El Open de Australia volverá a marcar el camino de la innovación en los torneos de Grand Slam. Los organizadores han anunciado que, por primera vez, limitarán el número de Ground Pass, las entradas que permiten acceder al recinto y a las pistas secundarias, durante la edición de 2027. La medida responde a un problema cada vez más evidente en los grandes torneos: la masificación de las instalaciones durante la primera semana de competición.
En los últimos años, asistir a un Grand Slam se ha convertido en una experiencia cada vez más complicada para muchos aficionados. El crecimiento del interés por el tenis ha llenado los recintos hasta límites difíciles de gestionar, con largas colas, enormes aglomeraciones para acceder a las pistas exteriores y dificultades para disfrutar de los entrenamientos o de partidos en canchas secundarias. Melbourne quiere poner freno a esa tendencia antes de que siga agravándose.
🚨 L’OPEN D’AUSTRALIE LIMITE SES ENTRÉES POUR LA PREMIÈRE FOIS ! 🔒🇦🇺
— Univers Tennis 🎾 (@UniversTennis) July 21, 2026
L’Open d’Australie a annoncé que le nombre de Ground Pass (billets donnant accès au site et aux courts annexes) sera PLAFONNÉ chaque jour lors de l’édition 2027.
🎟️ Malgré un tarif inchangé depuis 2019 (à… pic.twitter.com/JobcDfjZvd
Una medida pionera la del Open de Australia que podría marcar tendencia
El torneo australiano mantendrá el precio de estas entradas sin cambios respecto a 2019, con tarifas desde unos 30 euros, pero reducirá el número de localidades disponibles cada jornada. El objetivo es claro: mejorar la comodidad del espectador y garantizar una experiencia de mayor calidad para quienes acudan al Melbourne Park.
La decisión no sorprende tratándose del Open de Australia, un torneo que históricamente ha liderado numerosas innovaciones organizativas y tecnológicas dentro del tenis. Los responsables del evento esperan una demanda récord para 2027 y consideran que controlar el aforo resulta imprescindible para evitar imágenes de saturación que se han repetido con frecuencia en los grandes escenarios del circuito.
La gran incógnita ahora es si otros Grand Slams seguirán el mismo camino. Roland Garros, por ejemplo, ha recibido numerosas críticas en las últimas ediciones por la enorme concentración de público durante los primeros días del torneo, una situación que ha afectado notablemente a la experiencia de muchos asistentes. Si la iniciativa australiana ofrece los resultados esperados, no sería extraño que otros eventos de máxima categoría estudien aplicar medidas similares en los próximos años. El debate entre maximizar la asistencia o priorizar la calidad de la experiencia ya está sobre la mesa, y Melbourne ha decidido mover ficha antes que nadie.

