Antonio Martínez Cascales ha sido -y todavía es- una de las figuras más influyentes del tenis español contemporáneo, un formador cuya huella va mucho más allá de los resultados y que ha sido clave en la construcción de varias generaciones de jugadores. Sin él, el tenis actual en nuestro país no sería el mismo. Pronto, cumplirá 50 años dedicados en exclusiva al tenis. Toda una vida dedicada en cuerpo y alma a la que sigue considerando su gran pasión.
Toni, como le llaman sus más allegados, comenzó su andadura en el tenis allá por finales de los 60. Sus tíos construyeron una pista de tenis casera en una granja que tenía su padre. Compraron un par de raquetas y comenzaron a jugar, impulsados por el éxito de Manolo Santana, que sirvió de ejemplo para muchos jóvenes de la época.
Cascales tenía solo 8 añitos cuando nació su amor por el tenis, jugando en la granja de su padre con sus tíos. Poco a poco fue jugando en diversos sitios, impulsados por las primeras pistas de tenis que se fueron creando en Villena, cuando el verano en el que cumplió 18 años, unos padres le dijeron a Toni si podía entrenar a sus hijos, viendo que a él se le daba bien el tenis. Fue un precursor, cuando todavía no había escuelas de tenis en Villena.
En 1980, con 20 años, Cascales creó una pequeña escuela en el club donde entrenaba, centrada en la formación de jóvenes talentos, y es ahí donde su figura como entrenador empieza a crecer dentro de la Comunidad Valenciana. Su salto llegó realmente en 1990, cuando decidió crear su propia academia en Villena, la Equelite, hoy considerada una de las mejores del mundo.
Juan Carlos Ferrero, la persona que marca un antes y un después
El punto de inflexión en el devenir profesional de Toni y de su academia llega cuando conoce a un niño de 10 añitos, que se llamaba Juan Carlos Ferrero. Todavía no lo sabían, pero tanto uno como otro iban a conocer a la persona que les iba a cambiar la vida tanto en lo personal como en lo profesional.
“Recuerdo perfectamente el día en el que lo conocí”, nos cuenta Cascales. “Era una noche de septiembre, del año 90. Yo ya había escuchado de él, pero todavía no lo había visto jugar. Su padre lo trajo a la escuela, porque en la Federación le dijeron que esta academia era la mejor que había en la zona. Enseguida que le vi jugar detecté que tenía algo diferente. Jugaba muy bien”, añade.
Si algo caracteriza a Toni y su academia es el trato cercano y amigable. Allí, apartados del ruido de la ciudad, todo se vuelve más íntimo. Quienes disfrutan de la tranquilidad se sienten como en casa. Juan Carlos, que es una persona muy tranquila, enseguida disfrutó de las excursiones, las acampadas y el buen rollo que se respiraba en la academia, algo que le hizo quedarse allí y no irse a Barcelona, como la gran mayoría de chicos jóvenes que despuntaban en la época.
Toni intentó replicar en esos primeros años las condiciones que se daban en otras academias mayores. Controlar lo que comían, que pudieran dormir a gusto, hacer actividades, que se relacionasen entre ellos, pero respirando tenis a cada paso. Con su propio coche, Toni llevaba a los chicos que tenía entonces, que apenas eran unos pocos, a diversos entrenos a Marbella o a Barcelona para tratar las lesiones junto al doctor Cotorro.
Ferrero empezó a dar sus pinitos en el circuito ATP, acompañado de Cascales, y pronto empezaron a despuntar. “Yo sabía que Juan Carlos iba a ser profesional. Top 100 o Top 50, pero cuando cumple 18 años ahí me di cuenta que iba a ser muy bueno”, confiesa. Juntos, llegaron hasta el número 1 del mundo y a ganar Roland Garros.
La academia creció en paralelo al éxito de Juan Carlos y Toni. Evolucionó de unas instalaciones básicas con dos pistas a un complejo de alto rendimiento por el que han pasado decenas de profesionales, porque Toni no solo formó a Ferrero, sino que instauró una filosofía basada en el trabajo constante, la disciplina y la formación integral del jugador.
Multitud de grandes tenistas han sido formados en la academia
Personas que hoy han sido y son grandes tenistas crecieron bajo el ala de Antonio Martínez Cascales. Por ejemplo, alguien que hoy está muy de moda como Samuel López, actual entrenador de Carlos Alcaraz. “De Samu solo puedo decir cosas buenas. Es muy buena persona. Alguien muy cariñoso, muy afable, muy cercano”, destaca Toni de Samu.
También entrenó en la academia alguien como David Ferrer. El alicantino estuvo poco tiempo, menos de un año, pero su presencia allí le dejó huella. “David llegó un tanto desencantado con su trabajo en Barcelona, y aquí se puso las pilas con nosotros. Estuvo poco tiempo, pero se fue con las pilas bien cargadas a nivel de trabajo”, nos cuenta Toni, que nos habla de alguien que también fue muy destacada y que se pasó por la academia, como Maria Sharapova.
“Ella venía a preparar siempre la gira de tierra. Vino desde 2004 hasta 2012. De hecho, ese último año ganó Roland Garros y volvió al número 1. El lunes siguiente a su triunfo, hicimos aquí una fiesta con 70-80 personas, donde ella estuvo presente”, recuerda Toni, que habla de lo bien que se integró Maria allí. “Aquí se sentía muy cómoda, alejada de los focos que tenía cuando iba a Nueva York o Los Angeles. Jugaba a las cartas con los niños… ella lo agradecía mucho. Recuerdo a su padre, plantado a las 10 de la noche a la puerta de la cafetería para que se fuera a dormir y dejara de jugar a las cartas con los pequeños”, cuenta entre risas.
“Hay una anécdota muy curiosa con ella, porque al principio le costaba la tierra batida y un día entrenó con James Ward y este le metió 6-1. Ella se fue llorando de la pista y mi sobrino, que entonces tenía 7 años, se acercó y le dijo que no llorase, que ella era la mejor. Maria siempre le traía regalos a mi sobrino”, cuenta con nostalgia.
Carlos Alcaraz, el gran boom mediático de la academia
Todo esto pasó en una época sin redes sociales y sin el altavoz que supone lo que se cuenta siempre por internet. El nacimiento a nivel tenístico de Carlos Alcaraz es lo que termina de impulsar a la academia Equelite, que luego pasaría a llamarse Ferrero Tennis Academy, ya que en esta academia es la primera del mundo en crear a dos números 1 a nivel ATP.
Carlitos llegó con 15 años, cuando Albert Molina lo trajo a la academia, buscando un paso más en su etapa de crecimiento. Allí, Ferrero, que ya era parte de la academia como entrenador principal, le echa el ojo y se queda prendado de él.
Juan Carlos venía de entrenar a Alexander Zverev y tenía encima de la mesa varias ofertas del Top 10, pero ese chavalín de Murcia le hizo cambiar de planes. Lo dejó todo para empezar con él. Dejó los grandes hoteles, los aviones privados y los coches de lujo por el tenis más humilde, viajar por carretera y disputar torneos menores en sitios más pequeños.
Cascales también formó parte del desarrollo de Carlitos, llegando incluso a acompañar a Alcaraz en algunos torneos en sus primeros años en el circuito. “La irrupción de Carlos no nos cambió en nada respecto a lo que somos en la academia. Seguimos siendo los mismos, solo que ahora nos viene mucha gente que quiere seguir los pasos que dio Alcaraz”, revela.
De esta manera, la trayectoria de Toni conecta dos épocas doradas del tenis español, la que formó a Ferrero y la de Alcaraz. Así pues, el legado de Cascales no solo se limita a los títulos, sino a la creación de una fábrica de campeones y números 1, con una filosofía de trabajo especial y única, con un trato cercano que solo se da en este pequeño rincón de España en relación con otras partes del mundo.
Tenistas como los mencionados, así como otros de la talla de Pablo Carreño, Emilio Nava, Mayar Sheriff o Bu Yunchaokete también han crecido en esta academia, que seguro verá a nuevos talentos surgir con el paso de los años. “Me siento orgulloso de ver que hay profesionales que son lo que son gracias a lo que hemos hecho aquí. Cuando te apasiona algo puedes conseguir cualquier cosa. Eso es lo que siempre he intentado transmitir”, reflexiona Toni.
Echando la vista atrás, mira con orgullo todo lo conseguido y lo que ha aportado a tanta gente importante dentro del mundo del tenis hoy. “El recuerdo más bonito que tengo en estos 50 años es cuando el pasado mes de diciembre, hicimos un reconocimiento a Ferrero en la academia y las 190 personas presentes estuvieron 6-7 minutos aplaudiéndole sin parar. Tuvo él que pararlos varias veces. Cuando vi la cara de la gente eso me causó mucha emoción”, concluye Toni.

