Roger Federer es a la hierba lo que Rafael Nadal a la tierra y Novak Djokovic a las pistas duras: leyendas y especialistas cada uno en su superficie. Jugadores dominadores que son los mejores sin discusión en estas superficies y que someten a sus rivales con una autoridad insultante. En los últimos años hemos visto mucha igualdad en el circuito porque las diferencias entre ellos, cuando salen de este tipo de superficie, su especialidad, son muy parejos. Djokovic ha estado dominando el circuito durante un año y medio porque machacó donde suele ser dominante, pistas rápidas, y su juego, expliquémoslo como más “medio”, es más fácil adaptarlo tanto a hierba como a tierra. Rafa Nadal dominó cuando fue capaz de competir y ganar en el cemento americano o en el taraflex australiano, y Federer es el hombre que juega más rápido de todos. A Roger le ha complicado la vida no poder contra Nadal en tierra, donde le ha sometido constantemente, ni contra Djokovic en pistas duras, donde también ha sido dominado, pero cuando ha encontrado la inspiración y ha podido imprimir su ritmo alto de juego, se ha mostrado muy superior a sus rivales en la conquista por el número 1.
Nadal: El Terrícola
Nadal es inabordable en tierra batida. Probablemente estemos hablando del mejor jugador de todos los tiempos en esta superficie. Prácticamente imbatible. Casi cualquier defecto de su juego queda tapado por sus virtudes en el desplazamiento y la defensa. Es, sin duda, el hombre que mejor ha sabido moverse sobre la tierra batida de la historia. Sus golpes deslizándose son inigualables y su top-spin, diabólico, enroscadísimo, revolucionadísimo, que pica y sube y sube sin cesar, es un auténtico martirio. No sólo es un jugador de unas capacidades para la defensa y el contragolpe increíbles con sus “passings” agónicos, al límite, resbalando por la superficie y encontrando huecos inverosímiles en las defensas de quienes le atacan. También es un bombardero cuando toma el dominio del punto con su derecha. Al tremendo efecto de su bola le mete una potencia brutal. La pelota se convierte en un proyectil ingobernable. Incontrolable. Bastante hacen los jugadores con ponerlas con peso. Tratar de atacarla es imposible. Muchos jugadores han hablado de cómo les duele el hombro cuando acaban un partido de 3 horas atacando la bola de Rafa. Es un ladrillo sostenido con una mano tres horas a la altura de tus ojos. No pesa. Te parte el brazo.

Nadal es un martillo pilón. Te aleja. Te machaca. Para encontrar un punto cómodo de impacto tienes que irte a restar a la pista de al lado. Cuando manda Rafa hay poco que hacer y si tienes la suerte de dominarle ganarle un punto es un auténtico infierno. Cada vez que le pegas más y más fuerte, la pelota vuelve más y más alta. Tú sigues pegando, pero la pelota vuelve, una y otra vez. ¡Ah!, por cierto, si dejas una corta olvídate. Llega como una estampida de búfalos, supera la red como si a los operarios de la pista se les hubiera olvidado ponerla y te mete un cañón picudo en la esquina. No hay nada que hacer. El polvo del ladrillo es el cementerio de cualquier elefante que se quiera revelar ante su destino. Rafa gana. Su técnica y su físico, son imposibles en arcilla. No hay rival.
Federer: El jardinero fiel
Siempre responde en hierba. Muchas veces quien escribe ha pensado que Eddie Seaward corta el césped de Wimbledon todas las mañanas pensando en Federer como un ángel volando sobre su pasto. Lo hace por él. Si la organización no fuera tan rígida y hierática como son los británicos, debería dejar que Roger jugara con esmoquin y pajarita. Que cogiera la raqueta o una batuta. Y que sonara música clásica durante el partido. Me parece una grosería que este señor tenga que sudar durante su trabajo. No es ético. Esto es un trabajo limpio. La gente no debería pagar por ver el partido. Debería estar obligada a lavarse bien las orejas para oír cómo suena el impacto de su raqueta con la pelota. Perfecto. Federer ya ha igualado a las grandes leyendas de Wimbledon. Ha sido el jugador más elegante sobre una pista. No hay más. Si es o no el mejor, quedará la eterna discusión sobre las barreras del tiempo y los estilos de juego. ¿Qué más da? A Federer no hay que compararlo; hay que disfrutarlo. La hierba de Wimbledon pareció lo suficientemente rápida, aunque el esquema de juego preferido hoy en día es pegarle desde el fondo de la pista. Le corrieron un techo que evitara intrusiones ajenas, (viento, agua…), y Roger jugó a su antojo.
El dominio de Federer sobre sus rivales en esta superficie es incontestable. Las dos derrotas consecutivas contra Nadal tienen explicación dentro de la situación anímica, (casi aterradora, más que psicológica; psicopática) cada vez que Roger veía a Nadal enfrente. Al suizo le molestabas las constantes interrupciones, el ritmo lento, las bolas picudas a su revés, los pasantes de Rafa a sus subidas a la red… Todo se le hacía difícil. La hierba era más larga, más corta, botaba más botaba menos. Sinceramente, un llorón, como todos cuando perdió dos partidos en “su jardín”. Hay muchísimas críticas cuando Nadal se ha quejado de una pista, de unas bolas, de una suspensión o de una derrota. Parece que nadie haya visto protestar a Federer porque el césped estaba más alto, más bajo, más lento, más grueso o se “quemaba” antes adelante y luego atrás. Roger, como Rafa y como Djokovic, también han sido unos “llorones” cuando las cosas le han venido mal dadas. Con más o menos razón. Finalmente entendió que sólo iba a volver a ganar grandes torneos olvidándose de todos, quitándose todos los complejos que tuviera en su interior y jugando como sólo él lo sabe hacer.

El año pasado, tras las constantes derrotas con Djokovic se fue a descansar. Se olvidó del tenis y del mundo. No vio ni quiso ver tenis ni nada que se le pareciera. Se aisló con su familia y cargó las pilas. Volvió como un león.
Ganó todos sus partidos hasta final de año incluido el Masters de Londres y el Masters 1000 de París. Llegó entonado y volvió para hacer lo que mejor sabe. Jugar al tenis. Atacar, pegar a la bola. En hierba, este Wimbledon ha vuelto a disfrutar. A rayar la perfección. El jardinero fiel a su jardín. Elegante. Decisivo. Inabordable. Siempre correcto. Siempre perfecto. Estiró sus golpes cómo sólo él lo sabe hacer. Dominó con la derecha y el revés. Respondió a la perfección a los golpes planos de Nole y le demostró, quién manda en la hierba. Roger Federer. No hay otro.
Djokovic: El tipo duro
Sin embargo, el dominio de Djokovic en los últimos años está marcado por su competitividad y su tremenda potencia y elasticidad, perfectamente adaptadas a las pistas rápidas. Djokovic tiene unos tiros planos desde el fondo de la pista que te abrasan en pistas duras. Es el mejor de los tres, (y el monarca mundial) sobre esta superficie. En lo que realmente ha mejorado el Djokovic 2.0 sobre el hombre que apuntaba a ser un gran jugador es en la defensa. Su elasticidad y su potencia le conceden recuperar algunas bolas sencillamente increíbles. Sus ataques son demoledores. Sin embargo, su forma de atacar y el dominio de los golpes paralelos, (una auténtica delicia), le permiten imprimir una velocidad y unos efectos a la bola imposibles de contestar. Djokovic ha estado en problemas los últimos años tanto contra Rafa, como contra Federer por no hablar del mismísimo Murray, pero cuando su tenis flojeaba su físico respondía. Remontó dos sets a Roger en dos semifinales distintas y esto tiene poco que ver con la calidad o los golpes, con la mentalidad o la capacidad de cada uno. Esto sólo responde a una mejor condición física. Cuando le preguntaron a Roger Federer por Djokovic respondió: Un gran atleta. En pistas duras domina a sus dos rivales.

El estilo de Nole es el que mejor se adapta hacia una velocidad más o una velocidad menos. En realidad, el que mejor juega en pistas duras, además, tiene la ventaja de que es el que tiene más torneos y de mayor importancia en el calendario. Pero esto da igual. Lo importante es seguir siendo dominador en la superficie donde mandas, y estar más cerca de los que pueden contigo en otras superficies. Djokovic ha sido el jugador que más finales ha jugado de Grand Slam y Masters 1000 los últimos años. Ha sido el dominador. Pero tiene el aliento de sus rivales detrás. En tierra ha podido con Nadal. Sólo dos veces, pero ha roto la barrera. Ahora le falta el reto de Federer. Este año no ha estado a la altura, al nivel máximo de exigencia que le ha puesto el suizo. Ahora llega de nuevo su territorio. Ahora hay que ver quién le pone el cascabel a este “Djoker”.

