¿Se está volviendo más vulnerable el big4 ATP?
El estamento de oro del tenis masculino parece encontrar amenazas serias con una frecuencia cada vez mayor
Novak Djokovic, Andy Murray, Roger Federer y Rafael Nadal conforman el poker de figuras destacadas del tenis masculino. Serbio, escocés, suizo y español representan una generación de privilegio en la disciplina. Un reducido grupo de tenistas cuyas rivalidades marcan la pauta del deporte presente para disfrute del aficionado per, ¿están cada vez más amenazados?
Se presenta complicado plantear un halo de duda sobre un grupo de competidores que han gobernado, y aún gobiernan con margen, la zona noble del tenis masculino durante largo tiempo. Un reducido racimo de talentos que han recibido múltiples elogios hasta ser encumbrado el debate sobre si conforman la mejor generación de la historia de la disciplina, con los matices atemporales inherentes a tal discurso (¿es comparable un tenista con otras figuras más allá de sus contemporáneos?, ¿cómo se calibra el potencial de un jugador respecto a otro con el que no compartió pista, condiciones de juego o herramientas de trabajo?)
No obstante, en los últimos tiempos asistimos a una serie de circunstancias que nos invitan a emprender el inicio de un debate que pronto debiera tomar mayor fuerza. ¿Se está volviendo más vulnerable el big4 masculino? No hablamos de viraje brusco en una hegemonía aun firmemente consolidada, sino de la porosidad creciente que parece estar atravesando el estamento superior del circuito masculino.
Antes de entrar en valoraciones, hay que dejar claro un aspecto. Tres de ellos se encuentran probablemente aún dentro de los márgenes de plenitud fisiológica. Si se mantienen libres de lesiones, se antoja complicado pensar en un relevo a corto plazo al frente de la disciplina. Andy Murray acaba de cumplir 26 años. Separados por una semana al nacer, Novak Djokovic entrará en esa edad dentro de cuatro días. Rafael Nadal cumplirá 27 primaveras el próximo mes de junio.
Lo cierto es que en escenario de Grand Slam la firmeza parece aún consolidada. En formato a cinco parciales, donde la estabilidad mental, la experiencia para sufrir en las carreras de fondo, continúan levantando una muralla difícilmente franqueable para los aspirantes a desatar resultados sorpresa. Los últimos 13 títulos de Grand Slam han ido a parar a sus vitrinas. Es más, en las últimas 13 finales de Grand Slam no aparece un nombre fuera de este reducido grupo. Es decir, las últimas 26 plazas de finalista fueron copadas por alguno de estos cuatro jugadores. Y, quizá la cifra que más demuestra la premisa, 34 de los últimos 35 majors fueron ganados por alguno de estos cuatro jugadores. Sólo hay una excepción desde Wimbledon 2004 (el US Open 2009 de Juan Martín del Potro).
Siendo sinceros, cuesta ver a jugadores al margen de Novak Djokovic o Rafael Nadal pudiendo enarbolar el estandarte de favorito durante las próximas semanas en Roland Garros. Pero sobre tres mangas las rendijas parecen estar abriéndose ventanas de oportunidad con frecuencia creciente.
Novak Djokovic (derrotas ante tenistas no big4 en 2013 - 3) sigue siendo el hombre referencia. Prácticamente 4.000 puntos de margen le contemplan al frente de las listas. Pero ese halo de imbatibilidad forjado dos años atrás ha cedido enteros en peleas de medio fondo. Quien en 2011 batiera el record de coronas de Masters 1000 amarradas durante una misma temporada (5), ha visto desvanecer su candidatura antes de los cuartos de final en cuatro de los últimos seis torneos disputados de la citada categoría. En Indian Wells, ante Haas, firmaría su derrota más prematura en tres años sobre cemento. Especialmente frescas en la memoria están sus últimas dos derrotas sobre tierra batida. Madrid y Roma. En el primero, entrega a un veinteañero la victoria más grande de su carrera tras un pulso de casi tres horas. En la segunda, deja escapar de manera incomprensible un partido que tiene a dos puntos de distancia (6-3 5-2 30-15) ante un Berdych al que había domado en los últimos 12 precedentes. Cuando el instinto debió rematar el partido, se apagó la luz de forma inexplicable. “Perdí la concentración”, “no puedo permitirme estos altibajos” concedería en rueda de prensa.
Rafael Nadal (derrotas ante tenistas no big4 en 2013 - 1) presenta una temporada notablemente admirable, teniendo en cuenta que proviene del cautiverio competitivo más largo de su carrera. Ha alcanzado el número 1 en la Race del curso sin tener un Slam en las piernas como el resto de favoritos y un Masters 1000 menos que muchos de ellos. No obstante, también presenta alguna pesquisa de terreno recortado. Pocos tenistas testaron al mallorquín como lo hizo Dimitrov en Montecarlo, antes de que el mallorquín cediera su primer partido en el principado en nueve comparecencias. Acumulaba el mallorquín, por otro lado, veinte mangas consecutivas sobre arcilla selladas sobre David Ferrer. No cedía un parcial ante el levantino en la superficie desde 2008. En dos semanas, Madrid y Roma, se ha visto forzado a sets finales ante el de Jávea, estando incluso a dos puntos de firmar su primera derrota ante el alicantino en polvo desde 2004. Y Gulbis, siempre incómodo para el de Manacor, fue capaz de infligirle el cuarto 6-1 de su carrera en arcilla. Pero sigue respondiendo con una indeleble capacidad de superación para salvar cada desafío. Todos los hechos concentrados en un puñado de semanas, sobre la superficie fetiche del mallorquín, forzado como pocas veces a buscar soluciones en el hábitat natural.
Andy Murray (derrotas ante tenistas no big4 en 2013 - 3) parece enfrascado en una tesitura similar. El escocés ha estado presente en las últimas finales de renombre. Es el único tenista cuyas zapatillas han pisoteado el séptimo partido en los tres Grand Slams más recientes. Pero, para un hombre de físico trabajado de cara al gran fondo, en formato a tres parciales parece seguir abriéndosele las carnes. Esa segunda línea parece poder echársele encima con cierta frecuencia. Padeció la amenaza de Del Potro en Indian Wells, y en Miami David Ferrer quedó a un Ojo de Halcón mal consultado de firmar su primer triunfo sobre el escocés en cemento al aire libre. Cuestión al margen merece el desempeño del de Dunblane en tierra batida, nuevamente aquejado por dolores de cadera aparecidos en 2011 y agravados toda vez que pisa arcilla.
Roger Federer (derrotas ante tenistas no big4 en 2013 - 3) se encuentra en una circunstancia distinta al resto. Muchas veces se ha echado por tierra las opciones de gloria del suizo. En 2008, al ceder el número 1 del mundo ante Rafael Nadal. Sólo para responder en 2009 alcanzado todas las finales de Grand Slam del curso. En 2011 con la irrupción definitiva de Novak Djokovic, el deporte parecía quedar en un binomio a discutir entre el serbio y un portento de Manacor. Respondería el helvético retornando el número 1 mediado 2012. Pero, ¿puede seguir Roger protagonizando estas hazañas? En Melbourne mostró que el quinto set ante Murray le quedó largo en el depósito. Ante Nishikori, en Madrid, sufrió su primer episodio de triste final ante un tenista de dos generaciones posteriores. El parón del calendario pasó factura, pero entrar en torneos tras una hibernación larga es una circunstancia con la que el suizo deberá convivir de ahora en adelante. Derrotas ante el 16 y el 39 del mundo aparecen en su historial reciente.
Hay amenazas múltiples para todos los integrantes del gran grupo. El problema es que tras esos resultados sorpresa los protagonistas de la hazaña vienen entregando de forma regular el siguiente partido. Es una muestra fidedigna de la dureza presente en la disciplina. Un deporte de revisión continua, con partidos separados por apenas unas horas donde no hay lugar a la digestión de la victoria. Ningún verdugo de Nadal en 2013 ha sido capaz de gobernar el posterior partido. Tras batir a Djokovic en Madrid, Dimitrov entregó el siguiente encuentro. Como haría Nishikori habiendo domado a Federer. O como haría Berdych tras sentar a Murray. O Granollers en Roma tras volver a someter al escocés.
No parece haber fuerzas de relevo inmediato. Pero las grietas se antojan más grandes que en un pasado reciente. En duelos discutidos a tres actos, formato que copa prácticamente todo el calendario a excepción de ocho semanas y desperdigadas citas de Copa Davis, las alternativas punteras parecen estar endureciendo su estatus.
Berdych ha roto una racha de 12 derrotas consecutivas ante Djokovic y llegó a tumbar a Federer salvando bolas de partido. Del Potro batió en un mismo torneo de cemento a Novak y Murray, teniendo set y break de renta sobre Nadal. Ferrer ha estado más cerca que nunca de tumbar a Andy en pista dura outdoor y ha perdonado la vida a Rafa en arcilla. Todo ello apenas estrenada la segunda quincena de mayo. Múltiples frentes abiertos con cada vez más frecuencia.