La idea que revolucionaría la Laver Cup
Esta última Laver ha sido de las mejores en varios años, pero una idea nueva podría cambiar el formato por completo.
Llevaba varias ediciones de la Laver Cup sin prestarle demasiada atención. La veía de lejos, consumía algún resumen y poco más. Este año, sin embargo, me ha pasado justo lo contrario. Me ha enganchado. Y no tanto por los resultados o por la trascendencia deportiva del torneo, sino por todo lo que se ha generado alrededor.
La Laver Cup sigue teniendo algo de exhibición, evidentemente. También hay mucho dinero alrededor y una estética muy pensada para vender el producto. Pero precisamente ahí está buena parte de su éxito. Entiende que el tenis actual no termina cuando acaba el punto. Y cuando tienes a Carlos Alcaraz como principal protagonista, todo resulta mucho más sencillo.
Alcaraz demuestra lo importante que es elegir bien a los jugadores en la Laver Cup
Para mí, la gran conclusión de esta edición es que la Laver Cup depende muchísimo de los tenistas que forman parte de los equipos. Alcaraz es el mejor ejemplo. No solamente aporta el nivel tenístico que se espera de uno de los mejores jugadores del mundo. También genera contenido constantemente. Tiene carisma, transmite energía, celebra los puntos de sus compañeros, habla en el banquillo, bromea, aconseja y consigue que incluso determinados momentos muertos resulten interesantes.
Este año, además, me ha gustado especialmente el buen ambiente que se ha generado alrededor de jugadores jóvenes como Mensik o Rafa Jodar. Verlos relacionarse, comentar los partidos, compartir banquillo y vivir la competición desde dentro ofrece algo que el circuito normal prácticamente nunca puede enseñar.
Normalmente vemos al tenista solo. Entra en pista, compite y se marcha. Aquí puedes conocer otra versión del jugador. Ves cómo interpreta tácticamente un partido, qué le dice a un compañero, cómo reacciona ante determinadas situaciones y cómo vive el tenis cuando no es él quien tiene la raqueta en la mano. Eso acerca muchísimo al espectador.
El formato funciona porque siempre están pasando cosas
Otro de los puntos que me gustan es el dinamismo. La competición está diseñada para que exista emoción hasta el último día y los partidos con supertiebreak en lugar de tercer set ayudan mucho a conseguirlo. Puede gustar más o menos desde una perspectiva puramente tenística, pero dentro de este producto tiene sentido.
La Laver Cup no pretende ser Wimbledon. Busca otro ritmo. Partidos rápidos, compañeros animando desde el banquillo, capitanes participando constantemente y una sensación de evento permanente. Además, a nivel de redes sociales me parece posiblemente uno de los mejores productos que tiene actualmente el tenis.
Hay contenido de absolutamente todo. Jugadores comiendo juntos, conversaciones durante los partidos, celebraciones, bromas, entrenamientos, consejos tácticos, momentos en los vestuarios o interacciones que normalmente jamás veríamos durante un torneo ATP convencional.
Eso provoca que incluso una persona que no esté viendo todos los partidos pueda estar siguiendo igualmente la competición a través de las redes. Y hoy eso resulta fundamental.
Agassi y Noah son un acierto absoluto
También me parece muy acertada la elección de los capitanes. Tener a figuras como Andre Agassi y Yannick Noah aporta muchísimo más que colocar simplemente a alguien sentado al lado de la pista. Agassi, especialmente, genera una atención brutal.
Imagínate ser un jugador joven y estar disputando un encuentro mientras uno de los mejores tenistas de la historia te está dando indicaciones tácticas desde el banquillo. Yo pagaría por vivir algo así. Además, estas conversaciones vuelven a tener ese componente que considero fundamental, ya que permiten al espectador aprender.
Cuando escuchas a antiguos campeones analizar dónde tiene que sacar un jugador, cómo debe atacar determinado golpe o qué patrón debe repetir, estás viendo tenis desde una perspectiva completamente diferente. Es entretenimiento, sí. Pero también es contenido tenístico de muchísimo valor.
Mis PROS y COSAS A MEJORAR de la Laver Cup:
✅ Jugadores como Alcaraz hacen grande este evento. Carismático, su energía traspasa la pantalla. Además de su magia en pista, te da mil momentos en el banquillo. Hay que construir los equipos en base a tenistas así.
✅ Formato… https://t.co/c6Rsg20TJe pic.twitter.com/fqpkUhPjNr— José Morón (@jmgmoron) September 27, 2026
El problema: cuando faltan estrellas, el producto se cae
Precisamente por todo esto creo que la mayor debilidad de la Laver Cup también está bastante clara. Depende demasiado de los nombres. Ha habido ediciones recientes donde el plantel no resultaba especialmente atractivo y la competición perdió muchísimo interés.
Porque si eliminas a los jugadores carismáticos, las conversaciones interesantes del banquillo y las grandes estrellas, lo que queda puede parecer simplemente una serie de partidos amistosos con una puesta en escena espectacular. Y ahí está el peligro.
Alcaraz, por ejemplo, sostiene una parte enorme del espectáculo. Sin alguien así, esta edición habría sido completamente diferente. Por eso la organización debería construir los equipos pensando no solamente en el ranking. Necesita jugadores que generen cosas. Personalidades diferentes. Tenistas que hablen, que celebren, que transmitan y que quieran participar del espectáculo.
Y ojalá algún año podamos ver juntos a Alcaraz y Sinner dentro de este formato, porque sería probablemente el escenario perfecto para explotar todavía más esa dimensión.
La gran idea para la Laver Cup: un partido de leyendas
Y aquí llego al cambio que más me gustaría ver. La Laver Cup debería incorporar un partido de leyendas. Bien presentado, con buenos nombres y colocado en un horario importante.
Porque sinceramente creo que un Federer-Roddick, Federer-Agassi, McEnroe-Borg o incluso algún hipotético Nadal-Sampras tendría muchísimo más atractivo para el público que determinados encuentros entre jugadores de segunda fila.
Evidentemente no sería tenis al máximo nivel competitivo. Pero tampoco creo que importe. La propia naturaleza de la Laver Cup permite hacer algo así. Este evento consiste en crear espectáculo, generar conversaciones y conseguir que la gente quiera sentarse delante de una televisión, uniendo a las distintas generaciones del tenis e imaginen lo que sería ver a Nadal jugando recibiendo consejo de Alcaraz, enfrentándose a Agassi o Sampras. Sería maravilloso.
Imagino perfectamente las redes sociales durante toda la semana generando contenido alrededor de Federer volviendo a coger una raqueta para enfrentarse a Roddick. O una sesión nocturna protagonizada por Agassi y otro histórico. Sería nostalgia, entretenimiento y marketing al mismo tiempo. Y posiblemente uno de los momentos más vistos del fin de semana.
La Davis también podría aprender algunas cosas
La comparación con la Copa Davis puede resultar incómoda porque son competiciones completamente diferentes, pero creo que hay algunas lecciones aprovechables.
La Davis tiene historia, importancia deportiva y un componente emocional que la Laver Cup jamás podrá replicar. Pero algunas veces transmite demasiada seriedad. La Laver Cup entiende muchísimo mejor determinados códigos del entretenimiento moderno.
No hablo de convertir la Davis en un espectáculo artificial ni de copiar formatos. Hablo de facilitar que el público vea más personalidad de los jugadores, generar contenido alrededor de ellos y conseguir que existan historias también fuera de los partidos.
Porque el tenis compite actualmente por la atención del espectador con cientos de alternativas. Ya no basta simplemente con ofrecer buenos partidos. Hay que conseguir que el público conecte con quienes los juegan y este torneo ofrece una garantía en ese sentido.