La lluvia en Roland Garros; Remontada de bolas mojadas

El estado de la pista va a ser decisiva en el desenlace final que podría ser hoy o mañana

Xus Garrido | 11 Jun 2012 | 09.38
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Roland Garros abre la segunda sesión de la final en su añeja Philippe Chatrier, en realidad, abre su segunda jornada porque el partido ya tuvo que detenerse en primera instancia el domingo ante los dos titanes del tenis mundial, Rafael Nadal y Novak Djokovic. El debate sobre si debería estar techado o tener la posibilidad de una cubierta retráctil se cerrará en 2017, cuando está proyectado que se pueda cubrir la histórica central del Bosque de Bolonia. Pero Nadal y Djokovic ya sabían que se jugaba en París, que la previsión del tiempo anunciaba lluvia y que este torneo se juega en tierra batida y es outdoor. Las cosas ya estaban así.

Bolas mojadas, bombas calientes

Nadal se queja de la bolas, del tiempo y del árbitro, Stefan Fransson, que decide que se juegue en una situación complicada y en una superficie que hace tiempo que ha dejado de ser tierra batida usual. Djokovic y su padre, se quejan de todo: Durante más de dos horas no pueden con la bola de Rafa. Nole no está cómodo, no puede jugar en la línea porque Rafa lo empuja casi tres metros atrás con tiros realmente profundos y pesados. Muchísimo más largos de los que lograba encontrar en 2011. Sin miedos. Djokovic se reencuentra consigo mismo una vez cada rato, pero entre palo y palo, entre winner y error no forzado ha cedido demasiados breaks.
Djokovic lo sabe. Es consciente. Conoce su potencial al resto y que cualquier bola corta es su oportunidad de irse a por él, de pegar plano a la línea, dominar el punto e intimidar. Pero cada vez que quiere coger ritmo le viene una banana que le saca de tiesto. Son bombas.
Ha hecho dos buenos sets, pero está muy lejos en el marcador. Queda un desierto. Levantarle tres sets a Nadal en Roland Garros. Tres mangas seguidas. Ni él ha sido capaz de conseguirlas consecutivamente en sus mejores superficies, ni en Australia ni en Estados Unidos. Puede ser mejor que él durante largos periodos en un partido, pero no tiene margen de error. Un descuido y se acabó su sueño de completar el Grand Slam, de vencer al mejor de todos los tiempos en esta superficie y de enterrar esta leyenda con la de un jugador total. Recuperar el número 1 y dominio psicológico sobre Rafa. Si lo consigue, el palo va a ser durísimo. Un Rafa caído a manos de su verdugo habitual, en su mejor superficie, en su mejor escenario, abortando sus récords y abriendo una sangría de puntos que sería insalvable. Una tortura mental.

Amenaza más lluvia sobre París

La lluvia, que no ha dejado de amenazar y dejarse caer tímidamente, rompe a llorar en serio. Diluvia en París. La pista pasa a ser más lenta, se dice. El agua apelmaza la tierra. La bola bota más. Pero no es verdad. La tierra no está apelmazada, está mojada. Las pelotas, llenas de pelo, se inflan. Nadal deja de controlar la bola y ésta deja de coger la rosca que tanto daño le está haciendo a Nole. El serbio huele sangre y golpea plano. Ahora lo puede hacer a su mejor altura, (en la zona de flotación de la cadera). Las bolas mojadas son bolas pesadas y se convierten en proyectiles imposibles para Rafa. 8-0.
Nadal ha perdido su primer set y un break en el cuarto. Con 0-6 de parcial y un set encajado, y 0-2, la ventaja de dos sets se ve virtualmente reducida a nada. Rafa detiene la hemorragia con su primer juego y Fransson cierra y sutura con el aplazamiento.
La pista hoy, con previsión de lluvias durante todo el día, seguirá pesada. (La foto es del entrenamiento matinal de Rafa en la Chatrier). Si la tierra está apelmazada la bola botará más. Si esa así a Djokovic no lo salva ni su padre de voz en grito y clamando contra el box del español. Si la bola se infla, el serbio podría dar un golpe a la historia. Romper varios récords y completar en el mimo torneo tres remontadas de partidos con dos sets abajo y acabar levantando el título. Podría enterrar a Rafa y darle un bocado mortal a su moral.


Nervios en los “entornos”


Mientras se disputa el partido en la cancha, con nervios e imprecisiones, en los bancos de cada jugador se palpa la tensión hasta que explota. Toni Nadal sube bramando por las escaleras: “Puta”. Está nervioso, el partido no se ha cerrado y conoce el instinto de supervivencia de Djokovic. Con la pista así las fuerzas se igualan. Bueno, en realidad se desequilibran al otro costado. No está contento con nada, ni con el cielo ni con el árbitro ni con nada. Al otro lado, el padre de Nole habla de consejos constantes al español. Coaching, se llama y está prohibido.

Los jugadores se quejan siempre, todos, (Rafa, Nole y el propio Federer que habla de que hoy la hierba de Wimbledon no es hierba como la de antes, en la que ganaba siempre). Los jugadores lloran cada vez que se ven perder. Cada vez que no se encuentran a gusto. Fransson permitió el “coaching” si lo hubo de la misma manera que permitió que se jugara en una pista que no favorecía a Nadal y que era francamente peligrosa para los dos. Djokovic estuvo a punto de tener un grave disgusto con su tobillo.
Esto no es como empieza. En este caso, no es como empezó. Esto es como acaba. La final de las finales, tiene un punto y seguido.