España cayó eliminada en Fráncfort. Apenas abierto el mes de febrero, La Armada ha visto dilapidadas sus opciones de competir por ganar la Ensaladera, como mínimo, hasta el otoño de 2015. Por segunda temporada consecutiva se ve privada de toda opción en la primera eliminatoria, esta vez sin llegar viva siquiera al domingo, necesitando confirmar de nuevo la permanencia entre los dos 16 mejores equipos del mundo. Un estreno complicado de Carlos Moyà como capitán del barco nacional.
Momento de reflexiones. Procedemos a valorar la eliminatoria de Fráncfort desde varios frentes:
Actitud | Poco se puede lamentar en este sentido. Si de algo sirve la eliminatoria que cede España en territorio alemán es para subrayar un carácter de compromiso entre los seleccionados. Nadie ha ido de paseo. Ninguno se ha escondido dentro de sus propias capacidades. El debutante Bautista no encontró su ritmo ante un Kohslchreiber inspirado, pero en ningún momento perdió la cara al partido. Feliciano López ofreció uno de los grandes partidos del año ante Florian Mayer, una exhibición de tenis frenético, sin lugar al oxígeno. Un pulso apretadísimo con apenas una rotura en todo el encuentro. Levantando dos mangas de desventaja y dos bolas de partido para llevar el punto al quinto acto. En el dobles, otra ración de equilibrio. Verdasco y Marrero, con la serie en llamas y sin recorrido alguno en la competición como pareja, forzaron tiebreaks de 12, 20 y 16 puntos ante unos Haas y Kohlschreiber con viento a favor para haber discutido el sino de la eliminatoria. No es discurso baldío cuando se mentan "detalles" para indicar dónde se ha perdido la serie. Es la pura referencia a los hechos. Algo más de frialdad y decisión en una superficie que no permite dudas podía haber cambiado enormemente el desenlace de Fráncfort.

Resultado | Derrota. Esas siete letras son imborrables y no pueden escapar a la visión de nadie. Derrota además sin amarrar un solo partido. De las que quedan con contundencia en la primera impresión del libro. Ahora bien, no es un atropello. El grupo ha caído con la dignidad que se presupone al que se deja todo por un objetivo. Dejando al margen el flanco más susceptible a ceder, el encuentro con un debutante en competición, el resto de la eliminatoria ha caminado en terreno neutro. Cinco tiebreaks en ocho sets. Es decir, más del 60% de las mangas decididas en un puñado de puntos. Alemania marcó las diferencias acelerando en los tramos clave, en ningún caso devastando a España desde los cimientos. En esas fases donde el partido pide el gen del campeón, una flor que no brota en cualquier jardín, los germanos, con el grupo al completo, inclinaron el peso ante un equipo que acudía con la quinta raqueta como principal argumento. Mérito por llevar la serie a ese extremo, riesgo asumido en una convocatoria drenada si se llegaba a ese punto.
Convocatoria | España acudió a Fráncfort sin sus cuatro mejores singlistas. Distintas razones (descanso, calendario personal, ajustes de equipo, lesión,...) han separado a Nadal, Ferrer, Almagro o Robredo de proteger los colores nacionales en una serie, de entrada, complicada. El déficit era evidente y las opciones de victoria restaban con tales bajas. El capitán ha encontrado una serie difícil de gestionar desde el plano de los recursos a emplear. El responsable de armar el grupo es Moyà que, dentro de su labor de diálogo, poco puede hacer si en los planes de un jugador no entra la voluntad de integrar una serie ("no voy a ponerle una pistola en la cabeza a nadie" comentaba, adoptando un discurso firme pero conciliador). También es responsable, factor no menos importante, de activar todo aquello con lo que cuenta. De optimizar el rendimiento del convocado, de levantar el hambre entre los suyos. Quien no vaya con Carlos no tendrá rencores. Quien acuda a la llamada, lo hará a dejarse la vida. Y esto se ha logrado en pista. Al verse un grupo dispuesto a no desfallecer pese a circunstancias. A pelear hasta el último punto. En una época con tenistas cada vez más veteranos y currículo hecho en la competición, puede ser el activo más valioso en la era de Moyà. Tenistas que no piensan sino en dejarse todo por los colores que visten.

Capitán | Un debut complicado, de las salidas más espinosas que podían tenerse. El resultado ha sido una eliminatoria perdida sin opción de llegar con vida al domingo. En sus primeros pasos, Carlos Moyà no peleará por el título sino por mantener la categoría entre los 16 mejores equipos del mundo. Con un compromiso de principales raquetas cada vez más difícil de garantizar, un argumento a valorar es la creación de un carácter en el grupo. Un equipo que reme junto y crea en la victoria. En ese punto, la figura de un antiguo compañero como Carlos puede ser una visagra bien engrasada. "No me reprocho nada" valoraba el balear al cierre de la eliminatoria. Pese a advertir desde un principio sobre la altura de la serie "no sería una fracaso ceder en Alemania" ha logrado mantener intacta la comunión del grupo. Siendo derrotado sin dar la sensación de equipo perdedor. Y eso, sin contar con toda la plana mayor del tenis español, tiene un peso a considerar. Era sencillo haber bajado los brazos. Y eso, bajo la templada mirada de Moyà, no lo hizo La Armada durante el fin de semana.

