Skip to main content

Filip Peliwo: promesa de la vieja escuela

Aire fresco con un toque clásico procedente de Canadá y preparado para dar el salto a ese circuito que un día dominará

Filip Peliwo, con aspecto de tenista de la vieja escuela, pelo con raya a un lado, polo de lacoste, juego variado y mucha muñeca, este jovencísimo tenista canadiense de raíces polacas domina el circuito junior con grandes y muy regulares resultados (lo cual es altamente sorprendente dada la poca continuidad en muchos de los tenistas a esta edad), que le auguran un futuro dorado junto a sus compatriotas Milos Raonic, Vasek Pospisil, Eugenie Bouchard, Carol Zhao y Françoise Abanda.

‘Pepe’ Peliwo, sobrenombre con el que se le conoce en sus círculos de confianza, nació el 30 de enero de 1994 (tiene 18 años) en North Vancouver (Canadá), a diferencia de sus dos hermanos mayores nacidos en Polonia; sólo tardó 5 años en coger por primera vez una raqueta. No imaginaba ni de lejos el futuro que se le venía encima junto a aquél aparato.

Se crió en una pequeña ciudad como North Vancouver donde la naturaleza es una vecina más de la localidad; un lugar privilegiado, entre grandes montañas y un inmenso océano, donde es común que los niños practiquen esquí, senderismo o ciclismo de montaña. Sin embargo, pronto se interesó Filip por el tenis. Ese flechazo tuvo su origen en su padre, un auténtico apasionado de este deporte. No tardó mucho una Federación de Tenis como la Canadiense en darse cuenta del potencial del joven muchacho. Esa Federación, con potencial e ilusión, creó el Centro Nacional de Capacitación de Montréal donde juntó a las grandes promesas del país y se procuró de que no les faltara de nada, incluido Filip. Mimando hasta el último detalle, las cosas se han hecho muy bien en Canadá y ahora, sólo unos años después, empiezan a llegar los frutos de ese trabajo tan bien hecho con figuras como Raonic o Pospisil ya entre los mejores del mundo, y con promesas que van sumando enormes triunfos a nivel internacional como Bouchard en el circuito junior femenino o Peliwo en el masculino, que permiten soñar con un futuro aún mejor.

“Odio perder incluso más de lo que me gusta ganar”, dijo Filip. Esta frase resume el juego de este tenista. Aún con mucho por pulir para realmente convertirse en un jugador de referencia, se motiva mucho durante los partidos, es un chico nervioso y activo. Pero no todo es actitud, en lo que se refiere a sus golpes tiene un muy buen servicio, especialmente el segundo, variado y potente, además de golpes interesantes. No es un jugador de potencia ni de pequeños peloteos, le gusta madurar el punto aunque si tiene ocasión ataca o contra-ataca. Su derecha no es del todo definitiva, pero cuando prepara el revés recuerda al mejor Djokovic. Un revés a dos manos cruzado que marca diferencias. Sin embargo, no son sus golpes los que marcar su diferencia con el resto de tenistas junior, tampoco su mentalidad aunque sin duda tiene el hambre de ganar de los campeones… es su toque y su facilidad para adaptarse lo que le permite ganar tantos partidos.

Con multitud de recursos y un control de los tiempos del partido sensacional, consigue esa fórmula mágica con la que el rival no es consciente de su punto fuerte pero sí se da cuenta de que se le escapa en el marcador una y otra vez sin encontrar solución posible. Rápido y con un juego sólido, sube a la red si lo necesita. Entrenado por Guillaume Marx y Joycelin Robichaud, y con entrenador físico propio (Kieran Foy), entra en esa fase en la que debe ir dejando el circuito junior para ir metiendo poco a poco la cabeza en el circuito profesional. “Mi objetivo es convertirme en el mejor jugador del mundo, y poder poner mi nombre junto al de históricos como Federer o Djokovic a los que admiro, pero para eso aún tengo que trabajar mucho e ir poniéndome cada temporada el listón más alto”.

Tenista alto, con 18 años mide ya más de 180 centímetros, al que le apasiona el fútbol y el baloncesto, que tiene como ejemplos a seguir a Pete Sampras y a su padre (que fue su primer entrenador, Mark Peliwo) y que adora motivarse corriendo y saltando a la comba antes de sus partidos mientras escucha música. Habla perfectamente inglés y polaco.

Poco a poco se va adentrando en el circuito profesional. Este año perdió las finales junior del Open de Australia (ante el australiano Luke Saville) y de Roland Garros (ante el belga Coppejans), lo que le afectó mucho a nivel anímico. “Sin duda aquéllas dos oportunidades perdidas me dejaron muy mal, pero supe sacar fuerzas para buscar una nueva ocasión; en el tenis sólo ganan los que saben levantarse”, de ahí su alocada celebración tras ganar Wimbledon, derrotando en la final a uno de sus grandes rivales en el circuito junior como es Luke Saville. Llegar a tres finales de tres en este 2012 en el circuito junior es de por sí un gran logro, y que habla de la capacidad de adaptación de Filip a cualquier superficie. En el Open de Australia su velocidad fue clave. En Roland Garros lo fue su consistencia. Y en Wimbledon su gran muñeca y su facilidad en la red.

Es un tenista joven pero de antaño, se da un aire a aquéllos tenistas de blanco y negro, parece retrotraernos a ese tenis clásico al que sólo se puede jugar con polo y en el que las subidas a la red eran claves. Pasaría desapercibido si su proveniencia fuera de la escuela francesa, pues tiene una técnica impecable, sin embargo es una gran estrella canadiense y tiene una cabeza que ya querrían muchos en dicha impecable escuela. Risueño y vergonzoso fuera de la pista, activo dentro de ella y malhumorado cuando pierde, ‘Pepe’ Peliwo parece destinado al top10 de la ATP. El salto lo pegará en 2013, que será su año de transición.

Uno lo mira y no ve en él una estrella del tenis mundial, parece un futuro arquitecto o quizás un gran ingeniero. Nada de eso. Tímido y con las cosas muy claras, será un referente futuro además de un perfil que aportará algo distinto al actual tenis imperante en el circuito. Lo vamos a disfrutar mucho y muy pronto.

Es Filip Peliwo. Vayan quedándose con su nombre.