pasmosa gracilidad. Se defiende con pasos largos tremendos. Baja el centro de gravedad como Davydenko y pega a las líneas como el primer Safin. Un estado de confianza que marca las pautas de encuentro.

Nishikori pierde el mapa porque al ser atacado así, la reacción para voltear no existe. Sin saque definitivo, el resto de Marin se torna imposible, y tácticamente el croata tiene respuestas para todo. Las pone altas al revés para que el japonés no coja su paralelo, y varía con su servicio a la perfección.
A Kei sólo le queda pegar el paralelo con la primera pelota no profunda que le venga, pero la cobertura de la pista de su rival es tan sólida como letal al contragolpe. Cilic juega con dos nubes en los pies, un bloque de hielo en la cabeza y las garras de un halcón como manos. ¿Cómo responder ante un tenista que está dando vueltas alrededor del tenis como si fuera su órbita? No se puede.
Nishikori regala puntuales bolas de break, 30-30, 15-30, todo fruto de un bloqueo al que no le queda más que claudicar. Al igual que el 2-0 del tercer set ante Federer, el alumno de Goran se muestra impasible. Sereno. Desafiante. El nipón espera que el vértigo le haga dudar pero no hay vocabulario que valga. Se hace así con una copa que tiene dueño, tras ganar a Berdych, Federer y el propio Kei sin perder un solo set. Se estrecha la mano y se felicita a la bestia.
Si por Cilic fuera, estría jugando cuatro torneos más seguidos desde mañana mismo. Se abre un periodo de tres meses hasta final de temporada con muchos frentes abiertos y una nueva muestra de que los secundarios pueden ganar cualquier torneo. Comprobaremos su continuidad.

