Jannik Sinner se proclamó campeón de Wimbledon 2026 tras vencer en un exigente encuentro a un Alexander Zverev que vendió muy cara su piel. El italiano estuvo impecable al servicio y fue capaz de reponerse de la pérdida del primer set, para ganar por 6-7 (7) 7-6 (2) 6-3 6-4, cosechando así el quinto título de Grand Slam en su carrera.
Lo sucedido en los últimos nueve encuentros que mantuvieron entre sí Jannik Sinner y Alexander Zverev desvirtuó las previsiones previas a la final de Wimbledon 2026, percibiendo la mayoría del planeta tenis al italiano como gran favorito y evidente dominador de la situación. Sin embargo, la vida del germano ha cambiado y no iba a estar dispuesto a pasar desapercibido por la Pista Central del All England Lawn Tennis Club. La batalla tuvo numerosos tomas y dacas que engrandecieron este deporte y superaron las expectativas de los más optimistas.
En los compases iniciales del primer set pudo apreciarse cómo Zverev saltó a la pista con una premisa clara: imponer un ritmo muy alto de fondo de pista, ser tremendamente agresivo con su derecha y quitar tiempo a su rival para impedir que mandara desde el fondo de la pista. Lo consiguió amparado en un saque esplendoroso y con la poderosa sensación de ser él quien tenía un punto extra de intensidad y mordiente en sus tiros. Jannik aguantó el envite con un saque que más que un argumento era un salvavidas, pero se encontró con una bola de rotura en el octavo juego.

Fue ahí cuando se apreció que no estaba con el colmillo afilado, como es costumbre, y que Sascha no se iba a arrugar. Levantó la situación con solvencia y condujo el parcial a un tiebreak en el que el nivel de servicio de ambos fue estratosférico. Sinner se sacaba la tensión de encima con algún golpe tan mágico como poco convincente a nivel táctico, mientras que Zverev mostraba una férrea determinación por aprovechar cualquier mínimo resquicio. Lo hizo con maestría para ponerse con ventaja y hacer saltar las alarmas en el número 1 del mundo.
Sinner mejoró sus prestaciones al resto cuando se metió en pista con el segundo saque de Zverev
Se preveía una reacción encorajinada del italiano en la segunda manga, pero fue progresiva y construyendo los cimientos por medio de su saque. Su primer servicio fue descomunal (18/21 puntos con el primero), adormeciendo los aires de rebelión de un Sascha que seguía empujando y mostrando gran solidez en sus turnos de saque. Todo ello derivó en otro tiebreak, después de que ninguno de los dos dispusiera de una sola pelota de rotura. En la muerte súbita sí emergieron los intangibles de leyenda de un Sinner mucho más veloz de piernas y de mente.
Duro varapalo a nivel anímico el que se llevó Zverev con esa resolución. Tanto es así, que se vio al alemán desde el inicio del tercer pacial algo falto de energía. A pesar de ello, un despiste del italiano en el séptimo juego provocó que Sascha se encontrara con una opción de rotura, resuelta con maestría por parte del número 1 del mundo. Supuso eso la catapulta definitiva para que el tenis en tendencia al alza de Sinner encontrara la materialización en el marcador. Atrapado con su servicio y carente de clarividencia en sus golpes, Zverev entregó su servicio en el octavo juego.

Muchos pensarían que, después de ese desenlace, el cuarto set sería un paseo militar para Jannik, pero nada más lejos de la realidad. Aguantó el tipo Zverev, volvió a conectarse con el saque y a encontrar la manera de ser agresivo en todos sus tiros y sostener el exigente ritmo de fondo de pista marcado por su contrincante. Sin embargo, Jannik mostraba una determinación mucho mayor en sus tiros, sabiendo dónde ubicarse en todo momento, haciendo una lectura magnífica de cada situación de partido y sabiéndose con la manija del encuentro.
Jannik Sinner y una estadística increíble; no cedió su saque y terminó con 55 golpes ganadores y solo 25 errores no forzados
Cayó el break como fruta madura del árbol. Fue en el séptimo juego, con dudas evidentes de Zverev cada vez que se establecía un intercambio de fondo de pista y la sensación de que todas sus propuestas se topaban con un Sinner que volaba por la pista y se deslizaba sobre el tapete londinense como si fuera la nieve alpina sobre la que destacó de niño como esquiador. Golpe sobre la mesa para el que no tuvo respuesta un Alexander Zverev que no tiene nada que reprocharse, pero sí una agridulce sensación de seguir estando un peldaño por debajo de su rival.
Suma Jannik Sinner el quinto título de Grand Slam en su palmarés, engrandeciendo su leyenda, redimiéndose por lo sucedido en París y reivindicando su hegemonía en el tenis mundial cuando no está Alcaraz. Wimbledon 2026 tiene dueño, con un rey que revalida su corona y que apunta a hacer historia en esta superficie. Merece todo tipo de loas el tenista italiano, quien se fija ya la meta del US Open para redondear una temporada memorable, que no debería verse empañada por el episodio rocambolesco de Roland Garros. Solo queda disfrutar de su tenis.

