La gran clave de la victoria de Djokovic ante Zverev: "En eso es el mejor del circuito"
El serbio dio una lección a todos los tenistas del circuito de cómo se juega frente a Sascha Zverev. Lo del tercer set fue una masterclass.
Llegaba Novak Djokovic a este partido ante Alexander Zverev con dudas a nivel físico, puesto que sus dos primeros encuentros en el ATP de Pekín este año los había sacado a tirones y sin poder aguantar bien a nivel físico. Muchos preveían un encuentro plácido para Sascha, pero hoy Nole nos ha vuelto a demostrar que no hay que darle nunca por muerto. Lo que ha hecho hoy es una lección para el propio Zverev, pero también a sus rivales para que sepan cómo se le gana al alemán.
Su físico le permitió sostener el ritmo, responder a los intercambios y ejecutar el plan que había preparado, y a partir de ahí completó uno de sus mejores partidos del año. Djokovic ha vuelto a demostrar que si su cuerpo se lo permite, aún puede ganar a cualquiera.
Incluso se puede decir que fue uno de los encuentros tácticamente más completos de toda la temporada. Y esto tiene todavía más valor porque Zverev ha sido un rival incómodo para muchísimos jugadores durante 2026. Fuera de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, muchos de los jóvenes que han tenido que enfrentarse al alemán no han sabido encontrar una solución clara para desactivar su servicio, su potencia y su capacidad para imponer condiciones desde el fondo. Djokovic, con 39 años y muy cerca ya de los 40, volvió a enseñar cómo se hace.
Una de las principales grandes claves de Djokovic hoy ante Zverev en Pekín
Una de las grandes claves del partido estuvo en dos golpes que marcaron prácticamente todo el encuentro: el saque y el resto. Djokovic empezó de la peor manera posible, perdiendo su servicio en el primer juego, pero a partir de ahí cambió por completo el tono de sus turnos de saque.
El serbio estuvo inconmensurable con el saque, especialmente en los momentos importantes, donde volvió a demostrar una precisión y una lectura del juego extraordinarias. No necesitó sacar constantemente a velocidades altísimas, sino que eligió muy bien las direcciones, abrió pista cuando debía hacerlo y encontró primeros servicios cuando el marcador empezaba a apretar. Fue una de esas actuaciones en las que el saque de Djokovic quizá no destaque únicamente por la potencia, pero sí por la inteligencia con la que lo utiliza para construir el punto y colocarse inmediatamente en una posición favorable.
Pero, además de esto, hay una cosa que fue clave para él: el resto. Hay un dato que resume perfectamente la dimensión de lo que hizo Djokovic. Zverev terminó el segundo set metiendo 23 de 24 primeros servicios. Es decir, durante todo el parcial Novak solamente tuvo la oportunidad de enfrentarse una vez al segundo saque del alemán y, aun así, consiguió ganar el set. Esto es una auténtica barbaridad, porque Zverev posee uno de los mejores servicios del circuito y normalmente, cuando alcanza un porcentaje tan alto de primeros, su rival apenas tiene oportunidades reales de entrar en sus juegos.
Djokovic, sin embargo, encontró una forma de neutralizar esa ventaja mediante una herramienta que parece sencilla, pero que exige una sensibilidad y una comprensión enormes: bloquear el servicio.
Ahí estuvo una de las grandes lecciones del partido. En el tenis actual, muchos jugadores jóvenes intentan responder a la velocidad con todavía más velocidad. Quieren quitar tiempo desde el primer golpe, impactar fuerte la devolución y buscar una posición ofensiva desde el resto. El problema es que frente a un servicio como el de Zverev ese planteamiento puede volverse en tu contra, porque intentar golpear con tanta agresividad aumenta mucho el margen de error.
Djokovic hizo justamente lo contrario. En lugar de chocar contra la pelota, frenó el gesto, utilizó la raqueta para absorber la velocidad del saque y se limitó en muchas ocasiones a poner la pelota dentro. No necesitaba hacer daño inmediatamente, necesitaba conseguir que el punto empezara.
Ese concepto fue fundamental. Djokovic consiguió transformar muchos primeros servicios de Zverev, que normalmente deberían haberle dado al alemán una ventaja enorme, en intercambios prácticamente neutrales desde el fondo. Una vez que la devolución entraba, el punto empezaba de nuevo y ahí Novak podía utilizar toda su lectura, su defensa y su capacidad para cambiar alturas y direcciones.
Muchos de los jóvenes que han perdido este año contra Zverev harían bien en revisar este partido, porque Djokovic volvió a demostrar que el mejor resto no siempre es el que sale más rápido de la raqueta. A veces, frente a un gran servidor, la clave consiste simplemente en poner una pelota más dentro y obligarle a jugar.
La gran clave que decide el partido entre Djokovic y Zverev
Hasta ese momento, Zverev había sido relativamente fiel a la versión que hemos visto de él durante 2026. Es decir, un jugador algo más decidido, dispuesto a tomar la iniciativa y a colocarse en posiciones ofensivas con mayor frecuencia de lo habitual. Durante buena parte del encuentro se había movido en cifras de ataque cercanas al 23% o 25% de ataque, e incluso terminó el segundo set llegando al 30% según los datos de Insights, por TennisViz. Estaba entrando en pista, buscando la pelota hacia adelante y tratando de mandar.
El problema llegó cuando apareció la presión. En el tercer set, el porcentaje de ataques de Zverev cayó hasta solamente un 19%. La diferencia se aprecia todavía mejor analizando el lugar desde el que estaba golpeando la pelota. En el segundo parcial, el alemán jugó un 39% de sus golpes desde dentro de la pista. En el tercero, esa cifra se desplomó hasta el 19%. Son veinte puntos porcentuales menos y una imagen perfecta de lo que ocurrió en los momentos decisivos.
Zverev, en el tercer set ante Djokovic fue el Zverev pre-2026 y pre-dos Grand Slams. Es decir: se volvió defensivo. Siempre hemos hablado de lo que le costaba a Sascha ser agresivo ante los Top en los momentos tensos, algo que este año parecía haber cambiado. Pues hoy, ante Nole, en el momento más importante, dio un paso atrás en pista. En el set 2 golpeó un 39% de las veces dentro de pista y en el set 3 bajó a solo un 19%, según datos de @tennis_insights. Eso lo pagó caro frente a un Nole que no dudó en ir hacia adelante.
— José Morón (@jmgmoron) October 4, 2026
Zverev empezó a retroceder, dejó de buscar la pelota hacia delante y volvió a colocarse varios metros por detrás de donde había estado jugando anteriormente.
El alemán volvió a adoptar una posición defensiva precisamente cuando el partido exigía valentía. En los momentos de mayor presión reapareció ese jugador que, en demasiadas ocasiones, se aleja de la línea de fondo, espera demasiado y deja la iniciativa en manos del rival. Djokovic leyó perfectamente esa situación y decidió hacer justo lo contrario. Mientras Sascha se iba hacia atrás, Novak empezó a dar pasos hacia adelante.
El serbio terminó el tercer set atacando un 31% de las veces y, en el último juego, entendió que era el momento de apretar todavía más. Vio que Zverev estaba dudando, olió la sangre y buscó el partido.
Ahí apareció la diferencia definitiva. Djokovic no ganó únicamente porque sacara mejor, restara mejor o ejecutara mejor determinados golpes, sino porque interpretó mejor lo que estaba ocurriendo en cada fase del encuentro. Cuando Zverev sintió la presión, retrocedió. Fue el de siempre. Cuando Djokovic la detectó en su rival, avanzó. Fue más valiente, asumió la iniciativa y obligó al alemán a defender precisamente cuando más le costaba hacerlo.
Esa es una de las grandes razones por las que el serbio, incluso con 39 años, sigue siendo un jugador único. Su físico ya no le permite hacer todo lo que hacía hace cinco o diez años, pero en inteligencia, estrategia y lectura del partido continúa siendo probablemente el mejor del circuito. Pekín volvió a dejar una prueba muy clara de ello.