Jannik Sinner se abre como nunca: dopaje, Alcaraz, familia y la mentalidad que le ha llevado a dominar el tenis

El italiano hace confesiones muy inesperadas sobre aspectos de su vida personal y carrera profesional, dedicando un capítulo concreto a su rivalidad y relación con Alcaraz.

Diego Jiménez Rubio | 29 Jun 2026 | 09.23
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Jannik Sinner, confesiones íntimas en Wimbledon. Foto: gettyimages
Jannik Sinner, confesiones íntimas en Wimbledon. Foto: gettyimages

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Jannik Sinner afronta Wimbledon 2026 como vigente campeón y número uno del mundo. En una entrevista concedida a The Telegraph, el italiano ha mostrado una versión íntima de sí mismo, reflexionando sobre el episodio del positivo por contaminación, su rivalidad con Carlos Alcaraz, la importancia de la familia, su forma de entender el éxito y las claves que le han permitido alcanzar un nivel que parece estar varios escalones por encima del resto.

Más allá de los títulos y los récords, la conversación dibuja el retrato de un deportista obsesionado con la mejora constante, tremendamente equilibrado fuera de la pista y convencido de que todavía está lejos de haber alcanzado su techo. Quizá ahí resida una de las principales razones por las que Jannik Sinner, con apenas 24 años, se ha convertido en la referencia absoluta del tenis masculino.

Sinner desvela qué aprendió tras su positivo por dopaje

El momento más delicado de la entrevista llega inevitablemente al hablar de la sanción de tres meses que cumplió en 2025 tras su positivo por contaminación accidental. Aunque siempre defendió su inocencia y terminó regresando incluso más fuerte que antes, Sinner reconoce que aquel episodio cambió parte de su forma de entender la vida.

"Me di cuenta de que también existe una vida fuera de la pista. Pasé mucho tiempo con mi familia y con mi padre. Después trabajé muy duro para volver al nivel que tenía, pero descubrí otras cosas", explicó.

Lejos de guardar rencor por todo lo ocurrido, el italiano asegura que aquella pausa terminó enseñándole una lección que probablemente nunca habría aprendido compitiendo semana tras semana. "Sí y no me hizo mejor jugador. Fue bueno alejarme un poco del tenis. Me hizo comprender que entrenar es importante, pero pasar tiempo con mi familia también lo es, porque las cosas pueden cambiar muy rápido".

La reflexión resulta especialmente significativa tratándose de un jugador cuya carrera parece construida alrededor de la disciplina y la mejora continua. Sinner admite que durante esos meses descubrió que su felicidad no depende exclusivamente del tenis y que existe una vida igual de valiosa cuando se apagan los focos del circuito.

Su rivalidad con Carlos Alcaraz: amistad, respeto... y la certeza de que llegarán más

Resulta imposible hablar del presente del tenis sin mencionar a Carlos Alcaraz. Entre ambos han monopolizado los grandes títulos de las últimas temporadas y protagonizan una rivalidad que muchos consideran la heredera natural de la era de Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic.

Sin embargo, Sinner evita dramatizar esa competencia y la contempla desde una perspectiva mucho más natural. "Carlos es un amigo, pero también un rival. Creo que las rivalidades también pueden convertirse en buenas amistades. Hay rivalidades sanas y pienso que nosotros tenemos una". El italiano tampoco cree que el circuito vaya a reducirse únicamente a ese duelo durante los próximos años.

Jannik Sinner, rivalidad con Alcaraz. Foto: gettyimages

"En algún momento aparecerá alguien más. Sé que las cosas cambian muy rápido. Yo intento centrarme únicamente en hacer mi trabajo y controlar aquello que depende de mí".

Esa respuesta resume perfectamente una de las grandes virtudes mentales del número uno del mundo. Mientras el exterior insiste constantemente en comparar generaciones, proyectar récords o alimentar debates históricos, Sinner continúa viviendo exclusivamente en el presente.

El secreto de Sinner para explicar su dominio: trabajo, paciencia y una mejora constante

Aunque desde fuera pueda parecer que atraviesa un momento prácticamente perfecto, Sinner insiste en que todo lo que está consiguiendo responde a una lógica muy sencilla. "Tengo una teoría: todo lo que ocurre ahora es consecuencia del trabajo que hiciste hace cinco o seis meses. Si continúas trabajando, simplemente te conviertes en un mejor jugador. Ver estos resultados me hace feliz porque sé todo lo que he sacrificado".

No habla de talento ni de inspiración. Habla de procesos. Esa forma de entender el alto rendimiento explica por qué apenas ha dejado fisuras durante la última temporada y media, convirtiéndose en el primer jugador capaz de conquistar cinco Masters 1000 consecutivos y estableciendo una distancia enorme respecto al resto del circuito.

Sin embargo, sorprende comprobar que, pese a dominar el ranking con autoridad, sigue pensando mucho más en lo que le falta que en todo lo que ya ha conseguido. "Con 24 años no puedes ser perfecto. Tengo un gran equipo alrededor y todavía hay pequeños detalles que podemos mejorar".

Esa búsqueda permanente del progreso también se aprecia en la evolución de su tenis. El propio Sinner recuerda que desde adolescente siempre tuvo claro cuál quería que fuera su identidad sobre la pista. "Siempre intentaba jugar agresivo. Prefería perder un punto fallando un golpe ganador antes que esperar a que el rival cometiera un error. Así he sido siempre".

La diferencia es que hoy esa agresividad convive con una disciplina táctica extraordinaria, una selección de golpes mucho más madura y una capacidad física que le permite mantener ese nivel durante horas. Su tenis continúa siendo ofensivo, pero ahora también es mucho más eficiente y difícil de desactivar.

Jannik Sinner quiere construir un legado eterno como tenista

Con apenas 24 años, resulta inevitable preguntarle por el legado que desea dejar cuando termine su carrera. Su respuesta vuelve a alejarse del discurso habitual de las grandes estrellas. "No juego por los récords. Juego para mí mismo". Sinner explica que nunca ha construido su motivación alrededor de cifras concretas ni de comparaciones históricas.

"Me gusta ser el mejor, pero lo único que quiero conseguir es que, cuando termine mi carrera, pueda decir que hice absolutamente todo lo posible para convertirme en el mejor jugador que podía ser". Incluso cuando le plantean qué sentiría si tuviera que retirarse hoy mismo, responde con una serenidad poco común.

"Sería muy feliz. Después del tenis habrá un nuevo capítulo. Conociéndome, probablemente no estará relacionado con este deporte. Me gustaría hacer cosas diferentes". La respuesta ayuda a entender por qué la presión parece afectar tan poco al italiano. Su identidad no depende exclusivamente del tenis y eso le permite competir con una tranquilidad difícil de encontrar incluso entre los grandes campeones.

Sinner desvela sus grandes aficiones y estilo de vida más allá del tenis

Quizá el apartado más revelador de la entrevista sea el que muestra cómo es Sinner cuando deja la raqueta. El italiano reconoce que el mejor premio después de una gran semana de competición no es otro que darse un homenaje con la comida. "Tengo debilidad por los dulces. Lo más importante para mí es el postre: mucho helado y muchas tartas".

Sinner habla de su estilo de vida. Foto: gettyimages

Eso sí, sorprende una de sus confesiones alimenticias. "No me gusta demasiado el sabor del alcohol. Prefiero una Coca-Cola Zero. Aunque alguna vez sí tomo un poco de champán o vino blanco". La importancia de la familia aparece constantemente durante la conversación. Sus padres continúan trabajando en el negocio familiar pese a que su hijo ya ha superado los 60 millones de dólares en premios deportivos, una circunstancia que Sinner considera completamente normal.

"¿Recompensarles? Creo que el mejor regalo es simplemente pasar tiempo juntos. Ir a cenar, dar un paseo o comer en familia. Para nosotros el dinero siempre ha sido algo secundario".

Fuera del tenis también mantiene pasiones que le acompañan desde niño. Es un gran aficionado a la Fórmula 1 —de pequeño soñaba incluso con convertirse en piloto— y sigue cada Gran Premio siempre que el calendario se lo permite. También disfruta cocinando, prepara su propio tiramisú y lleva una vida sorprendentemente discreta en Montecarlo, donde intenta escapar del foco mediático siempre que encuentra un momento libre.

Todo ello contribuye a dibujar una imagen muy distinta de la que muchas veces transmite sobre la pista. Detrás del competidor implacable existe una persona que valora la normalidad, el tiempo con los suyos y una rutina sencilla como herramientas imprescindibles para sostener el enorme nivel competitivo que exhibe cada semana.

Quizá esa sea la conclusión más interesante de toda la entrevista. Mientras el mundo del tenis intenta descubrir cómo frenar a Jannik Sinner, él sigue convencido de que todavía puede mejorar. Y esa mentalidad, unida a un equilibrio personal que parece cada vez más sólido, explica mejor que cualquier estadística por qué hoy ocupa un lugar privilegiado en la cima del deporte.