La realidad competitiva de Venus Williams empieza a resultar difícil de ignorar. La estadounidense, de 46 años, cayó por 6-3 y 6-3 ante Anastasia Potapova en la primera ronda del WTA 500 de Washington 2026, prolongando hasta 13 partidos su racha de derrotas consecutivas en individuales. Su última victoria continúa siendo la conseguida precisamente en este torneo el pasado año frente a Peyton Stearns.
Nadie puede cuestionar el derecho de una leyenda de su dimensión a prolongar su carrera mientras mantenga la ilusión. Sin embargo, desde un punto de vista estrictamente deportivo, cada vez resulta más complicado encontrar sentido a su presencia en cuadros individuales mediante invitaciones.
Venus sigue sin encontrar respuestas en individuales
Potapova expuso con claridad la enorme distancia que existe actualmente entre Venus y una tenista plenamente competitiva en el circuito. Williams ganó un notable 78,4% de los puntos disputados con primer servicio, pero apenas un 24,1% con segundos y un 20% al resto. Ni siquiera dispuso de una bola de break durante todo el encuentro.
Potapova wins the striking battle 😤
— Tennis Channel (@TennisChannel) July 29, 2026
She ends Venus Williams' D.C. run in straight sets.#MubadalaDCOpen pic.twitter.com/lSzRUlXWjS
La situación contrasta con aquella mágica noche de Washington 2025. Venus derrotó entonces a Peyton Stearns por 6-3 y 6-4, convirtiéndose, con 45 años, en la segunda mujer de mayor edad capaz de ganar un partido individual en el circuito después de Martina Navratilova.
Aquello parecía demostrar que todavía podía protagonizar alguna hazaña puntual. Un año y 13 derrotas después, la perspectiva ha cambiado.
Su competitividad en dobles y el gigantesco atractivo mediático que conserva pueden justificar plenamente que siga disfrutando del tenis profesional. Otra cuestión es si tiene sentido insistir en individuales cuando los resultados son tan contundentes. Venus Williams no tiene absolutamente nada que demostrar, pero precisamente por la dimensión de su legado empieza a ser inevitable preguntarse cuánto puede aportarle seguir exponiéndose a una realidad competitiva que parece haberla dejado definitivamente atrás.

