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Mannarino y las 15 obsesiones que lo convierten en un tenista único

Completamente atípico y nada habitual. Así es el tenista francés, que tiene ciertas obsesiones que le hacen ser una rara avis.

Mannarino y sus particularidades. Foto: Getty

Adrian Mannarino es uno de esos tenistas que parecen empeñados en hacer las cosas de manera completamente distinta al resto. Sus obsesiones, manías y peculiaridades lo convierten en un jugador absolutamente único, alguien que ha construido su carrera al margen de muchas de las normas no escritas del circuito profesional. Desde su relación con las raquetas hasta su manera de preparar los partidos, pasando por la ropa, las supersticiones o su peculiar estilo de juego, el francés acumula una colección de historias difíciles de encontrar en cualquier otro tenista.

Mannarino es, además, una auténtica maravilla para cualquier comentarista de tenis. Es imposible hablar de él sin encontrar algo que se salga de la lógica habitual de un deportista profesional. Estamos hablando de un jugador que ha llegado a ser número 17 del mundo, que ha conquistado cinco títulos ATP y que, sin embargo, tiene una manera de entender el tenis completamente diferente a la de la mayoría de sus compañeros. Y para entender hasta qué punto estamos ante uno de los personajes más atípicos del circuito, hay 15 peculiaridades que le hacen ser un tenista único.

1. Apostó que jugaría toda una temporada con la misma camiseta

En 2017, Mannarino reconoció que había hecho una apuesta con su entrenador, Jean-Christophe Faurel, para intentar disputar todo el año con la misma indumentaria. Comenzó en el Open de Australia y mantuvo aquella peculiar costumbre durante buena parte de la temporada.

Por entonces no tenía patrocinador de ropa y tampoco parecía demasiado preocupado por conseguir uno. En una rueda de prensa del M1000 de París explicó que la apuesta seguía en marcha, aunque no estaba seguro de conseguir completarla. Conviene recordar que se refería a la misma equipación, no necesariamente a una única prenda física utilizada en todos los partidos.

2. Wimbledon tuvo que proporcionarle camisetas para competir

En Wimbledon 2018, cuando se enfrentó a Roger Federer en octavos de final, Mannarino seguía sin contar con un patrocinador de ropa. El problema era que el torneo británico exige una indumentaria prácticamente blanca.

Tuvo que ser el propio All England Club quien le facilitase los polos que necesitaba. El francés explicó que, dadas las estrictas normas del torneo, la organización proporcionaba ropa blanca a los jugadores que no dispusieran de ella. Así podía competir sin marcas comerciales y sin preocuparse por su vestimenta.

3. Rechazaba patrocinadores porque prefería estar cómodo

A pesar de llevar años instalado entre los mejores del mundo, Mannarino pasó largas temporadas sin patrocinador de ropa por decisión propia. En el Open de Australia de 2024 explicó que no quería firmar con cualquier empresa simplemente para ganar algo más de dinero.

Su prioridad era sentirse cómodo con la ropa y, especialmente, con las zapatillas. Incluso aseguró que algunas marcas obligaban a utilizar determinados modelos de calzado y que, a su edad, no quería arriesgarse a sufrir una lesión por ese motivo.

Esta situación cambió en abril de 2024, cuando firmó con Celio. El acuerdo le permitió conservar su estilo habitual, basado en camisetas sencillas y cómodas. Le dieron la misma camiseta en distintos colores. Sencillez al extremo.

4. Llegó a competir durante meses con una única raqueta

Una de sus historias más extraordinarias se produjo también en 2017. Mannarino reconoció que, entre los torneos de Montreal y Moscú, había estado compitiendo con una sola raqueta de su modelo preferido. ¿El motivo? Babolat había dejado de fabricar el modelo que utilizaba y no encontraba más unidades en condiciones adecuadas.

Tenía otras tres o cuatro raquetas guardadas en el garaje, pero estaban demasiado desgastadas. El francés admitió que aquello suponía un problema, porque los cordajes iban perdiendo tensión y necesitaba cambiar de raqueta para mantener las mismas sensaciones. Sin embargo, se resistía a abandonar el modelo al que estaba acostumbrado.

5. Pidió ayuda por Twitter para encontrar una raqueta descatalogada

La desesperación por encontrar su modelo favorito llegó hasta las redes sociales. El 6 de octubre de 2017, Mannarino publicó un mensaje preguntando si quedaba alguna tienda en el mundo que tuviera existencias de su raqueta Babolat, con empuñadura de talla 3 o 4.

La escena era absolutamente insólita. Hablamos de un jugador situado entre los 30 mejores del mundo pidiendo ayuda públicamente para encontrar una raqueta que ya no se fabricaba. No era una cuestión económica, sino de sensaciones. Mannarino prefería buscar hasta el último ejemplar disponible antes que cambiar el material con el que se encontraba cómodo.

6. Puede jugar cinco sets sin cambiar de raqueta

Aunque actualmente dispone de varias raquetas, Mannarino sigue teniendo una relación muy particular con ellas. En una entrevista oficial con la ATP en 2023 reconoció que puede disputar un partido entero, incluso a cinco sets, utilizando la misma.

Mientras otros profesionales cambian de raqueta cada vez que se estrenan bolas para mantener una tensión estable, el francés prefiere seguir utilizando aquella con la que mejor se siente. Explicó que suele llevar cuatro o cinco raquetas recién encordadas a sus partidos, pero que, si encuentra una con la que está cómodo, no ve necesario sustituirla.

7. Convierte la habitación del hotel en un laboratorio de raquetas

Mannarino puede parecer despreocupado por el material, pero la realidad es exactamente la contraria. Es un auténtico obsesionado con los detalles de sus raquetas. En enero de 2022, su compañero de dobles Hugo Nys explicó a L'Équipe que el francés dedica muchísimo tiempo a modificar personalmente las empuñaduras y el equilibrio de los marcos.

Según Nys, Mannarino convierte prácticamente la habitación de su hotel en un laboratorio en el que realiza pequeños ajustes hasta conseguir las sensaciones que busca. La empuñadura es especialmente importante para él. Si encuentra una raqueta que se adapta perfectamente a su mano, puede utilizarla durante todo el encuentro.

8. Ha llegado a encordar sus raquetas a solamente ocho kilos

Probablemente su peculiaridad técnica más conocida. Mientras que muchos profesionales juegan con tensiones cercanas a los 22 o 24 kilos, Mannarino ha llegado a competir con las cuerdas tensadas a únicamente ocho kilos. Lo confirmó personalmente en una entrevista con Tennis Majors en julio de 2025. Por entonces explicó que normalmente utilizaba tensiones de entre 9 y 11 kilos, dependiendo de las condiciones y del encordador.

Su explicación es que las cuerdas tan flojas producen un efecto trampolín que permite impulsar la pelota sin realizar un golpeo excesivamente potente. Para él, lejos de ser una excentricidad, es la manera de conseguir las mejores sensaciones posibles.

9. Ajusta la tensión en diferencias de solamente 200 gramos

Su obsesión por los cordajes no termina en los ocho kilos. Mannarino también es extremadamente meticuloso con los pequeños ajustes. En aquella entrevista de 2025 explicó que las máquinas de encordar no funcionan exactamente igual en todos los torneos. Por eso necesita probar las raquetas antes de decidir la tensión definitiva.

Mientras muchos jugadores realizan modificaciones de un kilo, él reconoció que suele ajustar entre 200 y 400 gramos. Una diferencia que podría parecer insignificante para cualquier aficionado, pero que resulta fundamental para su manera de golpear la pelota.

 

 

10. Pide que la última cuerda esté tensada a 20 kilos

Una de las historias más desconocidas sobre él. Aunque Mannarino utiliza una tensión extremadamente baja, solicita que la última cuerda del encordado esté tensada a 20 kilos. Lo explicó en Tennis Majors durante Wimbledon 2025. El motivo no tiene que ver directamente con su golpeo, sino con evitar que se desprenda el antivibrador de la raqueta.

Según el francés, si no realiza ese ajuste, puede perderlo cada tres juegos debido a lo flojas que están las cuerdas. Un detalle que demuestra hasta qué punto ha adaptado su material a sus necesidades particulares.

11. Puede pasar semanas sin romper un cordaje

A diferencia de otros jugadores que rompen las cuerdas con frecuencia debido a la potencia y los efectos de sus golpes, Mannarino apenas tiene ese problema. En una entrevista con Eurosport explicó que durante los entrenamientos de invierno podía pasar dos o tres semanas utilizando la misma raqueta sin romper el cordaje.

Esta circunstancia fue precisamente una de las razones por las que terminó jugando con tensiones tan bajas. Las cuerdas perdían tensión progresivamente y descubrió que se sentía cada vez más cómodo. Incluso reconoció en 2025 que en ocasiones termina rompiendo él mismo el cordaje para poder volver a encordar la raqueta.

12. Descubre quién es su rival diez minutos antes del partido

Estamos ante una de las supersticiones más famosas de Mannarino. El francés evita conocer la identidad de su siguiente adversario hasta el último momento posible. Su explicación es que, cuando sabe contra quién va a jugar, comienza a imaginar el partido y termina desgastándose mentalmente antes de entrar en la pista.

En el US Open 2025, después de derrotar a Tallon Griekspoor, reconoció que había descubierto que se enfrentaría al neerlandés apenas diez minutos antes de comenzar. Una locura. En otras ocasiones ha explicado que suele enterarse aproximadamente una hora antes del encuentro.

13. Los periodistas tienen que evitar decirle quién será su próximo rival

Esta costumbre ha provocado situaciones surrealistas en las ruedas de prensa. Antes de algunas comparecencias, los moderadores recuerdan a los periodistas que no deben mencionar el nombre del siguiente adversario de Mannarino.

Uno de los episodios más divertidos ocurrió en el Open de Australia de 2024. Después de su victoria contra Ben Shelton, varios periodistas serbios esperaban para preguntarle por su siguiente partido, contra Novak Djokovic. Cuando la organización recordó que el francés no quería conocer su rival, algunos periodistas se enfadaron porque habían estado esperando durante media hora y terminaron abandonando la sala.

Mantener en secreto la identidad del siguiente adversario no siempre resulta sencillo. Durante el Open de Australia de 2024, el conductor que trasladaba a Mannarino al recinto le deseó suerte para su encuentro contra Jaume Munar. Le arruinó su superstición. En otra ocasión, comiendo en el restaurante del torneo, vio su nombre junto al de Shelton y lo descubrió también antes de tiempo.

14. No quiere estudiar estadísticas de sus adversarios

La mayoría de los tenistas profesionales analiza patrones de saque, porcentajes y tendencias de sus rivales. Mannarino prefiere hacer exactamente lo contrario. En diciembre de 2024 explicó a Eurosport que ese tipo de información puede perjudicarle durante los momentos importantes.

Puso como ejemplo una situación en la que un entrenador le advierte de que un rival suele sacar abierto cuando afronta una bola de break. Aunque su intuición le indique otra cosa, esa información previa puede condicionarlo. Por eso prefiere confiar en su lectura del juego y reaccionar a lo que sucede en la pista, sin llegar al partido con demasiadas ideas preconcebidas.

15. Lo que lo convierte en un mal jugador de tierra batida lo hace bueno sobre hierba

La relación de Mannarino con las superficies también es muy especial. El francés ha reconocido abiertamente que detesta jugar sobre tierra batida y que tiene importantes dificultades para desplazarse sobre ella. En una entrevista con L'Équipe durante Wimbledon 2026, explicó que arrastra problemas de cadera desde joven y que cada año le cuesta más deslizarse sobre arcilla.

Aquella temporada había perdido sus ocho partidos disputados en tierra batida, pero volvió a ganar encuentros cuando llegó la hierba. Lo más interesante es que su propio estilo explica buena parte de esa diferencia. Sus golpes planos, su capacidad para aprovechar la velocidad de la pelota y su particular manera de desplazarse encajan mucho mejor con las pistas rápidas.